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Isadora
y el Tango
En
su libro Mi vida, Duncan cuenta a su modo el episodio en el club nocturno.
"Pocas noches después de nuestra llegada a Buenos Aires fuimos
a un cabaret de estudiantes; una sala espesa por el humo, de techo bajo y
largas dimensiones, una sala de las que allí se estilan, con jóvenes
morenos enlazados a chicas igualmente morenas, bailando todos el tango. Yo
no había bailado nunca el tango pero un mozo argentino que me servía
de guía me obligó a intentarlo. A mis primeros pasos tímidos
sentí que mis pulsaciones respondían al incitante ritmo lánguido
de aquella danza voluptuosa, suave como una larga caricia, embriagadora como
el amor bajo el sol del mediodía, cruel y peligrosa como la seducción
de un bosque tropical. (...). Fui inmediatamente reconocida y rodeada por
los estudiantes que me dijeron que estaban celebrando la noche de la Libertad
en la Argentina y me rogaron que bailara su himno.
Como
siempre me ha gustado complacer a los estudiantes, accedí, y después
de oir la traducción de las palabras del himno, me envolví en
su bandera e intenté simbolizar los sufrimientos de su colonia cuando
era esclava y el júbilo de la libertad cuando se desprendió
del tirano. Mi éxito fue eléctrico y los estudiantes me pidieron
que lo repitiera una y mil veces mientras ellos cantaban. Llegué al
hotel radiante por mi éxito y enamorada de Buenos Aires pero ¡ay!,
me alegré demasiado pronto.
A
la mañana siguiente mi empresario vino furioso a leerme la reseña
sensacional que habían publicado los periódicos y a informarme
de que, según la ley, consideraba cancelado mi contrato: todas las
familias de Buenos Aires habían anulado sus abonos y declararon el
boicot a mis funciones".
Clarin,
Domingo 17 de marzo de 2002
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