logotipo

img_google

4-10-01

Al hilo de los artículos de Oriana Fallaci ..........

(“La rabia y el orgullo”, “Los hijos de Alá” y “Mi patria, mi Italia”).

 

Desde luego estos artículos están dictados desde “la rabia y el orgullo”, que, dicho sea de paso, bienvenidas sean en ciertas ocasiones, y que, por otra parte, dada su experiencia vital, es fácilmente comprensible. Por la construcción del mismo en algunos momentos da la impresión de ser una réplica precipitada ante lo que llama reacciones de estúpidos (sobre todo intelectuales y seudo-intelectuales). Y me pregunto como se le ha podido ir la “olla” en algunos puntos (resaltar tantas “virtudes” de América –que no dudo que tiene algunas y muchas- y obviar tantos otros “pecados”), a una mujer tan lúcida; a pesar de todo tiendo a ser más comprensiva con su “desmesura” que con las reacciones de esos que llama estúpidos. Trataré de explicarme:

Lo que me ha impactado de sus artículos es lo siguiente: “¿Qué sentido tiene respetar a quien no nos respeta?... Yo quiero defender nuestra cultura y les informo que Dante me gusta más que Omar Khayan”[1].  “... porque a mí me fastidia hablar incluso de dos culturas”[2]. “En el mundo hay sitio para todos, digo yo. En su casa, cada cual hace lo que quiere... Pero si me pretenden imponer todas esas cosa a mí, en mi casa...” [3]. Y esta es la parte que realmente me interesa del texto porque creo que da de lleno en una diana en torno a la cual circulan muchos tópicos, muchos enunciados “políticamente correctos” y mucho encubrimiento. Oriana se atreve a proclamar que la cultura occidental es superior a la islámica, es decir, considera que las culturas son conmensurables y que se pueden juzgar, baremar y clasificar (superior, inferior...), y lo son porque se aproxima a ellas desde un patrón de medida que no es otro que los siguientes principios: Libertad e igualdad (En un momento incluso pone en duda la existencia de dos culturas –“Porque a mí me fastidia incluso hablar de dos culturas”-, sugiriendo que le quitaría a la islámica el calificativo de tal); libertad e igualdad que además son legados del propio Occidente y que quizá por ello algunos estarían dispuestos a acusarla-me de etnocentrismo y parcialidad.

Pues bien, y aunque con matices, me alineo con ella, porque creo que todas las declaraciones de los derechos humanos (por mucho que en todas partes sean muchas veces eso, meras declaraciones) deben constituir el canon desde el cual medir y juzgar; y desde esta posición me atrevo a asentir con ella y afirmar que la cultura islámica es mucho más despreciable que la occidental, por muchos traspiés en los que en el pasado y en el presente haya incurrido ésta última. Pero desde una posición crítica hacia la Hª de Occidente, siendo consciente de las atrocidades cometidas por el imperio de turno, me alío con la bandera de la libertad y de la igualdad. Y desde ahí creo que un musulmán que somete a sus mujeres -que es en lo que me apetece incidir ahora- a tales y tales atrocidades (para qué repetirlas), que..., que... no “vale” lo mismo que un occidental; jamás diré que los valoro por igual, que los respeto por igual. No, al primero ni lo tolero ni lo respeto, ni quiero respetarlo jamás; y mi intención será protestar para intentar incidir en las conductas que no me gustan, y ahora mismo me disgusta especialmente la islámica; y esta actitud no es racista –no está poniendo en cuestión una raza sino una cultura-, ni xenófoba –no está provocada ni responde a la presencia de extranjeros en nuestros lares, aunque algo tenga que ver con ello, a los que supuestamente pudiese rechazar-, ni tiene porque abrir las puertas a cualquier otra forma de holocausto. Es el problema del INTERCULTURALISMO. Y YO NO RESPETO ALGUNOS VALORES DE LA CULTURA ISLÁMICA QUE, DESDE LOS APRIORI ANTES CITADOS, NO COMPARTO. Y ME ALEGRO DE ELLO. Y desde ahí exclamo:

-No a las ablaciones de clítoris a las que someten a las mujeres musulmanas. Perseguir con los instrumentos existentes y abogar por la creación de los que sean precisos para perseguir a los que protagonizan o consienten estas practicas atroces en Occidente.

-No a la obligación impuesta por los musulmanes relativa a la vestimenta de “sus” mujeres. Ídem en Occidente.

-No a los contratos matrimoniales de compra-venta acordados por los pater-familias. Ídem en Occidente.

-No a la condición en general de la mujer musulmana. Ídem en Occidente.

-No a la homofobia: Amnistía Internacional, en su informe de 1998, enumera 83 países en los que la homosexualidad está condenada en forma explícita en el código penal. De ellos, 26 son musulmanes. Luego la mayoría de los países musulmanes considera ilegal el lesbianismo. Los siete países que aplican la pena de muerte a las personas sospechosas de actos homosexuales, justifican el castigo a través de la shari'a (Afganistán, Arabia Saudita, Irán, Mauritania, Sudán, Yemen y Chechenia). “¿Por qué las fuerzas fundamentalistas centran su atención en la sexualidad? Es que las personas que hacen opciones individuales parecen plantear un desafío: la autonomía, y especialmente la autonomía de la mujer, es una amenaza” [4]

-........ (me he cansado, no estoy ciertamente inspirada, pero continuaré, lo dejo para otro día).

Porque ya basta de RELATIVISMO CULTURAL y de cierto postmodernismo. Desde los parámetros y el legado antes reseñado de la cultura occidental hay que gritar un No activo a estas “costumbres” y a los valores en los que se sustentan. Y cuidado con los “intelectuales progres” y su machismo encubierto, es el más peligroso.

 

Bravo por Oriana Fallaci que ha desatado la polémica.

Y retomando los acontecimientos (y secuelas) que han propiciado todo esto, acabar confesando públicamente que además de no tolerar ni respetar todo lo anteriormente expuesto y otras cosas no confesadas -porque la casa me controla el espacio cedido-, debo añadir al listado que, a veces, me sorprendo a mi misma, para que ocultarlo, ante algunos de los problemas reseñados por Oriana, manifestado reacciones que no son de recibo en público; y es que nos desbordan tantos y tan novedosos acontecimiento ligados a este choque entre dos culturas que según Oriana se manifiesta como una nueva cruzada al revés (¿me he escusado correctamente?).

La casa me ha recomendado ser prudente y ajustarme a lo políticamente correcto, so pena de censurarme, y yo obedezco: Así que, ¿cómo comernos este choque entre dos culturas recubierto bajo el manto de la religión, según Oriana? Se me ocurre así sobre la marcha:

-Primero recurrir al mecanismo de la negación, por eso de que negando la existencia de un problema soñamos con resolverlo. Ilusa e hija de mis tiempos que soy yo.

-Evitar en lo posible la tentación de meter en el mismo saco –el del integrismo islámico-terrorista- a todos los musulmanes; Aunque, eso sí, pocos se libran de estar embadurnados por lo que su propia cultura destila (y con respecto a esto último cómo se percibe que, al fin y al cabo, somos sus hermanos gemelos).

-Me atenazó el temor de que nuestros actuales “emperadores” les replicasen con una contracruzada, que sin lugar a dudas sería la definitiva, la triunfadora y probablemente devastadora –acabando con todos-. Pero debo admitir que el tonto del Boss Bush me ha sorprendido por su contención, por su búsqueda del consenso internacional, por los indicios relativos a una modificación de la política proisraelí. En algo tendremos que agradecer su falta de originalidad, de ideas, al recurrir para formar gobierno a las rentas de su padre, hombres más curtidos por lo que parece, y además dejarse conducir por ellos. Estar al loro de los pasos que den pues...

-Activar en serio la política de ganar para Occidente a los políticos musulmanes moderados, negociando de verdad: Sí acatáis los derechos humanos ayudaremos de verdad al “Sur”, para que podáis vivir en vuestra tierra y evitemos de paso las migraciones descontroladas que tan funestas consecuencias pueden acarrearnos a todos. Echar cables a los países musulmanes moderados para que sin renunciar a sus tradiciones (al menos las que sean compatibles... ¡Cuidado!) abracen y respeten las cartas de los derechos humanos. Y en este sentido discrepo con Oriana cuando ésta afirma: “En su casa, cada cual hace lo que quiere”. No, en estos tiempos, hay que abogar por una justicia cada día más internacionalizada, por una justicia a la que no se le cierren las puertas apelando a eso que se da en llamar, y que vete tú a saber en que consiste en estos tiempos de la globalización, las soberanías nacionales.

-Confiar que lo sucedido tiene una lectura positiva: Ha sacado a la palestra problemas que no queríamos ver, que enfocábamos según intereses más o menos perversos.

¿Amanecen nuevos tiempos? Quiero confiar en que así es. De lo que sí estoy segura es de que vivimos tiempos cruciales en los que todo debe estar abierto a revisión, sin miedos[5] Me atrevería a decir que, para mí, es el momento histórico más alucinante –no se me ocurre otro término- que me ha tocado vivir.

Io, una usuaria preocupada, agradece a Anne esta oportunidad que me ha brindado de expresarme.


[1] Primera parte, pag. 10

 

[2]Segunda parte, pag. 1.

 

[3]Segunda parte, pag. 2.

 

[4]Anissa Hélie en http://www.lolapress.org/elec2/artspanish/heli_s.htm

 

[5] Aunque, debo añadir que desde el día siete estoy, atolondrada y asustada, acumulando víveres y otros útiles de primera necesidad para disponerme a ingresar en el bunker que, una que es previsora, mandé construir en los sótanos de mi casa. No invito a nadie, no sé cuanto tiempo me veré forzada a permanecer en él y en estas circunstancias: ¿Para qué aparentar ser bondadosa? ¿Dónde podría adquirir mascaras antigas fiables? Que os vaya bien y que tengáis suerte (he incordiado a Anne para que hoy, día diez,  me introduzca estas observaciones). Gracias de nuevo Anne)

 

Inicio -Home

Informacion Relatos Fotos Enlaces Chat en irc
E-mail me...........................