| Belén, amiga mía... |
Una casa fría, al sur de algún país perdido, allí me encontraba yo, flotando en un mar de dudas, pensando si era cierto tu amor.
Siempre había pensado en mujeres, pero nunca pude comprobar el placer de besar a una chica hasta que a tí te besé.
Todo empezó casi sin darme cuenta, te conocía de vista, nos saludabamos cada día de camino y vuelta al trabajo, yo nunca te miré como algo más, aunque apareciste en algún sueño que solía recordar.
Era una mañana lluviosa, a finales de noviembre, yo salía del trabajo al igual que ella, solo que éste día nos dijimos algo más que un simple "hola", empezamos a hablar como si fueramos amigas de toda la vida; me propuso ir con ella a su casa a tomar un café, yo acepté muy agradecida a la vez que sorprendida; allí estaba yo, delante de la puerta, esperando entrar en la intimidad de su casa, atravesamos la puerta casi a la vez, nos mirábamos continuamente, el tema de conversación no era nada atractivo, hablábamos de trabajo y de esa lluvia que caía...
Belén (así se llama) empezó a buscar una película en un armario lleno de cintas, a la vez que me preguntaba: "¿te importa si pongo una peli?", yo contesté que no, por supuesto, y puso una que no conocía, pero que pronto pude darme cuenta de qué trataba: eran dos chicas, compaéras de clase, que terminan siendo pareja, ella me preguntó que qué opinaba del tema de la homosexualidad, a lo que respondí que lo veo muy bien, que cada uno es como es y que hay que hacer lo que el corazón te pida, ella asintió diciendo que opinaba lo mismo, sirvió el cafe, encendió la chimenea y se sentó a mi lado en el sofá, yo me sentía nerviosa y sabía que ella lo notaba, la película empezaba a tratar con más profundidad el tema homosexual y nuestras miradas se cruzaban cada vez más.
Belén paso su brazo por encima de mis hombros a la vez que me decía que le caía muy bien, yo le dije que ella también a mi, que me sentía a gusto con ella, entonces Belén se lanzo a darme un beso en la mejilla, por el calor que sentí pude darme cuenta de que me puse completamente colorada, nos quedamos mirándonos y poco a poco nos acercamos para fundirnos en un beso, no quería que acabara nunca aquel beso, le abracé y ella pasó a sentarse sobre mi, juntaba su cuerpo con el mio, cada vez más cerca, hasta rozar sus pechos con los mios, ambas estábamos muy excitadas, empezamos a quitarnos la ropa la una a la otra, hasta quedar solo con la ropa interior, ella bajaba desde mis labios a besar mi cuello y de ahí a los pechos, me quitó el sujetador y me besaba por todas partes, poco a poco fue bajando hasta quitarme las bragas y siguió besandome, yo nunca había sentido nada igual y llevé su boca a mi entrepierna, ella me miraba y sonreía ante tal gesto, pues hasta ese momento yo no me había lanzado a expresar lo que sentía, empezó a besarme, sacó su lengua y mi cuerpo se extremeció, gemí de gusto hasta llegar al punto de máxima excitación, entonces ella se levantó y me abrazó, a la vez que me besaba el cuello. Tras unos segundos fui yo la que empezó a besarla, le acaricié y besé tal y como ella lo había hecho antes, conseguí que se excitara tanto como yo, terminamos las dos besándonos frente a la chimenea, desnudas y abrazadas.
A partir de esa noche, nuestra relacción iba a más día a día, fuimos pareja y seguimos siéndolo, cada noche, cuando sueño con ella de nuevo...
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