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Pensamientos, citas y frases célebres de
San Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975)
Sacerdote. Fundador del Opus Dei.

CORAZON

146.- Me das la impresión de que llevas el corazón en la mano, como ofreciendo una mercancía: ¿quién lo quiere? -Si no apetece a ninguna criatura, vendrás a entregarlo a Dios.

¿Crees que han hecho así los santos?

147.- ¿Las criaturas para ti? -Las criaturas para Dios: si acaso, para ti por Dios.

148.- ¿Por qué abocarte a beber en las charcas de los consuelos mundanos si puedes saciar tu sed en aguas que saltan hasta la vida eterna?

149.- Despréndete de las criaturas hasta que quedes desnudo de ellas. Porque -dice el Papa San Gregorio- el demonio nada tiene propio en este mundo, y desnudo acude a la contienda. Si vas vestido a luchar con él, pronto caerás en tierra: porque tendrá de donde cogerte.

150.- Parece como si tu Ángel te dijera: ¡tienes tu corazón lleno de tanta afección humana!... -Y luego: ¿eso quieres que custodie tu Custodio?

151.- Desasimiento. -¡Cómo cuesta!... ¡Quién me diera no tener más atadura que tres clavos ni más sensación en mi carne que la Cruz!

152.- ¿No presientes que te aguarda más paz y más unión cuando hayas correspondido a esa gracia extraordinaria que te exige un total desasimiento? -Lucha por El, por darle gusto: pero fortalece tu esperanza.

153.- ¡Anda!, con generosidad y como un niño, dile: ¿qué me irás a dar cuando me exiges "eso"?

154.- Tienes miedo de hacerte, para todos, frío y envarado. ¡Tanto quieres despegarte!

-Deja esa preocupación: si eres de Cristo -¡todo de Cristo!-, para todos tendrás -también de Cristo- fuego, luz y calor.

155.- Jesús no se satisface "compartiendo": lo quiere todo.

156.- No quieres sujetarte a la Voluntad de Dios... y te acomodas, en cambio, a la voluntad de cualquier criaturilla.

157.- No me saques las cosas de quicio: si se te da Dios mismo, ¿a qué ese apego a las criaturas?

158.- Ahora son lágrimas. -¿Duele, eh? -¡Claro, hombre!: por eso precisamente te han dado ahí.

159.- Flaquea tu corazón y buscas un asidero en la tierra. -Bueno; pero cuida de que el apoyo que tomas para no caer no se convierta en peso muerto que te arrastre, en cadena que te esclavice.

160.- Dime, dime: eso... ¿es una amistad o es una cadena?

161.- Haces un derroche de ternura. -Y te digo: caridad con tus prójimos, sí: siempre. -Pero -óyeme bien, alma de apóstol-, es de Cristo, y sólo para El, ese otro sentimiento que el Señor mismo ha puesto en tu pecho. -Además..., no es cierto que al descorrer algún cerrojo de tu corazón -siete cerrojos necesitas- más de una vez quedó flotando en tu horizonte sobrenatural la nubecilla de la duda..., y te preguntas, atormentado a pesar de tu pureza de intención: ¿no habré ido demasiado lejos en mis manifestaciones exteriores de afecto?

162.- El corazón, a un lado. Primero, el deber. -Pero, al cumplir el deber, pon en ese cumplimiento el corazón: que es suavidad.

163.- Si tu ojo derecho te escandalizare..., ¡arráncalo y tíralo lejos! -¡pobre corazón, que es el que te escandaliza!

Apriétalo, estrújalo entre tus manos: no le des consuelos. -Y, lleno de una noble compasión, cuando los pida, dile despacio, como en confidencia: "Corazón, ¡corazón en la Cruz!, ¡corazón en la Cruz!"

164.- ¿Cómo va ese corazón? -No te me inquietes: los santos -que eran seres bien conformados y normales, como tú y como yo -sentían también esas naturales inclinaciones. Y si no las hubieran sentido, su reacción "sobrenatural" de guardar su corazón -alma y cuerpo- para Dios, en vez de entregarlo a una criatura, poco mérito habría tenido.

Por eso, visto el camino, creo que la flaqueza del corazón, no debe ser obstáculo para un alma decidida y "bien enamorada".

165.- Tú... que por un amorcillo de la tierra has pasado por tantas bajezas, ¿de veras te crees que amas a Cristo y no pasas, ¡por El!, esa humillación?

166.- Me escribes: "Padre, tengo... dolor de muelas en el corazón". -No lo tomo a chacota, porque entiendo que te hace falta un buen dentista que te haga unas extracciones.

¡Si te dejaras!...

167.- "¡Ah, si hubiera roto al principio!", me has dicho. -Ojalá no tengas que repetir esa exclamación tardía.

168.- "Me hizo gracia que hable usted de la 'cuenta' que le pedirá Nuestro Señor. No, para ustedes no será Juez -en el sentido austero de la palabrasino simplemente Jesús". -Esta frase, escrita por un Obispo santo, que ha consolado más de un corazón atribulado, bien puede consolar el tuyo.

169.- Te acogota el dolor porque lo recibes con cobardía. -Recíbelo, valiente, con espíritu cristiano: y lo estimarás como un tesoro.

170.- ¡Qué claro el camino!... ¡Qué patentes los obstáculos!... ¡Qué buenas armas para vencerlos!... -Y, sin embargo, ¡cuántas desviaciones y cuántos tropiezos! ¿Verdad?

-Es el hilillo sutil -cadena: cadena de hierro forjado-, que tú y yo conocemos, y que no quieres romper, la causa que te aparta del camino y que te hace tropezar y aun caer.

-¿A qué esperas para cortarlo... y avanzar?

171.- El Amor... ¡bien vale un amor!

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