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707.- No te turbes si al considerar las maravillas del mundo sobrenatural sientes la otra voz -íntima, insinuante- del hombre viejo.
Es "el cuerpo de muerte", que clama por sus fueros perdidos... Te basta la gracia: sé fiel y vencerás.
708.- El mundo, el demonio y la carne son unos aventureros que, aprovechándose de la debilidad del salvaje que llevas dentro, quieren que, a cambio del pobre espejuelo de un placer -que nada vale-, les entregues el oro fino y las perlas y los brillantes y rubíes empapados en la sangre viva y redentora de tu Dios, que son el precio y el tesoro de tu eternidad.
709.- ¿Oyes? -En otro estado, en otro lugar, en otro grado y oficio harías mucho mayor bien. -¡Para hacer lo que haces no hace falta talento!...
Pues yo te digo: donde te han puesto agradas a Dios..., y eso que venías pensando es claramente sugestión infernal.
710.- Te apuras y entristeces porque tus Comuniones son frías, llenas de aridez. -Cuando vas al Sacramento, dime: ¿te buscas a ti o buscas a Jesús? -Si te buscas a ti, motivo tienes para entristecerte... Pero si -como debes buscas a Cristo, ¿quieres señal más segura que la Cruz para saber que le has encontrado?
711.- Otra caída... y ¡qué caída!... ¿Desesperarte?... No: humillarte y acudir, por María, tu Madre, al Amor Misericordioso de Jesús. -Un "miserere" y ¡arriba ese corazón! -A comenzar de nuevo.
712.- ¡Muy honda es tu caída! -Comienza los cimientos desde ahí abajo. -Sé humilde. -"Cor contritum et humiliatum, Deus, non despicies". -No despreciará Dios un corazón contrito y humillado.
713.- Tú no vas contra Dios. -Tus caídas son de fragilidad. -Conforme: pero ¡son tan frecuentes esas fragilidades! -no sabes evitarlas- que, si no quieres que te tenga por malo, habré de tenerte por malo y por tonto.
714.- Un querer sin querer es el tuyo, mientras no quites decididamente la ocasión. -No te quieras engañar diciéndome que eres débil. Eres... cobarde, que no es lo mismo.
715.- Esa trepidación de tu espíritu, la tentación, que te envuelve, es como una venda sobre los ojos de tu alma.
Estás a oscuras. -No te empeñes en andar solo, porque, solo, caerás. -Ve a tu Director -a tu superior- y él hará que oigas aquellas palabras de Rafael Arcángel a Tobías:
"Forti animo esto, in proximo est ut a Deo cureris" -Ten ánimo, que pronto te curará Dios. -Sé obediente, y caerán las escamas, caerá la venda de tus ojos, y Dios te llenará de gracia y de paz.
716.- ¡No sé vencerme!, me escribes con desaliento. -Y te contesto: Pero, ¿acaso has intentado poner los medios?
717.- ¡Bienaventuradas malaventuras de la tierra! -Pobreza, lágrimas, odios, injusticia, deshonra... Todo lo podrás en Aquel que te confortará.
718.- Sufres... y no querrías quejarte. -No importa que te quejes -es la reacción natural de la pobre carne nuestra-, mientras tu voluntad quiere en ti, ahora y siempre, lo que quiera Dios.
719.- Nunca te desesperes. Muerto y corrompido estaba Lázaro: "iam foetet, quatriduanus est enim" -hiede, porque hace cuatro días que está enterrado, dice Marta a Jesús.
Si oyes la inspiración de Dios y la sigues -"Lazare, veni foras!"
-¡Lázaro, sal afuera!-, volverás a la Vida.
720.- ¡Que cuesta! -Ya lo sé. Pero, ¡adelante!: nadie será premiado -y ¡qué premio!- sino el que pelee con bravura.
721.- Si se tambalea tu edificio espiritual, si todo te parece estar en el aire..., apóyate en la confianza filial en Jesús y en María, piedra firme y segura sobre la que debiste edificar desde el principio.
722.- La prueba esta vez es larga. -Quizá -y sin quizá- no la llevaste bien hasta aquí... porque aún buscabas consuelos humanos. -Y tu Padre-Dios los arrancó de cuajo para que no tengas más asidero que El.
723.- ¿Que te da todo igual? -No quieras engañarte. Ahora mismo, si yo te preguntara por personas y por empresas, en las que por Dios metiste tu alma, habrías de contestarme, ¡briosamente!, con el interés de quien habla de cosa propia.
No te da todo igual: es que no eres incansable..., y necesitas más tiempo para ti: tiempo que será también para tus obras, porque, a última hora, tú eres el instrumento.
724.- Me dices que tienes en tu pecho fuego y agua, frío y calor, pasioncillas y Dios...: una vela encendida a San Miguel, y otra al diablo.
Tranquilízate: mientras quieras luchar no hay dos velas encendidas en tu pecho, sino una, la del Arcángel.
725.- El enemigo casi siempre procede así con las almas que le van a resistir: hipócritamente, suavemente: motivos... ¡espirituales!: no llamar la atención... -Y luego, cuando parece no haber remedio (lo hay), descaradamente..., por si logra una desesperación a lo Judas, sin arrepentimiento.
726.- Al perder aquellos consuelos humanos te has quedado con una sensación de soledad, como pendiente de un hilillo sobre el vacío de negro abismo. -Y tu clamor, tus gritos de auxilio, parece que no los escucha nadie.
Bien merecido tienes ese desamparo. -Sé humilde, no te busques a ti, ni busques tu comodidad: ama la Cruz -soportarla es poco- y el Señor oirá tu oración. -Y se encalmarán tus sentidos. -Y tu corazón volverá a cerrarse. -Y tendrás paz.
727.- En carne viva. -Así te encuentras. Todo te hace sufrir en las potencias y en los sentidos. Y todo te es tentación...
Sé humilde -insisto-: verás qué pronto te sacan de ese estado: y el dolor se trocará en gozo: y la tentación, en segura firmeza.
Pero, mientras, aviva tu fe; llénate de esperanza; y haz continuos actos de Amor, aunque pienses que son sólo de boca.
728.- Toda nuestra fortaleza es prestada.
729.- ¡Oh, Dios mío: cada día estoy menos seguro de mí y más seguro de Ti!
730.- Si no le dejas, El no te dejará.
731.- Espéralo todo de Jesús: tú no tienes nada, no vales nada, no puedes nada. -El obrará, si en El te abandonas.
732.- ¡Oh, Jesús! -Descanso en Ti.
733.- Confía siempre en tu Dios. -El no pierde batallas.
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