|
208.- Bendito sea el dolor. -Amado sea el dolor. -Santificado sea el dolor... ¡Glorificado sea el dolor!
209.- Todo un programa, para cursar con aprovechamiento la asignatura del dolor, nos da el Apóstol: "spe gaudentes" -por la esperanza, contentos, "in tribulatione patientes" -sufridos, en la tribulación, "orationi instantes" -en la oración, continuos.
210.- Expiación: ésta es la senda que lleva a la Vida.
211.- Entierra con la penitencia, en el hoyo profundo que abra tu humildad, tus negligencias, ofensas y pecados. -Así entierra el labrador, al pie del árbol que los produjo, frutos podridos, ramillas secas y hojas caducas. -Y lo que era estéril, mejor, lo que era perjudicial, contribuye eficazmente a una nueva fecundidad.
Aprende a sacar, de las caídas, impulso: de la muerte, vida.
212.- Ese Cristo, que tú ves, no es Jesús. -Será, en todo caso, la triste imagen que pueden formar tus ojos turbios... -Purifícate. Clarifica tu mirada con la humildad y la penitencia. Luego... no te faltarán las limpias luces del Amor. Y tendrás una visión perfecta. Tu imagen será realmente la suya: ¡El!
213.- Jesús sufre por cumplir la Voluntad del Padre... Y tú, que quieres también cumplir la Santísima Voluntad de Dios, siguiendo los pasos del Maestro, ¿podrás quejarte si encuentras por compañero de camino al sufrimiento?
214.- Di a tu cuerpo: prefiero tener un esclavo a serlo tuyo.
215.- ¡Qué miedo le tiene la gente a la expiación! Si lo que hacen por bien parecer al mundo lo hicieran rectificando la intención, por Dios... ¡qué santos serían algunos y algunas!
216.- ¿Lloras? -No te dé vergüenza. Llora: que sí, que los hombres también lloran, como tú, en la soledad y ante Dios. -Por la noche, dice el Rey David, regaré con mis lágrimas mi lecho.
Con esas lágrimas, ardientes y viriles, puedes purificar tu pasado y sobrenaturalizar tu vida actual.
217.- Te quiero feliz en la tierra. -No lo serás si no pierdes ese miedo al dolor. Porque, mientras "caminamos", en el dolor está precisamente la felicidad.
218.- ¡Qué hermoso es perder la vida por la Vida!
219.- Si sabes que esos dolores -físicos o morales- son purificación y merecimiento, bendícelos.
220.- ¿No te produce mal sabor de boca el deseo de bienestar fisiológico -"Dios le dé salud, hermano"- con que ciertos pobres agradecen o reclaman una limosna?
221.- Si somos generosos en la expiación voluntaria, Jesús nos llenará de gracia para amar las expiaciones que El nos mande.
222.- Que tu voluntad exija a los sentidos, mediante la expiación, lo que las otras potencias le niegan en la oración.
223.- ¡Qué poco vale la penitencia sin la continua mortificación!
224.- ¿Tienes miedo a la penitencia?... A la penitencia, que te ayudará a obtener la Vida eterna. -En cambio, por conservar esta pobre vida de ahora, ¿no ves cómo los hombres se someten a las mil torturas de una cruenta operación quirúrgica?
225.- Tu mayor enemigo eres tú mismo.
226.- Trata a tu cuerpo con caridad, pero no con más caridad que la que se emplea con un enemigo traidor.
227.- Si sabes que tu cuerpo es tu enemigo, y enemigo de la gloria de Dios, al serlo de tu santificación, ¿por qué le tratas con tanta blandura?
228.- "Que pasen buena tarde" -nos dijeron, como es costumbre-, y comentó un alma muy de Dios: ¡qué deseos más cortos!
229.- Contigo, Jesús, ¡qué placentero es el dolor y qué luminosa la oscuridad!
230.- ¡Sufres! -Pues, mira: "El" no tiene el Corazón más pequeño que el nuestro. -¿Sufres? Conviene.
231.- El ayuno riguroso es penitencia gratísima a Dios. -Pero, entre unos y otros, hemos abierto la mano. No importa -al contrario- que tú, con la aprobación de tu Director, lo practiques frecuentemente.
232.- ¿Motivos para la penitencia?: Desagravio, reparación, petición, hacimiento de gracias: medio para ir adelante...: por ti, por mí, por los demás, por tu familia, por tu país, por la Iglesia... Y mil motivos más.
233.- No hagas más penitencia que la que te consienta tu Director.
234.- ¡Cómo ennoblecemos el dolor, poniéndolo en el lugar que le corresponde (expiación) en la economía del espíritu!
|