El día amanece con una lluvia constante que dificulta la circulación por unas autopistas que, curiosamente para un pais tan lluvioso, no tienen asfalto antisalpicadura.
Cuando llegamos a Amberes, la 2ª ciudad más grande de Bélgica, tras un gran atasco en la entrada del túnel Kennedy, sigue lloviendo fuertemente.
Nos orientamos con un pequeño plano que llevamos hasta llegar a la zona central para dejar el coche en un parking (2 €/h), cercano a la Catedral de Nuestra Señora,
al lado de la Groen Platss .
De estilo gótico, alberga obras de Rubens. Nos asomamos a su interior y la vemos tan desnuda que decidimos no entrar. Vamos hasta la plaza del mercado Central (Grote Mark),
la plaza principal de Amberes, presidida por una gran fuente de bronce . Allí se encuentra, asimismo, el llamativo Ayuntamiento.
Nos acercamos a las orillas del río Escalda para ver el edificio más antiguo de la ciudad, el Steen, fortaleza y antigua prisión, hoy Museo Nacional de Navegación .
Queríamos ir a la Iglesia de Santiago, donde esta enterrado Rubens, pero en esta época abre sólo por las tardes. Así que, después de pasar por una pequeña iglesia
convertida en Museo, nos volvemos a la Grote Mark para tomar unas cervezas.
Tras secarnos en la muy agradable cervecería, y como no tenemos ganas de seguir andando bajo la lluvia, cogemos el coche para ir hasta la estación de Berchen.
Después de almorzar pizza y pita y, visto que ha parado un poco la lluvia, hacemos un agradable paseo por el conjunto de Zurenburg: 170 casas de estilo renacentista y modernista .
Salimos de la zona flamenca para llegar a la francófona Lieja y alojarnos al lado del Palacio de Congresos. Salimos, nuevamente bajo la lluvia, para atravesar la Pasarela sobre
el río Meuse, cruzar la plaza de San Denis y llegar hasta la plaza San Lambert, donde se encuentra, aparte de restos arqueológicos, el Palacio de los Principes-Obispos, actual Palacio de Justicia.
Tras pasar al lado del Ayuntamiento seguimos por la calle Feronstrée para entrar en una pastelería a tomar unos cafés y una deliciosa “selva negra”, tras lo cual marchamos hasta la plaza de San Bartolomé.
Proseguimos por la calle Hors-Chateau viendo las iglesias de S. Gerard, de S. Antoine y S. André.
Regresamos por la plaza de la Opera y la Catedral de S. Paul y el Gran Seminario hasta el hotel.
La cena la hacemos en un restaurante anexo al centro cultural de Croisiers: queso emental, carbonade flamande (carne de buey en cerveza) y boulets liegois (albóndigas).
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