A 70 kilómetros de Logroño y
881 metros de altitud, en la subcomarca del Alto Najerilla. Su término
municipal -de 65,5 kilómetros cuadrados-presenta un relieve muy
acusado, surcado por el río Najerilla y por los afluentes Frío,
Urbión y Hormazal. Cumbres, montes cubiertos por pastos -con
huellas de antiguos robledales- y estrechos valles forman un paisaje
de belleza abrupta.
La población, dedicada a la ganadería y a la explotación
forestal, ha disminuido a lo largo del siglo: eran 400 habitantes en
el año 1900, 309 en 1950 y 148 en 1991.
La huella de
los indianos ha quedado impresa en esta hermosa localidad. Numerosas
casas palaciegas, situadas al borde de la carretera, contrastan con
las construcciones de mampostería de los ganaderos, más sencillas
pero de similar belleza. Su distribución a lo largo del río Urbión,
afluente del Najerilla que nace en una laguna natural en la Sierra
de Urbión, consigue del municipio un amplio espacio ideal para
pasear por sus calles empedradas, salpicadas de huertas y de bancos
de piedra. Toda la vega del río es de gran belleza.
Su historia es
apasionante. El hallazgo de tumbas y una estela visigótica apuntan
a la antiguedad de la fundación de esta villa, conocida como Lutia
en época romana.
De su patrimonio artístico destaca la Iglesia Parroquial de la
Asunción, un sólido edificio de piedra rojiza, y las ermitas de la
Soledad, de San Millán y de Santiago. En esta última, se firmaron
el pergamino de constitución de la antigua Confederación de las
Cinco Villas y Valle de Canales y los estatutos del actual Colectivo
de las Siete Villas-Alto Najerilla.