Decidimos conocer la capital de Rusia, aprovechando la oferta por inauguración de los nuevos vuelos.
Si llegamos a saber antes todo el papeleo para el visado que hay que hacer, lo mismo nos lo hubieramos planteado. La noche antes del viaje nos llama Iberia para comunicarnos que, por problemas de conexión, nos adelantan el vuelo a Madrid a las 6 de la mañana. Al menos tienen el detalle de ponernos en bussines.
Tras un cómodo vuelo llegamos al aeropuerto de Domodedovo con adelanto. Tras hacer un poco de cola (la primera), pasamos un rápido control de pasaportes y cambiamos (se pierde más de un rublo por euro al cambiar allí en vez de en el hotel). Tomamos el tren expreso que en 40 minutos y por 100 rublos nos traslada a la estación de Paveletsky, en el centro.
Accedemos a la estación de metro y tras hacer cola en las taquillas sacamos un bono de 10 viajes y bajamos a los andenes. Nos cuesta hacernos con la señalización, nos confundimos de línea y tenemos que dar la vuelta. Poco a poco y con ayuda de los apuntes que llevamos nos iremos haciendo tanto a los caracteres cirílicos como a las indicaciones y avisos megafónicos. Los trenes pasan cada pocos segundos (la vez que más tardó fueron 2 minutos), hay gran distancia entre estaciones , la iluminación es bastante pobre , pero las estaciones son increibles.
Sobre las 7 h., llegamos a la estación de Ismailovo Park, donde tenemos habitación en el hotel Alfa, uno de los 4 inmensos edificios construidos para los juegos olimpicos del 80 . Tras un rato en recepción nos sellan la visa de entrada (imprescindible para el regreso) y nos dan unos bonos que hay que presentar para poder acceder a los ascensores. Una vez que llegamos a la planta asignada (la 18) hay que entregar dichos bonos en otro mostrador donde nos dan una tarjeta para acceder a la habitación.