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BIENVENIDO AL MUNDO DE LAS APARIENCIAS




SEGUNDA PARTE.


APARIENCIAS EN EL MUNDO DE LAS RELIGIONES

- Tropicana. - Si tienes un hondo penar... - Nada es casual, todo tiene un propósito escondido. - El que este libre de pecado... - El hábito no hace al monje.


TROPICANA
Fui una noche al teatro Bolívar a ver una versión de Tropicana que vino a Ecuador. En el intermedio me dirigí hacia el urinario. Un hombre de aproximadamente 27 años se puso en el urinario de alado. El me miro fijamente a los ojos.
- Dios mío, ¿ Por qué hiciste hombres tan guapos? - pregunté en mi interior.
Este hombre era la versión juvenil de Tyron Power, con sus ojos negros profundos hablaba y me pidió que viera hacia abajo.
Dirigí mi mirada hacia donde él me pedía. Su miembro estaba totalmente erecto. Otra vez respire profundo - ¡Dios mío! - el mío también empezó a erectarse. Aquel hombre me estaba haciendo perder la cabeza.
Un hombre se aproximaba por el pasillo, inmediatamente él que estaba junto a mí me guiñó el ojo y me hizo una seña con su cara que saliésemos al pasillo.
- Bonito espectáculo  - me dijo una vez que estuvimos en el pasillo del teatro.
- Sí, está precioso, siempre quise ver al Tropicana.
- Yo también y me gustaría algún día viajar a Cuba para
  verlo personalmente.
- Siento nostalgia por Cuba, sé que algún día estaré allí
  y visitaré el Tropicana.
- Espero que tu sueño se cumpla.
- Hoy se ha cumplido la mitad - le dije
- Soy Fausto.- me dijo amablemente y me apretó la mano.
- Soy David.
- ¿A qué te dedicas?
- Soy estudiante ¿ y tú?
- Soy modelo.
- Tienes buena pinta - le dije admirándolo
- La pinta no sirve de mucho, modelo desnudo...
- ¿ Dónde ? - pregunté admirado.
- En Francia.
- ¿ Pornográfico?
- No seas salvaje - se rió - Soy modelo artístico. Algunos pintores me pagan por posar desnudo.
- ¿ Puedes modelar para mí?
- ¿ Pintas ?
- No,  pero soy ágil con las manos.
- No te creo, pero me gustaría que tuvieras tus manos sobre mí.

Me mordí los labios y sonreí. 

- Estamos yendo demasiado rápido. - le dije nervioso.
- Deseo que vuele el tiempo.- me dijo tomándome del brazo y llevándome hacia el interior del teatro. - ¿ Qué vas a hacer cuando concluya el show ? - me preguntó.
- Pues, tenía pensado ir a casa...
- ¿ Dónde vives?
- En el valle.
- ¿ Podemos ir a tu casa?
- No, vivo con mi abuela.
- Pues bien, esperemos a que termine el espectáculo y te invito a tomar un trago.
- Gracias.
Los dos fuimos a sentarnos. Lastimosamente como teníamos sillas numeradas tuvimos que continuar viendo la segunda parte del espectáculo solos. aunque Fausto estaba tres filas delante de la mía y a un costado izquierdo. Cada cambio de número él regresaba a ver y me sonreía.
Al salir fuimos a un bar que estaba cerca. Era todo un contraste y había mucha tolerancia. En la pista bailaban parejas de heterosexuales, en la barra se encontraban travestíes y transexuales y en el sector donde se localizaban las mesas tan solo había hombres.
- El señor que esta en la otra mesa les envía esto y pregunta si les puede acompañar - nos dijo la mesera y puso una jarra de guayusas sobre nuestra mesa.
- ¿ Quieres que él nos acompañe? - me preguntó Fausto
- No.
- Respeto tu decisión, pero no te pongas nervioso.
- Estoy nervioso, pero quiero estar a solas contigo - le dije.
- Señorita, devuelva esto a aquel señor. Lo lamentamos - le dijo Fausto y devolvió la jarra de guayusas.
Después de una larga conversación Fausto llevo el vaso de ron a su boca y empezó a jugar sensualmente con él.
- Fausto, me estas derritiendo - le dije y me mordí el labio inferior.
- ¿ Quieres pasar esta noche conmigo ? - me preguntó.
- Me encantaría, pero tengo que llamar a casa, no he
  dormido nunca fuera.
- No seas mentiroso.
- No te miento, desde que vivo con mi abuela, no he dormido fuera de casa.
- Pues llámala.
Salimos de aquel bar y llame a casa, pero como era muy tarde, madre Dominique estaba durmiendo y no contestó el teléfono.
- No contestan - le dije.
- Pues decide, porque mañana yo vuelvo a Francia - me dijo
- Acepto - dije inmediatamente.
Fuimos a un hotel, al ver que éramos dos hombres, no nos dejaron entrar. Fuimos a otro y nos dejaron pasar. Apenas Fausto cerro la puerta, los dos nos abalanzamos como un par de desesperados y la pasión se apodero de los dos y paso lo que tenía que pasar.
 
     
- David, tienes que hacer de religioso - me dijo Aurelio. - ¿ Religioso?
- Sí, serás el Padre Francisco por cuatro días. Visitaras una pequeña comunidad de tres sacerdotes que viven en Palmira.
- ¿ Cómo ?
- Serás el visitador de la comunidad que llega desde Roma.
- ¿ Qué tengo que hacer ?
- Investigar a donde desvía los fondos Padre Miguel, él es el Prior de aquella comunidad y además director de la escuela que ellos tienen.
Aurelio puso tres libros sobre su escritorio. Uno era la vida del santo de la orden, otro las reglas de la orden y otro era sobre la historia de la orden y sus obras por todo el mundo.
- Tienes una semana para estudiarlas. Luego iras a esa comunidad. Todo esta planeado. El padre provincial de la orden sabe que tú vas para ayudarlo.
SI TIENES UN HONDO PENAR PIENSA EN MI...

Al escuchar aquella canción a Tomás se le estremeció la piel. Regreso a ver hacia todos los lados de la cantina donde estaba el sentado recordando viejos tiempos, pero no vio a nadie conocido. Miro hacia la rocola, habían puesto su tema favorito. Tan solo un hombre podía haber puesto ese tema, pero eran varios años que no veía aquel hombre.
- El señor que esta detrás suyo le envía este trago - le dijo el camarero.
Tomás inmediatamente regresó a ver quién estaba atrás. Al ver quién era su rostro volvió a brillar la felicidad.
- ¡Renzo! - dijo alegremente.
- ¿ Puedo sentarme contigo ? - preguntó Renzo con una risa picara.
- Por supuesto - le dijo Tomás.
Renzo se levantó y sintió ganas fuertes de abrazar a Tomás, pero miro a su alrededor y recordó que estaba en una cantina sumamente machista. Cualquier expresión de afecto entre dos hombres era considerada como anormal.
Los dos contuvieron las ganas de abrazarse. Renzo se sentó en la mesa donde se encontraba Tomás.
- No tienes idea la alegría que siento al verte de nuevo.
- Tampoco la tienes tú. - le dijo Tomás.
- He rogado a Dios todos los días el que nos volviéramos a encontrar.
- Dios escuchó tus suplicas y también las mías.
- Posiblemente demasiado tarde - dijo Renzo en tono triste.
- Nunca es tarde. - replicó Tomás.
- Nunca es tarde para volvernos a amar - le dijo Renzo cambiando su gesto.
- ¿ Me sigues amando ?
- Te he amado siempre.
- ¿ Dónde estuviste ?
- Mis padres me enviaron a Venezuela, luego fui a la Zamparon y acabe viviendo en los Estados Unidos. Hoy he vuelto. Te escribí varias cartas, pero no supe nada de ti.
- Fui varias veces al departamento, pero los dueños de casa me dijeron que nunca recibieron una carta para mí.
- Seguro que se la dieron a mis padres - dijo Renzo, mientras que Tomás suspiró.
- Mi madre murió al poco tiempo, mi padre no me perdona, ni quiere verme. Tengo miedo de estar aquí.
- ¿ Dónde estas viviendo?
- Estoy hospedado en casa de un amigo.
- ¿Te quedaras aquí?
- Depende.
- ¿ De qué depende?
- Tan solo de mí...

Los dos se quedaron mirando a los ojos.
- Tomás ¿ Estas pensando lo mismo que yo?
- Sí - respondió él.
Los dos subieron en el carro de Renzo y fueron hacia un pueblo que se encontraba a media hora del Palmira, se hospedaron en un hotel y paso lo que tenía que pasar.
Al siguiente día Renzo le dijo a Tomás.

- Quiero verte de nuevo.
- Yo te llamaré a casa, diré que me llamó Fausto y que soy  amigo tuyo de la Zamorano.

    
NADA ES CASUAL, TODO TIENE UN PROPÓSITO OCULTO
- Te ves increíble con el crergyman - me dijo Aurelio al verme de cura. - Me veo chistoso - le dije al verme en el espejo. - Ahora empieza en realidad tu trabajo, te darás cuenta el porque te escogimos. - Me dijeron porque era paranormal y además gay.
- Tu apariencia ayuda mucho. Pareces religioso. Parece que no movieras un dedo por fuera, pero por dentro todo lo analizas. Padre Francisco.
- Gracias Padre Aurelio, ¿ Cuánto ganaré por esto?

Aurelio abrió el cajón de su escritorio y tomo un fajo de billetes y me los dio.

- Pago por adelantado - me dijo sonriendo.
- Gracias.

         
- Buenos días padrecito - me saludaba la gente en las calles del pueblo. - Buenos días - respondía alegremente.
Sabía que los religiosos me esperaban a las dos de la tarde pero había llegado dos horas antes.
Llegue hacia la dirección que me habían dado. Al entrar a la escuela note que no había ruido de estudiantes. Todos estaban en clase. Junto a la escuela se encontraba un convento del siglo pasado. Las paredes eran de adobe y estaban pintadas de blanco. A un lado se encontraba una iglesia con un parque pequeño.
Nadie notó mi presencia. A mi lado había dos puertas cerradas y a un costado una escalera que me llevo hacia el piso superior. Por lo visto esta comunidad era muy pobre o sinceramente había fuga de dinero. En los pisos se podía notar que rara vez los limpiaban porque no pasaban ni cera. Llegué a pensar que era por la afluencia de tanto niño.
Al llegar al segundo piso, caminé sigilosamente tratando de que nadie se entere de mi presencia y me repetía constantemente en mi mente todo lo que tenía que decir.
Logre divisar sobre una puerta un letrero que decía "Dirección". Seguí caminando suavemente y entre a la sala de espera. La oficina del director estaba con la puerta cerrada. Mire hacia mi alrededor y era el decorado tradicional de una comunidad católica. La foto del Papa por un lado. Una imagen de Cristo con cara de tristeza en otro lado y otra imagen de la Inmaculada Concepción.
Algo pasaba dentro de la oficina del director. No escuché palabras pero se oía un jadeo y respiraciones profundas de un hombre y una mujer.
Me armé de valor, tomé el cerrojo e inmediatamente abrí la puerta. 
Un hombre se espantó y quitó las manos de donde las tenía puestas y una mujer se levanto de sus piernas e inmediatamente procedió a abotonarse su blusa. Tres segundos antes la cara de aquel hombre estuvo metida entre los senos de aquella mujer. Ninguno de ellos sabía que decir.
Aquella mujer abotonaba su blusa con celeridad y estaba muy nerviosa, ella era madre de algún estudiante porque encima del escritorio había una lonchera.
- ¿ Padre Miguel ? - pregunté mirando a aquel hombre.
- ¿ Padre Francisco ?- me preguntó él.
- El mismo - respondí.
- No lo esperaba tan temprano - me dijo el levantándose de su asiento.
- El chofer manejó rapidísimo.
- ¡Qué sorpresa! - me dijo riéndose nerviosamente.
- Usted también llegó temprano - le dije a aquella señora que vestía tan tentadoramente. Ella tomó su cartera, luego la lonchera - Perdón - me dijo y salió rápidamente, ni siquiera se despidió de Padre Miguel.
- No piense nada malo - me dijo padre Miguel.
- No soy mal pensado. En arca abierta justo peca - le dije.
- ¿ Por qué me defiende ?
- Llevo varios años como visitador y he visto como las mujeres tientan a los curas. Luego dicen que nosotros somos los depravados.
Miguel rió pícaramente - Eso es cierto. Ellas nos buscan, nos mandan cartas...

- Y se les insinúan - le dije.
- Y a la final, somos hombres y ellas son nuestra debilidad - me dijo Miguel.
- A veces ellos también son su debilidad - le dije seriamente.
- ¡Ni Dios lo permita! - dijo Miguel e inmediatamente se santiguó.
- Yo soy bien machito - me dijo. Siempre me han gustado las       mujeres.
- ¿ Para usted ser macho significa que le gusten las mujeres?

Miguel por un momento dudo.
- No quiero decepcionarle, pero en la última visita que hice al noviciado de la Comunidad en Quito, por la noche se pueden oír las camas rechinar.
- ¿ Qué insinúa?
- Que en nuestra comunidad existen hombres que son débiles ante la carne de otros hombres y no se creen para nada que son menos machos que usted - le dije.
- ¿ Ha dicho esto al provincial ?
- Tengo que seguir la ley del mono. Imagínese si yo hablara...
- ¿Pero conmigo hará lo mismo? - me preguntó el nervioso -
- No he visto nada - le dije.
- Padre Francisco, en esta comunidad tan solo somos tres religiosos. Padre Alberto que es un viejito de 78 años, Padre Tomás que acabo de venir de Francia y su servidor. Hemos preparado un almuerzo de bienvenida para usted. Pero primero llamaré a Tomás para que lo lleve a su dormitorio y le haga conocer la comunidad.
Miguel abrió la ventana de su oficina que daba hacia el patio y grito a un niño que estaba caminando - Llama a Padre Tomás, dile que lo necesito.-
A los pocos minutos de estar conversando con Miguel, escuché dos golpes en la puerta.

- Adelante - dijo Padre Miguel.
La puerta se abrió y regrese mi vista para conocer quién era Padre Tomás. Lo vi y sentí que se me heló la sangre. Me quede mudo tal como se quedaron Miguel y la señora pocos minutos antes. Padre Tomás hizo lo mismo. Me quedo viendo sin pronunciar ni una sola palabra. Los dos nos repetíamos en nuestra mente - No puede ser.
- Solo eso me faltaba - pensé yo. Quería llamar a Aurelio y decir que mi misión se arruinó. Aunque me habían entrenado para fingir, esta vez no pude ser buen actor. Padre Miguel notó mi actitud.
- ¿ Ustedes ya se conocen ? - preguntó Miguel
- No - contestó inmediatamente Tomás.
- ¿ Pero parece que ustedes ya se conocieran ? - insistió Miguel.
- Había escuchado hablar tanto de usted a Miguel, que me pareció haberlo conocido antes - me dijo Tomás.
- Tuve la sensación de haberlo conocido en Italia - le dije.
- Solía ir a Italia de vacaciones, pero nunca llegué a casas de la comunidad. Vacaciones son vacaciones - dijo Tomas.
- Tomás, lleve al Padre Francisco a su dormitorio, luego hágale conocer nuestra obra. Almorzaremos a las dos - ordenó Miguel.
Tomás tomó mi bolso. Salimos de la oficina y empezó a caminar con paso apresurado delante de mí. Iba muy serio y en silencio mientras que en mi mente tenía la idea de llamar a Aurelio y decirle que estaba enfermo y que iba a volver a Quito.
Al llegar al dormitorio. Tomás puso mi bolso sobre la cama, Mirándome seriamente me dijo - No creas que no estoy impresionado por lo que veo. Tú, un estudiante de universidad que vive con su abuela, ¿eres religioso y de mi comunidad?
- Y ¿ Qué crees que estoy sintiendo yo?. Tu un modelo de desnudos en Francia. ¿ Qué haces aquí ?
- Lo mismo que tú. - me dijo  el furioso.
- ¿ Qué significa lo mismo ? - le pregunté.
- Actuando - me dijo él.
- ¿ En qué aspecto actúas?
- Tengo todo el tiempo que fingir que no soy gay - me dijo apretando sus puños.- y ahora que me doy cuenta que me he llegado a acostar con otro sacerdote, me siento miserable. Según el apóstol Pablo estamos condenados a los quintos infiernos,
- No te preocupes, Pablo fue gay.
- ¿ Pablo homosexual ?, David, ¿ Estas loco ?
- No mi querido Fausto. Estudia sicología homosexual y sobre todo homofobia. Te darás cuenta que Pablo fue gay traumado.
- David, llevo varios años en la Iglesia y jamás aprendí eso.
- Me llamó Francisco, mi querido padre Fausto.
- Me llamó Tomás, mi querido David. - me dijo poniendo sus manos en la cintura. - Y no te creo, teólogo moderno...
- No me creas, investiga y no sigas siendo borrego.
- No soy ningún borrego, pero no me siento bien por haberme acostado contigo.- me dijo furioso.
- ¿ Y cuando lo hicimos, no te sentiste bien? - le grité.
- ¿ Qué sentiste tú ? - me preguntó.
- Sentí que no quería que la noche se acabe.
- A mí me paso lo mismo.
- ¿ Entonces qué...?
- Olvídalo, Francisco. Olvídalo - me pidió.
- Otro idiota que me dijo que me ama - le dije dándole la espalda.
- Estaba excitado - me gritó.
- Gracias por una magnifica velada. ¿ Pagaste tu entrada
  a Tropicana y el hotel con el dinero de la comunidad?
- No, Yo sé como consigo mi propio dinero. Al decirte que
  soy modelo de desnudos artísticos en Francia, no te mentí.

En ese momento me quede como estático, sin saber cómo reaccionar.
- No te quedes allí como idiota - me grito - camina y sígueme, te llevaré a conocer la obra - me ordenó.
Ibamos caminando los dos juntos por el corredor de la escuela.

- ¿ Eres muy joven para ser visitador ? 
- Soy el único disponible para la zona.
- ¿ Por qué te eligieron ?
- Por los idiomas.
- Tienes acento Mexicano.
- Tengo tantos idiomas en mi cabeza que mi acento es raro.
- Cuando te conocí, pensé que no eras ecuatoriano  - me dijo riéndose.

- Buenas tardes Licenciado - salude a un profesor que pasaba junto a nosotros. 
- Doctor, por favor. Soy Doctor. Cualquier burro es hoy en día licenciado - me dijo muy altivamente.
- ¿ Usted que prefiere que le digan, doctor o señor ? - le pregunté.
- Doctor. - Dijo él muy orgullosamente. - Por algo he estudiado seis años.
- Hoy en día abundan los doctores, pero escasean  los señores - le dije 
- ¡ Qué lastima que a pesar de haber estudiado seis años, siga siendo un burro!- le dijo Tomás enojado.
Aquel doctor nos quedó viendo con cara de pocos amigos y escuchamos sonar la campana. - Es hora de almorzar - dijo Tomás alegremente.
- Camina deprisa antes de que este burro nos patee - me dijo
susurrando.
Al entrar al comedor me estaba esperando Padre Alberto, un anciano cuyo rostro expresaba felicidad y sabiduría.
- Padre Francisco, me da mucho gusto conocerlo - me dijo el estrechando mi mano.
- A mí también - le dije amablemente.
- Me han hablado mucho de usted. Tan joven y visitador, eso es todo un éxito.
- Para mi el éxito está en la felicidad que usted refleja en su rostro - le dije.
- Ese es mi secreto - me dijo sonriendo - Ser transparente me hace feliz.
Al sentarnos los cuatro, empecé a sacar mentalmente estadísticas. - 25% es célibe por la edad, 25% no es célibe y el 50% somos gays.-
La mesa estaba muy bien decorada. Había un perfecto orden en la posición de cubiertos, vasos y copas.
De entrada me dieron un cebiche de camarones.

- A los tiempos comida ecuatoriana - dije emocionado.
- ¿ Le gusta el cebiche ? - me preguntó Alberto.
- El ecuatoriano me encanta. - y tomé con mis manos una porción de maíz tostado que estaba en un pozuelo y me los lleve a la boca.
Tomás, Miguel y Alberto me quedaron viendo como anonadados.
- ¡Maldición! - me dije a mí mismo mientras que veía como ellos se quedaron estáticos observándome. - Estos saben de etiqueta - pensé.
- Padre Francisco - me dijo Miguel - No quiero que se ofenda, pero teníamos entendido que usted era un experto en etiqueta y protocolo y es por eso que nosotros nos esmeramos por atenderle de acuerdo su rango y a sus conocimientos.
- Apenas llegue a Conspicuos, ahorcaré a Aurelio - me dije a mí mismo luego suspire y les dije - Al venir a visitarlos, me dije a mi mismo: Por fin te libraste de la etiqueta y el protocolo y miren lo que ha pasado.
- ¿ Le incómoda ? - Me preguntó Alberto.

- Sí, realmente no tienen idea como me incómoda tanta norma.

Ellos otra vez me quedaron viendo anonadados.

- ¡ Por Dios!, sean naturales y olvídense de la etiqueta - les pedí.
Todos ellos lanzaron una carcajada y lo primero que hicieron es tomar el maíz tostado con las manos y llevárselo a la boca.
- No tienes idea como nos preparamos para tu venida, tuvimos que leer libros de etiqueta y mira en lo que ha quedado nuestro trabajo - me dijo Tomás sonriente.
- No te preocupes, te servirá para cualquier ocasión que tengas que aplicarla - le dije.
- ¿ Cuál es el mejor tipo de etiqueta ? - me preguntó Alberto.
- A donde vayas has lo que vieras y si eres el anfitrión busca la manera de que tus invitados se sientan de lo mejor. Es simple, no existen reglas. Todo esta en la amabilidad, el respeto y hacer que uno mismo y el resto estemos contentos.


"La mejor manera de enterarse de la vida de los religiosos, es conversar con la cocinera de la comunidad". Ese consejo lo recibí en Conspicuos y lo iba aplicar por primera vez.
- Parece que Miguel es muy pícaro - le dije a doña Carmen, la cocinera de la comunidad.
- Padrecito, son 15 años que trabajo aquí y he visto tantas cosas, que lo de padre Miguel me parece una travesura de guaguas.
- ¿ Qué travesura?
- ¿ No sabrá ?
- No.
- Dios me libre. Ustedes son los últimos en enterarse, pero
  yo de todo me doy cuenta.
- ¿ De qué ?
- No se lo diga a nadie, pero Padre Miguel tiene un hijo en   
  con una mona.
- ¿ Cómo lo sabe?
- Cada mes viene la mona a visitarlo con el guagua de cinco
  años. Según padre Miguel, dice que es su prima, pero yo me 
doy cuenta a leguas que el guagua es idéntico al padre. Luego que la mona se va, varias cosas desaparecen de la bodega. Padre Miguel les manda regalando bolsas de comida.
  Por más que sean curas, todos los hombres son iguales, ven
  un buen rabo y pierden la cabeza - dijo ella.

         
Al anochecer alguien golpeo la puerta de mi cuarto. - ¿ Quién es ? - Soy Tomás. - Adelante. Tomás abrió lentamente la puerta. - No te molesta si converso contigo - me dijo. - No Tomás cerró la puerta y cayo de rodillas frente a mí. - ¿ Qué te pasa? - Quiero confesarme. - Prefiero que te sientes y me cuentes que es lo que te pasa. Las confesiones solo me saben a pecado. Tomás se sentó junto a mí y suspiré aliviado. - Francisco, el sábado pasado me acosté con un hombre y mañana lo voy a hacer de nuevo. - ¿ Cómoo ? - Ves, es preferible que me confiese - y volvió a arrodillarse. - Levántate, los dos cojeamos del mismo pie. - Pero es que tú no me entiendes. - Los confesores nunca entienden, prefiero que me hables como amigo. - Pero como amigo te espantaste.- me dijo reclamándome. - Cómo no me voy a espantar, si sé que eres un cura. - Tu siendo cura te acostaste conmigo el Lunes. - Yo no sabía que eras cura. - El tampoco lo sabe. - ¿ Quién es él? - Renzo - Renzo ¿ qué ? - Eso no importa, lo que importa es que lo amo. - ¿ No estabas tan solo excitado? - No, a él si lo amo, excitado o no excitado. - Gracias por tu sinceridad - y agaché mi cabeza. - Francisco no quise ofenderte, pero ya te darás cuenta como funciona el ambiente. - ¿ Cuál ambiente ? - El ambiente gay - Cuál ambiente - Hazte el ingenuo... - Conozco el ambiente gay de los religiosos y religiones. - Ese no es el ambiente, nosotros somos gays del clóset. - ¿ La punta del Iceberg ? - ¿ Qué es eso ? - me preguntó extrañado. - Lo que se ve. - Sí, lo que se percibe y lo que se ve. - Entonces no lo conozco. - Es preferible - me dijo - A mí y a Renzo no nos gusta. - Cuéntame tu historia - le pedí.
Tomás me contó toda la historia y termino apoyando su cabeza en mi hombro con sus ojos llenos de lágrimas.
- Francisco, desde que nos separaron, no volví a ver a 
  Renzo, hasta el sábado pasado.
- Pero algún día Renzo o alguno de sus familiares se
  va a enterar que eres cura.
- Antes de que pase eso voy a pedir el pase, no 
  quiero quedarme aquí.
- Pero mañana vas a ir con él y será preferible que
  le digas la verdad.
- Lo haré, antes de que arme un incendio - me dijo. 

         
Sábado por la mañana Tomás llego de su supuesta visita a su primo. Tomás estaba serio y al ver sus ojos noté confusión en ellos. Le pedí que me acompañara a conversar en el patio.
- ¿ Qué paso ? - le pregunté con curiosidad extrema.
- ¿ Qué no pasó? - me dijo Tomás molesto.
- Entonces ¿ qué no paso?
- Que no le dije que soy cura.
- ¿ Estás loco ?. Te acostaste con él y no le dijiste la 
  verdad.
- ¿ Cómo sabes que me acosté con él ? - me preguntó fingiendo hacerse el ingenuo.
- Tomás, tú mismo me lo contaste y no creo que hayas ido a dormir a un hotel con el hombre que amas a rezar el rosario.
- No rece el Rosario. El ni siquiera me dio tiempo de hablar.
  Apenas entramos al cuarto me abrazo desesperadamente, me
  beso y toda la noche pasamos haciendo...- Tomás suspiró.
- Ya me imagino.
- Al final se despidió y me dijo que me acordara que pase
  lo que pase él me seguirá amando..
- ¿ Quedaron en verse de nuevo ?
- Le dije que un día de estos los llamaría, pero hasta
  eso yo pediré el pase. Esta noche escribo la carta al
  provincial.
- ¿ Huyes de él?
- No tengo otra salida - me dijo nervioso - amo a Renzo,
  pero soy sacerdote. ¿ Qué puedo hacer?
- Has lo que tu corazón te diga.
- Mi corazón, mi corazón. Lo único que dice mi corazón es
  que lo amo, pero mi cabeza que es más realista me dice que  
  voy a provocar un escándalo.

         
La hora del almuerzo fue adelantada porque a la una de la tarde había un matrimonio que tenía que celebrar padre Alberto.
- ¿ Te sientes mal ? - preguntó Miguel a Alberto al notar que se le veía cansado y comía muy lento.
- No es nada - contestó Alberto.
- Alberto, te noto pálido, yo voy a dar la misa. - le dijo Miguel.
- No, tengo que darla yo, ellos son buenos amigos míos y son bienhechores de la comunidad. Yo les prometí que casaría a su hijo. No se preocupen. Casi siempre me pasa, pero enseguida me recupero.
De pronto, la cabeza de padre Alberto cayó de un solo golpe sobre la mesa y todos nos asustamos. Sus manos empezaron a temblar.
- Esta con taquicardia - dijo Tomás.
- Llama inmediatamente al Dr. Andrade - ordenó Miguel.
Tomás se apresuró a llamar y el doctor ordenó que le lleven a la clínica. Alberto estaba a punto de tener un ataque cardíaco.
Alberto perdió la conciencia, estaba todo débil. Tomás y Miguel lo cargaron y lo subieron en el auto de la comunidad.
- Tomás, tú tienes que realizar el matrimonio - ordenó Miguel.
- Bueno  - contestó Tomás.
- Permaneceré en la clínica hasta ver lo qué pasa - nos dijo Miguel.
- No te preocupes, anda con cuidado y llámame por cualquier novedad - le dijo Tomás.
Tomás y yo volamos a lavarnos los dientes y luego fuimos a la sacristía para alistar a Tomás para la misa. Un muchacho del recinto que hacia de sacristán ayudó a vestir a Tomás.
Abrí la puerta de la sacristía y vi que la Iglesia estaba llena. Un fuerte olor de perfume se percibía y se podía ver a las mujeres con sus mejores galas. El novio ya estaba con la novia esperando en el altar. El era un joven de 28 años muy apuesto, pero en su rostro había frialdad. La novia era más joven, unos veintitrés años aproximadamente. En sus ojos se podía ver que ella lo amaba. Aunque la novia veía al novio con dulzura, el novio parecía como si su mente estuviera en otra parte.
Cerré las puertas de la sacristía y dije a Tomás - Ya están listos, solo falta encender las luces del altar.
En eso Tomás fue a consultar los nombres de los futuros esposos y abrió el libro de registros de misas.
- Francisco, imagínate, les voy a casar y ni siquiera los conozco. Ruego que no estén ninguno de los que me conocieron antes...
- ¿ Y si están?
- Bueno, de una vez por todas que le cuenten...
- Yo creo que eso sucederá, incluso él podría ser el invitado.
- No digas eso, si pasa, me muero en plena misa - me dijo y nos reímos los dos.
De pronto la risa de Tomás se interrumpió. El se quedó estático mirando el registro. Su dedo apuntaba directamente hacia el nombre de los novios. Paso una y otra vez su mirada por los nombres y se quedo inmóvil.
- No puede ser... No Señor, no Dios mío...
- ¿ Que te pasa ? - le pregunté al verlo angustiado.
- Francisco, tienes que ayudarme, tu tienes que dar la misa - me dijo agarrándome fuertemente de los brazos.
Al oír aquello. Respire profundo - Dios, ayúdame - dije mentalmente, sintiendo que el frió se apoderó de mí.
- ¿ Por qué ? - le pregunté.
- No puedo decirte -  y quedo mirando al sacristán.
- Por favor, espéranos afuera - le dije al muchacho y él salió y cerro la puerta.

- Francisco tienes que realizar ese matrimonio - me imploró.
En aquel instante no sabía como decirle - no puedo -. 

La puerta de la sacristía sonó. Tomás se puso inmediatamente de espaldas. 

- Padrecito, estamos esperando y padre Alberto no sale - me dijo una señora amablemente.
- Padre Alberto está en la clínica, pero va a salir un reemplazo.
- ¿ Qué le paso ? - me preguntó llevando sus manos a la cara.
- Tuvo una taquicardia.
- ¡Dios mío!. Esperaremos a que de la misa padre Miguel.
- Miguel está en la clínica. Padre Tomás va a dar la misa.
- ¿ Es nuevo ?
- Sí, el va a dar la misa.
- Bueno, padrecito, esperamos.
Cerré la puerta y vi que tomas estaba con sus manos juntas orando angustiosamente. Me acerqué al registro para ver los nombres y repetí lo que dijo Tomás anteriormente - No puede ser...
- Somos hombres muertos - me dije a mí mismo. Tomás que no podía aparecerse y yo que no podía dar una misa.
- Francisco, tienes que dar la misa - me dijo Tomás, y ya no era una suplica, era como si recibiese una orden.
- No puedo - le dije.
- Francisco, no quieres confesarme, no quieres dar una misa
  de matrimonio, ¿ quién eres en realidad. ?
- Dios mío ayúdame - fue lo único que alcancé a decir en aquel momento. 
- Tomás, no puedo casarlos. Tú estuviste con él ayer, tú amas a ese hombre y él te ama a ti. Por más que diga "Lo que Dios a unido el hombre no lo separe", esa unión no será aprobada por Dios. ¿ Entiendes ?
- Entonces ¿ Qué hago ? - me preguntó suavemente y con sus ojos casi llorosos.
- Sal y enfréntalo. Si él te ama no continuará con esta parodia, si no te ama, se casará con ella.
- Francisco, voy a morir acribillado. Diego me matará.
- Padrecito - se oyó la voz de la mujer que venia de la puerta. Tomás inmediatamente se puso de espaldas.
- Los invitados están esperando - me dijo.
- Ahorita sale - le respondí y ella regresó a su puesto.
- No entiendo el porqué no me dijo que se iba a casar - dijo Tomás.
- Tú no le dijiste que estabas casado  - le dije.

Tomás respiró profundo y se armó de valor.

- Francisco, no enciendas la luz del altar hasta que yo esté
  allí y pon atención por lo que pueda pasar porque necesito
  alguien que me defienda. Aunque sé que Diego fingirá, no
  hará nada contra mí durante la ceremonia, pero me 
  matará cuando concluya...
- Si se llega a concluir...
- Me mandas al patíbulo - me dijo con ojos de tristeza.
- Se valiente, estaré orando por ti.
- No me queda otra alternativa.
Tomás tomó el micrófono inalámbrico y camino hacia el altar, se puso con el rostro frente al crucifijo y de espaldas hacia los fieles. Nadie pudo distinguirlo. No había tanta claridad en el altar. Entonces encendí la luz. El miro hacia donde estaba Jesús crucificado. Parecía como si él se sintiese como aquel Jesús, sin alternativa de escapatoria, se estaba crucificando él mismo.
- Yo confieso a Dios todo poderoso...
Su vos era lenta como un sollozo, una imploración a Dios y ante sus hermanos, ante Renzo y su familia que absurdamente le perdonaran por sentir amor hacia un hombre.
- Y ante vosotros hermanos que he pecado mucho de palabra otra y omisión...
Era la primera vez que veía un gesto así, un sacerdote sintiéndose pecador entre todos los fieles, de espaldas hacia todos, pero todos incluido él con frente ante la imagen del crucificado.
- Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa...
Cada golpe que Tomás daba en su pecho era un golpe realmente de dolor.
- Por eso ruego a Santa María Virgen, a los Santos y a vosotros hermanos...
Cuando dijo hermanos, lo dijo con fuerza.
- Que intercedáis por mí ante Dios nuestro Señor.

Se quedo en silencio por un momento.
- Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
- Amén - contestaron todos.
Tomás se dio la vuelta y lo primero que hizo fue mirar a Renzo y poner sus manos sobre el altar como si tratara de agarrarse. Renzo inmediatamente se hizo para atrás al darse cuenta quien era el sacerdote. Los dos se quedaron viendo a los ojos, a mí se me heló la sangre. Renzo empezó a respirar aceleradamente. Tomás se agarró del mantel del altar duramente y se quedo en silencio.
Una mujer que estaba sentada en la primera fila agarró duramente la mano de su esposo en el cual se veía furia en su rostro. El era alto, bien fornido y de aproximadamente unos cincuenta y cinco años. Su rostro se iba poniendo poco a poco rojo. El era capaz de matar a Tomás. Había dos jóvenes junto a ellos que seguramente eran los hermanos de Renzo, ellos estaban atónitos ante semejante cuadro.
El silencio continuo. La novia veía a Renzo y luego veía a Tomas. Para los dos la novia no existía. La novia tan solo trataba de explicarse qué era lo que pasaba allí pero no entendía para nada lo que estaba pasando.
Tomás alzó la mirada al cielo y suspiró. Trato de armarse de valor para continuar con la parodia, pero la novia se adelanto
- ¿ Qué pasa ? - preguntó ella a Renzo.
Renzo la quedo viendo por un momento y luego regreso a ver a su padre. Por un momento en los ojos de Renzo brilló el deseo de venganza. Regreso a ver a Tomás, respiró profundo, se dio la media vuelta y empezó a caminar, dejando a la novia en el altar se dirigió hacia la salida ante el asombro de todos los allí presentes. Al salir Renzo por la puerta de la Iglesia. La novia se desmayó, la gente reaccionó y se armó el alboroto.
Varias viejas encopetadas fueron en auxilio de la novia.

- Pobrecita, mi reina, dejarla así plantada - dijo una.
- Todos los hombres son iguales...
- Tan bonita, y quedarse sola...
- Algo ha deber hecho este desgraciado...

Eran los comentarios de las distinguidas damas. 
- Por favor Diego, no armes ningún escándalo - le dijo la madre de Renzo a su esposo agarrándolo fuertemente del brazo.
Tomás estaba ileso observando como hipnotizado hacia la puerta de la Iglesia.
- Vamos vente conmigo - le dije a Tomás tomándole del brazo y lo lleve hacia la sacristía. - Anda rápidamente a tu cuarto, pon seguro y no salgas de allí - le ordené mientras que veía que el padre de Renzo se aproximaba. - Soy hombre muerto - pensé al ver como aquel mastodonte venía contra mí.
- Dígale a ese cura maricón que salga y se enfrente como hombre - me gritó.
- Diego, por Dios, cálmate - le dijo su esposa.
- Primero, vaya hable con su hijo - le dije
- Usted no es nadie para decirme lo que tengo qué hacer - me volvió a gritar.
- Ni usted tampoco - le grité hecho el valiente aunque por dentro estaba que temblaba pensando en el puñete que me iba a dar.
- A mí usted no me grita - me dijo el gritándome.
- Ni usted tampoco - le grité también.
- Por Dios Diego, baja la voz. El es sacerdote.
- Tomás es Maricón - dijo Diego en voz alta.
- El padre ha sido maricón - empezó el murmullo de los invitados que nos rodeaban.
 
Le quede viendo a los ojos y le dije - Acaba de escupir al cielo -

- ¡Ooooh! - se oyó de nuevo el murmullo.
- Vaya hable con su hijo, Tomás no tiene nada que hablar con ustedes. - le dije.
- Tomás hizo esto a propósito para dañar el matrimonio de mi hijo. - me dijo Diego lleno de iras.
- Tomás no tiene nada que ver en esto. El reemplazo a padre Alberto...
- Entonces ¿ Por qué no dio usted la misa? - me increpó.

Otra vez me dije a mi mismo  - Dios mío  -

- Porque soy hermano, todavía no soy sacerdote...
Respiré profundo y me dije - Estoy hundido, mi misión se arruino. Miguel se dará cuenta que no soy cura -
- Diego, el hermanito nada tiene que ver en esto. Vamos a
  casa y conversamos con Renzo, compórtate por favor y no  
  hagas escándalo. Suficiente con el que ha armado tu hijo.
- Es tu hijo también - le recalcó el.
- No te hagas el macho conmigo, que las preferencias sexuales
  las pone el padre. - le dijo ella furiosa y aquel mastodonte
  se amansó. Ellos se retiraron y ni siquiera se despidieron.

La novia todavía no se recuperaba totalmente y se encontraba en el suelo.

- ¿ Estas bien? - le pregunté.
- Sí, ya me siento mejor padre.
- Lamento mucho lo que paso, pero era preferible que pase.
- ¿ Es cierto lo que dicen que aquel cura es maricón?
- No lo sé, me acabo de enterar.
- No deben permitir a maricones en la Iglesia - me dijo ella.
- Pero tú ibas a permitir a uno de ellos como tu esposo  - le dije.

Ese rato ella abrió los ojos mas de lo normal. Me quedo viendo como espantada y se desmayo.

- ¿ Qué paso ? - me preguntó una señora al ver que la novia se volvió a desmayar.
- La bendita prudencia - le dije alzando mis hombros y me retiré y vi como otra vez cayeron las viejas pitucas a auxiliarle.
- Pobre guagua, como ha sufrido - dijo una de ellas.
Una sensación de tristeza y confusión reinaba por todo lado. Las mujeres que tanto se habían arreglando, puesto sus mejores vestidos y perfumes iban abandonando el lugar, al llegar a la salida daban un suspiro. En pocos minutos la Iglesia quedó vacía con las flores y los adornos dentro. El sacristán cerro la puerta. Me senté frente al altar y se repetía dentro de mí aquella frase que Diogo me enseño en Conspiccius. " Nada es casual en esta vida, todo tiene un propósito oculto. Es Dios quien burlón, gusta disfrazarse de azar" y viendo a mí alrededor sentí un nudo en mi garganta y un sabor amargo en la boca.


Por la noche estábamos tan solo dos en el comedor y aunque la mesa estaba servida, Tomás no tenía apetito. Los dos nos mantuvimos en silencio y nos veíamos las caras. Eran rostros de preocupación.
Miguel llegó y nos dijo - Alberto está mejor. Tendrá que pasar algunos días en la clínica porque su corazón está muy débil. Aparte de eso, este día ha sido lleno de emociones fuertes - dijo suspirando - Los padres de Renzo fueron a contarme todo lo sucedido y quiero hablar a solas - dijo dirigiendo su mirada hacia Tomás - Nos disculpas Francisco - me dijo.
Tomás fue a conversar con Miguel mientras que me dirigí hacia el dormitorio pensando en todo lo que podría pasar.
Después de una hora Tomás entro en mi dormitorio - David, Miguel lo sabe todo, pero quédate tranquilo, no te involucre para nada en el embrollo. Tú no sabes nada.
- La ley del mono - le dije.
- Ojalá que Diego supiese aplicar esta ley. 
- ¿ Qué paso ?
- Diego llamó al provincial y pidió que me expulsen de la
  Comunidad. Mañana viene el provincial con su séquito para 
  Juzgarme. No sé si tu estarás presente. Tengo entendido
  que mañana vuelves para Quito y luego vuelves a Italia.
- No estaré presente. - le dije desconcertado.
 
Mi misión había sido hecha. Aurelio identificó a la mujer, sabía su nombre la dirección e incluso sabía la cantidad de dinero que le era asignada. Con esos datos, Aurelio pasaría el informe al provincial de la comunidad y luego enviarían al ecónomo.
EL QUE ESTE LIBRE DE PECADO QUE LANCE LA PRIMERA PIEDRA

Domingo por la mañana llegó el provincial, con Jorge, Teodoro y Alcisar que eran los consejeros.
- Francisco queremos que te quedes con nosotros, tendrás voz y voto en la reunión - me pidió el provincial.
En la sala de comunidad nos reunimos todos excepto Tomás se fue a orar a la Iglesia.

- ¿ Qué hacemos con Tomás? - Preguntó el padre provincial.
- Será mejor darle el pase - dijo Miguel.
- Preferiblemente al extranjero - dijo Alcisar.
- Ese maricón tiene que salir afuera - dijo Teodoro en tono humillante.
- Nuestra congregación se ha caracterizado por tener hombres de bien. Un hombre con semejante degeneración tiene
  que salir fuera - dijo Jorge mientras que Alcisar y Teodoro
hicieron una señal de afirmación con su cabeza.
- Lo que me preocupa es que ese muchacho no tiene donde
  ir, su padre lo tendrás, no tiene absolutamente a nadie -
  dijo preocupado el padre provincial.
- La comunidad tiene el suficiente dinero para mantenerlo
  por un tiempo hasta que encuentre trabajo y se estabilice,
  es preferible que gastemos un poco de dinero en él a que
  dañe la buena imagen que tenemos - dijo severamente Jorge.
- Si permitimos que alguien como él se quede, después tendremos religiosos que querrán maquillarse y de pronto querrán utilizar velo - dijo Teodoro quebrando su mano en
son de burla. Alcisar y Jorge lanzaron una carcajada. 

- ¿ Cuál es tu opinión Francisco? - me preguntó el provincial.
- La decisión debe ser tomada por Tomás. Si él quiere quedarse será mejor devolverlo a Francia, caso contrario él mismo decidirá si se va.
- Lo mismo pienso yo - dijo Miguel.
- Un pecador como el debe mantenerse lo más alejado de nosotros - dijo Jorge con un gesto de odio y otra vez los borregos de Teodoro y Alcisar volvieron a afirmar con su cabeza.
- Ya basta!!! - gritó el provincial y viendo a sus consejeros les dijo - Tarea de hipócritas.
Los tres se quedaron estáticos y se pusieron a la defensiva.
- Para mi ser provincial no es nada fácil porque tengo que callar muchas cosas. - dijo el provincial, respiro profundo
vio hacia Miguel y dijo - Sé que uno tiene un hijo y desvió los fondos para mantenerlo...
En aquel momento Miguel esquivo su mirada.

- Pero no queda más alternativa, es la única manera de ayudar
  a su criatura. Pero de ustedes...
El provincial quedo mirando hacia sus consejeros - he tenido que hacerme el bobo y fingir que no sé nada, todo por no causar un escándalo o dejarlos fuera.
Tú Jorge - dijo enfáticamente y le señalo con su dedo - Tú que tanto hablas de santidad, de ser hombre de bien. ¿ Acaso confundes la homosexualidad con desviación ?
Jorge se hizo para atrás. Sus ojos estaban pendientes de lo que el provincial iba a decir.
- A ti te gusta llevar a los adolescentes del colegio a tu cuarto, les engañas diciéndoles que van a corregir juntos los exámenes y aprovechas para cogerles sus genitales y hasta los masturbas. La mayoría se deja, porque lo que les importa es que les pongas una buena calificación, pero algunos me han contado lo que tú haces. El otra vez vino el padre de familia de Juan Carlos Zandoval pidiéndome que te expulsara de la orden por morboso. ¿ Quieres también que pongamos a consideración tu caso en esta reunión para saber qué hacemos contigo?
Jorge respiró profundo, esquivo su mirada y se puso a ver hacia el techo. No quiso ver las caras de desaprobación de sus colegas Alcisar y Teodoro.
- Y a ustedes santos padres ¿ Quién les engañó que los heterosexuales son superiores a los homosexuales?
Teodoro y Alcisar inmediatamente se regresaron a ver sus caras. Sin darse una respuesta volvieron a ver el rostro del provincial.
- Nuestro santo padre y fundador, San Sebastián, fue homosexual.
- No puede ser - dijo Teodoro asombrado
- Los castigos que se autoinfringió fue porque sintió amor por un hombre. La Iglesia lo declaró santo porque con sus martirios trataba de extirpar aquel sentimiento considerado tan pecaminoso. Tomás ama a ese hombre. ¿ Acaso el amar es pecado?
Nadie supo qué responder.
- Tomás es juzgado por amar a un hombre. Tu Jorge tienes relaciones en las que no existe el amor de por medio y juzgas a Tomás. - Dijo observando a Jorge y luego dirigió su mirada hacia Teodoro y Alcisar. - Y ustedes dos creen que no sé que para nada cumplen con su voto de castidad.
¿ Quién este libre de pecado que lancé la primera piedra? - ordenó.

Todos agachamos la cabeza y nos quedamos en silencio.
- Los que quieran que Tomás se quede y le demos el pase para Francia, que levanten la mano - dijo el provincial.
Jorge fue el primero en levantarla. Luego todos hicimos lo mismo.

- Tomás regresa a Francia - dijo el provincial y se retiró.

         
Tomás sintió unos pasos que caminaban por la Iglesia. El pensó que era alguno de sus acusadores y no regreso a ver. Tan solo apretó sus manos y en oración le pidió al Creador que calme su suplicio.
- Quisiera tomar toda tu locura y darte mi tristeza - dijo una voz conocida para Tomás.

- Toma mi cruz - le dijo Tomás al verlo.
- He llevado tu cruz  y la mía por toda mi vida - le dijo Renzo.
- No la llevaste, te ibas a casar - le reclamó Tomás.
- Tú te casaste primero, y con Dios - le increpó Renzo.
- Fue mi decisión y así no hago mal a nadie.- dijo Tomás firmemente.
- ¿ Qué vas hacer ahora? - le preguntó Renzo.
- Depende...

Renzo entendió lo que Tomás le quería decir.

- ¿ Dejarías los hábitos por mí ?
- ¿ Dejarías a tus  padres, tu status, tu apariencia por
    mí ? - le preguntó Tomás.
Los dos quedaron por un momento en silencio, hasta que Renzo viendo hacia el crucifijo que estaba sobre el altar hablo:
- ¿ Por qué aquel Jesús se lo ve tan triste ?
- Porque así es como tú lo quieres ver
- Nunca he visto una imagen de Jesús alegre, siempre
  lo veo con cara de pena o cara de bobo.

Tomás se rió. - Jesús no era así. Es la Iglesia la que ha hecho esa imagen de él.
- Además en la Iglesia son racistas - le dijo Renzo 
- ¿ Por qué ?
- En la mayoría de casos Jesús es blanco, pelo claro y ojos azules.
- Y eso que no has visto al Divino niño.
- ¿ Quién es?
- Es un guagua precioso, blanco, rubio y ojos azules.
- ¿ Acaso fue Jesús así?
- Para nada. En Palestina, no son así - le dijo Tomás.
Renzo empezó a caminar hacia el altar. - Creo que Jesús debe haber sido un hombre alto, fornido, muy apuesto, fuerte de carácter, que con las mujeres, tierno con los hombres, bromista con los apóstoles, juguetón con los niños y ponía en el puesto a los hipócritas.
- Además tenía un apóstol que era gay - le dijo Tomás.
- ¿ Noooo ? - dijo Renzo.
- Siiiiii - le dijo Tomás 
- ¿ Quién era ?
- Juan
- ¿ Cómo lo sabes?
- Me lo dijo Padre Francisco.
- ¿ Quién es él?
- Es un teólogo moderno, estudio en Italia y es visitador.
- Me gusta la idea. - dijo Renzo - Jesús ando con los rechazados, es por eso que debe haber elegido a Juan.
- Juan fue el apóstol a quien Jesús más amo y Juan amo
  tanto a Jesús, que cuando lo apresaron, todos los apóstoles
  heterosexuales salieron corriendo y se fueron muertos
  de miedo a esconderse, mientras que Juan estuvo con 
  Jesús hasta su muerte.
- A él no le importo el resto - le dijo Renzo.
- Cuando un hombre ama a otro hombre, no le importa nada.- le dijo Tomás,
- Así te amo yo - le dijo Renzo.

Tomás lo miro con gesto de ternura y le preguntó:

- ¿Estas dispuesto a cargar tu cruz conmigo? - le preguntó.
- Tu amor, es mi cruz y tu cruz es mi condena. - Respondió Renzo dándole un beso en la frente.
- Quiero condenarme contigo.- le dijo Tomás.
- Deja todo esto y vámonos - le propuso Renzo.
- No tenemos dónde ir - le dijo Tomás.
- Tengo guardado algún dinero, iremos a Quito y conseguiré
  trabajo. Tú también lo conseguirás, mientras tanto
  arrendaremos un departamento pequeño. ¿ Aceptas mi propuesta?
- Sí - respondió Tomás.

    
El momento de mi despedida llegó. Miguel y Tomás salieron a despedirme. - Espero tenerte de nuevo - me dijo Miguel. - No sé cuando vuelva. Voy a Quito, visitaré a unos familiares y luego regresaré a Roma - Estoy seguro que no te vas a olvidar de nosotros. - Nunca - le dije y me dio un abrazo. Luego Tomás se acercó hacia mí. - Adiós Francisco. No se cuando te volveré a ver - Muy pronto. Guarda el secreto que te dije y llámame dentro de tres meses. - Correcto. - le dije - Tomás me abrazo fuertemente. - Adiós mi buen amigo. - No digas Adiós, di hasta pronto. - le dije. - Cuídate mucho. - Sé feliz.
Me aleje de aquel recinto. Todos en aquella furgoneta todos íbamos en silencio. Al aproximarnos a Quito escuchaba cantar a Víctor Heredia en la radio - amanecer frente a tu casa, sin saber que pasa, eso es morir de pie...
Y el auto paso frente a la casa de Matías. Ese momento me di cuenta que volví a la realidad y que aunque fingí ser cura, experimente que detrás de los hábitos se esconden realidades que los fieles jamás llegarían a pensar.


- Todo es un show - dijo Cornelio al ver como en la televisión los políticos se peleaban, se insultaban el uno al otro y todos hablaban en nombre del pueblo y de la patria.
- Todos persiguen el poder  y en el fondo todos son masones.
  Lo que ves es una farsa y todo el pueblo se cree aquella
  parodia.

         
EL HABITO NO HACE AL MONJE
- Vas a ser de nuevo religioso - me dijo Aurelio. - Renuncio - respondí enojado y Aurelio se rió. - No vas a ser otra vez sacerdote, iras a una comunidad que tiene como carisma el ser activos y contemplativos. - ¿ Quiénes son ? - Investiga - me dijo - No me digas también que tengo que investigar lo que voy a hacer.
- El prior de la comunidad en Cuenca tiene a la comunidad abandonada, se comenta que sale con una mujer casada, pero el principal problema es el que no hay un solo postulante que llegue a ser novicio. Bernardo los expulsa aduciendo varias cosas, pero en los informes que manda a Burgos consta que los expulsa por homosexuales. Tienes que averiguar que hay detrás de eso.
- ¿ Es homofóbico ?
- No lo sé, lo único que sé, es que para un religioso homosexual, sus peores enemigos son sus hermanos en Cristo.
  Bernardo acaba de expulsar a Jaime, un postulante de 27 años
  que quería ser sacerdote. Este anda diciendo a Raymundo y
  todo el mundo que aquella comunidad es un relajo y Jaime asevera que no es homosexual.
- ¿ Cuándo iré a esa comunidad ?
- Tienes todo el tiempo del mundo - me dijo Aurelio - Mientras
  tanto investiga al Club 700.

         
DE LOS ESTADO UNIDOS CON AMOR...
En un programa de televisión aparecen los niños aucas pescando con sus lanzas. Una voz en off dice - Esa es la manera como los salvajes ecuatorianos aprenden desde temprana edad a asesinar.
La animadora horrorizada dice que Ecuador es un país lleno de salvajes y alaba a Dios porque la evangelización y la civilización llegaron a este país gracias a ellos. Los misioneros estadounidenses.
En aquel vídeo sobre el d no se muestras ciudades como Quito, Guayaquil o Cuenca, tan solo se muestran comunidades de aborígenes que ellos llaman salvajes pero que en si son más civilizados que nosotros por el respeto que tienen a la naturaleza. El montaje es perfecto, ante el resto del mundo fuimos presentados como unos salvajes y asesinos. Y los animadores del club 700 como nuestros salvadores y además quienes nos trajeron la civilización.
- Los Católicos ya estuvimos mucho antes que ellos llegaran - me dijo Cornelio al ver aquel programa.
- Cuando hay estados de emergencia en cualquier país del mundo, los primeros en salir corriendo son los protestantes, nosotros nos quedamos hasta el final - dijo Laurentino.
- Luego ellos se ponen como los nuevos evangelizadores -
  dijo con despecho Rafael.
- Van donde nosotros ya hemos llegado - dijo Roberto.
- Todo lo que esta bajo el poder e influencia del informe Rockefeller se olvida de la opción por los pobres. Los grupos protestantes toman a la riqueza como una bendición,
y enseñan a los pobres que su pobreza es voluntad de Dios y que Dios es quien elige los gobernantes de la tierra. Sobre la base de una falsa promesa de salvación y vida eterna se les enseña a los pobres a que a conformistas. - Fue mi informe.
ANTES Y DESPUES
Roberto me puso sobre el escritorio dos dibujos de mi rostro.
- Antes - me dijo señalándome al de su derecha - y después - me dijo al señalarme el de su izquierda.
- Para hacerme esa transformación, necesitaré plata - le dije.
- La conseguirás. - me aseguro.

         
- Madre Dominique, quiero ser sacerdote - le dije cuando estabamos los dos cocinando. - ¡ Estas loco ! - me dijo ella. - Quiero servir a Dios - le dije mientras pelaba las papas. - No necesitas ser sacerdote para servir a Dios.
- Pero me gustaría ir a una congregación que tenga como carisma el ser activos y contemplativos.
- ¿ Contemplativo?
- Sí, contemplativo - le dije ante su duda.
- No sirves para contemplativo, olvídate de eso, no quiero
  que sufras como yo he sufrido por ser religiosa. - me dijo.

         
- Madre Rosaura, quiero ser sacerdote - le dije a mi tía.
- ¡Gracias a Dios! - exclamó ella - un religioso más en la familia. Tú tío también lo fue. El fue franciscano.
- Lo sé...
- ¿ Quieres llevar los hábitos franciscanos?
- Ya los llevé - le dije.
- ¿ Cómo ? - me dijo ella admirada.
- Sé mucho de San Francisco que me siento franciscano sin  
  estar dentro de la orden - le dije.
- ¿ Por qué no te haces uno de los nuestros ?
- Quiero ir a una congregación que tenga como carisma el ser
  activos y contemplativos - le dije.
Ella se quedó pensando y me dijo - anda habla con padre Felipe, del San Vicente de Paul, el te ayudará.

- Padre Felipe, quiero ser sacerdote.
- ¿ Secular o religioso ? - me preguntó.
- Religioso.
- ¿ De qué orden ?
- De una activa y contemplativa.

Padre Vicente se quedó pensativo y viéndome de pies a cabeza.

- ¿ Por qué quieres ser contemplativo ?, tan solo pocos tienen
  ese don.
- Porque escuché el llamado de Dios - le dije.

Padre Vicente se quedó otra vez pensativo.

- Estas loco, hijo mío - me dijo poniendo su mano sobre mi hombro.
- ¿ Por qué?
- No existen tales llamados de Dios, nosotros nos hemos inventado para presumir que somos elegidos. Anda y vete tranquilo, deja de tomar y de fumar.


- Este es Jaime - me presentó mi jefe - El acaba de dejar el Carmelo para ser sacerdote. No le gusto para nada la comunidad y ahora quiere ingresar a otra comunidad. Tal vez usted que conoce a padre Jácomo puede ayudarle -
- ¡Dios! ,no puede ser tanta coincidencia. - me dije a mí mismo.

        
- Aurelio, soy un genio, descubrí la comunidad - le dije emocionado. - No lo descubriste, todo fue coincidencia - me dijo. - ¿Cómo lo supiste? - Te vi cuando conversaste con Jaime... Me quede en silencio, vi sus ojos y lo entendí todo.
Entre por primera vez a Santa Teresita, me senté frente al altar, un sacerdote español salió a dar la misa. Al ver las estatuas de los fundadores del Carmelo se me estremeció el cuerpo. - No puede ser, me estoy volviendo loco.- me dije a mí mismo. El color del hábito era exactamente el mismo que había visto cuando Diogo me hizo la regresión.
Al acabar la misa me acerqué donde un sacerdote que confesaba.

- Padre quiero ser religioso - le dije.
- Pues has escuchado el llamado de Dios - me dijo dulcemente - tendrás que hablar con el provincial.


Pocos meses después estaba teniendo una entrevista con Bernardo para ser admitido como postulante de la orden.
Al verlo, otra vez sentí que se me estremeció el cuerpo.
- Este hombre va a ser mi dolor de cabeza - pensé.
Bernardo era alto, tenía treinta años, se estaba quedando calvo, blanco y muy apuesto. Severo en su rostro, pero en sus ojos guardaba un gran secreto.
- Nuestra comunidad es una de las mejores, somos los intelectuales de la Iglesia. - me dijo orgulloso.
- Pensé que eran los jesuitas - le dije.
- Sé que tienes influencias de ellos por padre Jácomo, él fue
  mi profesor y sé que fue tu maestro de oración. Eso te  
  servirá con nosotros.
- Lo sé.

Bernardo me quedó viendo de pies a cabeza como tratando de oscultarme o descubrirme algo.

- Si yo descubriese algo en ti que fuese incorrecto y te
  expulsaría de nuestra comunidad. ¿ Te sentirías fracasado?
- No - le respondí fríamente.
- ¿ Por qué ? - me preguntó y me quedo viendo fijamente a los ojos.
- Porque ustedes son dependientes, yo soy independiente - contesté.
Bernardo respiró profundo y me preguntó - ¿ Eres homosexual? 
- No - respondí.
- ¿ Qué opinas de los homosexuales?
- Lo que cada cual haga en la cama, no es de mi incumbencia.

Bernardo se levantó de su asiento, respiró profundo y me dijo
- Necesito tu fe de bautismo, una solicitud dirigida al provincial y dos fotos. Entras como postulante carmelita desde el primero de octubre.
Respire profundo y le dije - Gracias.

Me retiré y me fui a la capilla y lágrimas salieron de mis ojos.

- ¿ Por qué lloras ? - me preguntó Marcelo, un novicio.
- Mi vida se basa en decisiones, en decir "si" o decir "no".      
El dijo - nuestra vida se basa en lo mismo.
Y me quede en silencio, por no decirle la verdad - No tienes idea lo humillante que es para mí tener que mentir sobre mi preferencia sexual, para poder ingresar a una comunidad en que aunque mi motivo es investigar, sé que puedo servir a Dios...

- Madre Dominique, necesito mi Fe de bautismo, ¿ La tiene?
- Te bauticé quince días después de nacido porque casi te 
  mueres, ese bautismo no lo registramos. Pídele a tu madre
  adoptiva que te de la fe de bautismo que te hicieron antes
  de que hagas la primera comunión.
- Prefiero volverme a bautizar - le dije.

        
- Padre, necesito encontrar una partida de bautizo - le dije al director de la Curia. - ¿Para qué la necesita? - Voy a estudiar para sacerdote - le dije. - Pídela a tus padres - me dijo él anciano. - No tengo padres propios. Soy adoptivo. El me quedo viendo con gesto de desprecio. - Según el derecho canónico, los hijos bastardos no pueden ser sacerdotes - me dijo. - Según el derecho canónico de su época - le dije. - En mi época solo podíamos ser sacerdotes los hijos de buenas familias - me dijo él sintiéndose muy orgulloso de sí mismo. - Es por eso que la Iglesia está en decadencia - respondí fríamente. - Anda y haz que te bauticen de nuevo - me gritó.
- Voy a ser tres veces declarado hijo de Dios y usted me dice Bastardo - le dije enojado y me despedí.


El mismo día que me gradúe en la Universidad, tuve que viajar a Cuenca a la casa donde vivían los postulantes.
Apenas llegue a la casa Bernardo empezó a darme el horario.
- A las cuatro y media nos despertamos. De cinco a seis tenemos maitines, a las seis y media desayunamos...
Mientras que Bernardo hablaba me daba la sensación de que había vuelto a Conspiccius.
- Tienes que obedecer lo que dice el Padre Prior - me dijo Hernán. Un postulante que iba por su segundo año y por su forma de hablar se le notaba ciertos rasgos afeminados.
- ¿ Por qué ? - le pregunté.
- Porque nuestra santa madre, Santa Teresa y nuestro Santo Padre, San Juan de la Cruz, dicen que la voz del Prior es la voz del mismísimo Dios.
Quede viendo a Bernardo. Sus ojos negros se clavaron en los míos.
- Cuando tuve la visión del demonio, sus ojos eran igualitos a los de este - me dije a mí mismo.
- ¿ Has entendido David, que la voz de Dios, es la voz del Prior ? - me dijo Bernardo.
- No creo en esas antigüedades - le dije.
- Pues los carmelitas sí - me dijo Bernardo.
- No seas conflictivo y dale la razón a nuestro santo Padre Prior - me dijo Hernán, cruzando los brazos.
- ¿ Santooo? - le pregunté.
- ¡Qué cepillo que eres! - le dijo Sebastián, un postulante que venía de Quito.
- Es el chismógrafo de la comunidad - me dijo al oído Santiago.
- ¿ Cómo así quieres ser sacerdote ? - le pregunté.
- Mi madre no podía tener hijos y le hizo una promesa a Dios de que si quedaba embarazada su hijo se lo entregaría al Señor y veme aquí. Estoy jodido.
- Y no puedes llevarle la contraria.
- Dios no quiera, me hace sufrir mucho diciéndome que me voy en contra del cuarto mandamiento. No tienes idea lo curuchupas que son en Cuenca - me dijo Santiago y Bernardo le alcanzó a escuchar.
- David, Cuenca es diferente a Quito. Aquí la gente es demasiado conservadora y curuchupa. Cuídate!!!, porque por adelante te están alabando y por detrás te están criticando.
- Lo haré.

        
Una tarde entre ayudar en la cocina.
- Davicito, ¿ cómo hago para que estos curas me paguen mi seguro? - me dijo doña Virginia, la cocinera de la comunidad.
- ¿ Cuánto tiempo trabaja para ellos ?
- Veinte años.
- Y no le han asegurado
- Para nada, ni siquiera vacaciones tengo.

Ese momento me reí.

- Usted si que es malo, Davicito, se burla de mi desgracia.
- No es eso, doña Virginia. El domingo escuché a padre Saul  
  dar tremendo sermón sobre la justicia social y la opción
  preferencial de la iglesia por los pobres.
- En arca de herrero, cuchillo de palo.- dijo ella decepcionada.
- Tiene que ir al seguro y decir que no le han afiliado.
- ¿Y si me botan del trabajo? - me preguntó ella muy asustada.
- No le botaran, no les conviene. Les saldrá caro.
- Gracias, Davicito, cualquier cosa que quiera yo le de ayudar.
- Doña Virginia, me contaron por allí que Bernardo es amante de Marta - le dije.
- Usted si que es tarado - me dijo ella.
- ¿ Por qué ?
- Cualquier idiota se da cuenta...
- Me es difícil imaginarme eso de Bernardo - le dije.
- Bernardo ha sido el peor prior que ha tenido esta
  comunidad. El es amante de la esposa de su mejor amigo.
De él se puede esperar todo. Marta viene aquí casi todos los días diciendo que es para confesarse, pero yo no me trago ese cuento ni algunos de los que ya se fueron.
- ¿ Qué paso con ellos ?
- Cualquiera que se de cuenta de la relación que tiene
  Bernardo es expulsado de la comunidad.
- ¿ Por qué expulsaron a Jaime ?
- No sé, desde el día que asaltaron a Padre Víctor, Jaime cambió radicalmente y se fue.
- ¿ Quién es padre Víctor?
- Es un hombre santo, es el padre más santo que yo he visto en
  esta comunidad. El se sabía castigar con silicios.
- ¿ Se azotaba ?- pregunté asombrado.
- Sí, se azotaba por sus pecados. Yo sinceramente no sé de 
que pecados se arrepentía porque era un padre demasiado bueno. Era un lindo mi padre Víctor. Imagínese que ese padre era tan santo, que después de lo que le asaltaron en la sacristía fue a latiguearse con los silicios que tiene en su cuarto, pidiendo perdón por los pecados del ladrón. Eso solo hace un hombre santo.
- No entiendo porque llaman santo a un hombre que atenta contra su propio cuerpo - le dije extrañado.
- La carne es pecado - me dijo doña Virginia asustada.

         
- Hola David, ¿ Cómo te ha ido ? - me saludo Marta una tarde. - Muy bien ¿ Y a ti ? - No tan bien como ti, es por eso que vengo a confesarme con Bernardo. ¿ Esta aquí ? - Sí, pasa no mas a su cuarto. - Gracias - me dijo sonriente.
- Lo que tiene que hacer uno por ganarse unos centavos - me dije el rato que me toco subir al techo de la Iglesia para poder observar desde allí al cuarto de Bernardo.
La confesión, era singular. Marta, una mujer de treinta y ocho años le conversaba a Bernardo todos sus pecados en la oreja, abrazándolo para que él la escuchara mejor. . Luego le perdonaba con caricias y de penitencia, mejor ni les cuento...
La confesión duraba en promedio de quince a treinta minutos.
Creo que Marta era demasiado devota o demasiado pecadora que por lo menos este sacramento se repetía de tres a cuatro veces durante la semana.
Un sábado por la noche los seguí y encontré a Marta acariciando a Bernardo detrás de la Iglesia. Ellos quisieron disimular, pero fue demasiado tarde. Empecé a caminar y pase junto a ellos como si no hubiese visto nada.

- David,  sírvete esta mandarina - me dijo padre Saul.
- No, gracias. 
- Pero sírvete, estas flaco - insistió él.
- Ya no avanzo.- respondí.

Saul creía que le estaba despreciando.

- David, te la estoy dando de buena gana...
- Saul, para mí la palabra "no" significa "no"
- Lo que pasa es que no te gusta nuestra comida.- dijo Saul.
- No es eso, realmente aquí hay demasiada comida y tan
  solo de verla me he llenado.
- Pero es mala, no se come tan bien como en España -   me dijo    él frunciendo el ceño.
- Tienes la razón. Hoy no desayune porque no había jamón en
  la mesa, en España lo teníamos todos los días. - dijo          Bernardo.
- Y teníamos del buen vino.- agregó Saúl.
- Para nosotros es sagrado los viernes por la noche comer
  camarones y el domingo pollo - dijo Bernardo.
- Además del flan que nos trae doña Carmenza - agregó Saúl.
- ¿ Y si no hay camarones, pollo y flan ? - les pregunté.
- Saúl y yo no comemos - respondió Bernardo.
- ¡ Qué darían los pobres por tener lo que tenemos en la 
mesa y ustedes dicen que es malo - les dijo padre Alfredo. Un anciano que tenía una fundación para ayudar a los pobres.
- Que haya pobres, no es nuestra culpa, Dios diseño de esta manera el mundo - dijo Bernardo estirando sus brazos en señal de cansancio - Hoy he trabajado como nunca, he dado tres misas. - y bostezó.
Sebastián me regresó a ver y me dijo en voz baja - si este trabajaría como cualquier normal, se muere.
- No tiene idea de lo que es trabajar. - le dije.
Mientras cenábamos, padre Alfredo le paso el periódico a Bernardo diciéndole - Tú eras confesor de este muchacho, mira lo famoso que es ahora.
Bernardo vio la foto de aquel torero en la primera plana del periódico. Su rostro cambió al verlo. Una nostalgia profunda se vio en sus ojos.
- ¡ Qué pena! - dijo Bernardo en un sollozo y puso a un lado el periódico.

- ¿ Por qué ? - Le pregunté.
- Es sufre mucho interiormente.- y dio un suspiro.

Bernardo no pudo seguir comiendo.

- ¿ Por qué no comes ? - le preguntó padre Alfredo.
- Desprecias la comida al igual que David - le dijo Saul.

Bernardo suspiro y poniendo sus manos sobre la mesa dijo 
- Esto es demasiado para mí - Luego tomó la mano de padre Alfredo y le dijo - Padre, a usted Dios le ha de escuchar más que a mí. Tengo apenas 30 años y esta cruz me es fuerte, ya no la soporto. Pídale a Dios que me lleve...
- No me pidas eso, El sabrá cuando le tendrás que dar cuentas - le dijo Alfredo.

Luego Bernardo se retiró de la mesa.
Al siguiente día Bernardo tenía que dar la primera misa de 6 de la mañana, como era Sábado, el resto de la comunidad dormía.
Mientras Bernardo estaba en la Iglesia, entré a su cuarto que olía todo a cigarrillo. Al ver el cenicero estaba lleno de colillas. Sobre su escritorio estaba un libro llamado El Retorno de lo Brujos. - Si el lee esto, pronto dejara de ser cura - me dije a mí mismo. Aquel libro tenía una dedicatoria de Marta. Había otro libro llamado El último Evangelio de Juan, que tenía una dedicatoria del esposo de Marta. Por lo que Aurelio pudo averiguar. Marta y su esposo eran masones.
Al ver el tacho de basura, noté una funda de papel que envolvía algo. Abrí la funda y dentro estaba una botella de licor. Bernardo había estado bebiendo solo toda la noche. En su velador había una sobre. Era una carta para él, la abrí y leí lo siguiente:
"Bernardo, te ame, te amo y te amaré siempre. Nuestra relación es imposible. Tú que no sabes que mismo quieres de la vida y yo con mi fama tengo que guardar las apariencias. Pero a pesar de todo fui tuyo y fuiste mío y eso nunca se borrara de mi mente. Ahora me has dejado de llamar y de escribir, tratas de seguir con tu proceso de maldita beatificación para ser provincial de la orden, pero no vas a lograr nada hasta que no te encuentres a ti mismo. Con tu forma de ser indefinida, lo único que sabes hacer es daño en nombre de Dios.
No pienses que te voy a escribir de nuevo, dicen que es fácil olvidar, pero yo no puedo, pero por lo menos al no verte, la vida no se me hace tan dura.
Te ama,
El nombre del que firmaba la carta, era el mismo torero que salió en primera página del periódico.

Marta me invitó a cenar un día antes de Navidad.

- ¿ Con quién vas a pasar la Navidad ? - me preguntó.
- Con madre Dominique.
- ¿ Es monja?
- Sí
- ¿ Y tu familia ?
- Ella es mi familia.
- Pero, ¿ tu madre propia ?
- No la conozco.
- Pero ¿ Sabes su nombre?
- Se llama Rebeca
- ¿Y  el de tú padre?
- Rogelio...
- ¿ Qué apellido?

Le di los apellidos.

- Yo lo sabía - gritó ella asustada - tú eres hijo del Rogelio.
- Es idéntico - dijo la madre de Marta.
- Nosotros te invitamos a casa porque te pareces mucho a
  Juan José, tú hermano.- me dijo Patricio, el esposo de Marta.
- Yo soy prima de tu padre - gritó Marta emocionada levantándose de su asiento y llevando sus manos al rostro.
Al oír aquello, me agarré duro de la silla y otra vez apareció en mi mente la frase - No puede ser -
- ¿ Conoces a tú padre ? - me preguntó Marta.
- No, supe que está muerto.
- Si, murió en un accidente de tránsito - me dijo su esposo. 
- Tú abuelo está en Cuenca, este momento le vamos a visitar y
  le contaremos todo. - dijo Marta emocionada.
- Ojalá que no le de un ataque - pensé.

         
- Armandito, en una conversación que tuvimos con él, nos enteramos que David es hijo de Rogelio. Por lo tanto es tu nieto - le dijo Marta al anciano que era el padre de mi desconocido padre.
El viejo me quedó viendo y noté furia en sus ojos. El agarrándose duro de su bastón se levantó y señalándome con su dedo me dijo - Usted no se va a burlar de mí, lo que quiere es nuestro dinero...
- No me hace falta, he vivido en mejores casas que esta - le dije.
- No seas orgulloso - me dijo Marta.
- Es que es la realidad, no necesito su dinero - le dije al anciano.

El otra vez me quedo observando y se le fueron las lágrimas.
- Hablas igual que mi hijo y tienes sus mismos gestos. - me dijo. Me quede en silencio al oír lo que me decía. - Voy a investigar. - dijo y se retiró.

- Bernardo, quiero confesarme contigo. - le dije.
- Habla 
- Ayer me masturbé.
- Eso no es pecado. Estas tensionado - me dijo.
- Creí que era pecado.
- A todos aquí dentro nos pasa.
- Creo que a ti no.
- ¿ Por qué?
- Tú eres amante de Marta - le dije
- No seas mal pensado - me reclamó enojado.
- Los he visto.
- Yo no he hecho nada con ella - me recalcó.
- No me niegues - le dije enfáticamente - Tú y Marta son  amantes.
- Cada ladrón juzga por su condición. Hay maldad en tu            corazón.
- No es maldad - le recalqué.
- Sí es maldad porque tus ojos se imaginan lo que no es. Marta y yo somos buenos amigos. Ve y reza tres padres nuestros y diez ave Marías y pide perdón a Dios por ser mal pensado. - me ordenó.

Al siguiente día recibí una llamada telefónica de Quito.

- Feliz día - me dijo madre Dominique.
- Feliz día - contesté.
- Tu abuelo acaba de llamar. Tienes tres hermanos. Tu abuelo y tu abuela fueron padrinos de vocación de mí y de Jácomo. Creo que tu padre nos vendía los autos para la comunidad, pero él muy cobarde me huía - me dijo mientras que me quede mudo.
- Te espero esta noche, cenaremos con madre Soledad. Madre Elizabeth te manda muchos saludos...

Una vez en Quito, en la casa de madre Dominique. La ama de llaves me dijo - Vinieron sus tíos, se encerraron con madre Dominique en la dirección. Yo traté de escuchar lo que hablaban, parece que ellos quieren que todo se oculte.
                      
Al siguiente día, un carro de la compañía de mis supuestos tíos apareció en la comunidad.

- ¿ Y este carro ? - le pregunté a madre Dominique.
- Me lo regalaron de Alemania.
- Pero el dinero de la fundación viene en Abril.
- Me lo adelantaron - dijo ella.
- Ya tenemos dos autos - dijo contento José.- Uno es para mi mamá y otro es para mí.
- Nada es tuyo, todo es de la comunidad - le dijo ella.
- No te hagas la loca, tú te has matado trabajando por todo
  esto y dices que todo es de la comunidad - le dijo José abrazándola.

                  *        *        *

- Aurelio, quiero salir de aquella comunidad.
- Ten paciencia - me dijo él.
- Ya no soporto estar allí, no tienes idea lo que estoy 
  sufriendo -
- Lo entiendo - me dijo él rodeando con su brazo mi espalda.
- Bernardo fue con Marta, Patricio y Monseñor Lima a hablar con tu abuelo y decirle que tú eras un impostor, que habías inventado toda esa historia y tan solo quieres su dinero.
- Tú sabes que todo fue casual - le dije.
- Nada es casual, tú sabes muy bien eso.
- Pero que tiene que ver Monseñor Lima en todo esto.
- Apariencias, querido, apariencias. Ante el resto aparece
  como el transformado, el servidor de las clases pobres,
  pero todavía los ricos y su conservadorismo le tienen 
  atado.
- Estoy a punto de botar la toalla.
- Sé fuerte - me dijo .
- ¿ Por qué tengo que estar más tiempo en el Carmelo si ya descubriste varias cosas de Bernardo?
- Un hombre como Bernardo no puede llegar a ser provincial - me dijo él.- Nosotros tenemos el poder de cambiar el futuro. Hazle creer que el tiene el poder.


En la Universidad contacté con Teo. Un estudiante de Teología que fue postulante del Carmelo y también fue expulsado por Bernardo.
- ¿ Por qué te expulsaron ? - le pregunté
- Bernardo me acuso de ser homosexual.
- Basándose ¿ en qué?
- Bernardo dijo que me vio besándome con un hombre cuando
  fuimos a la piscina.
- ¿ Es eso cierto?
- Noooo - dijo y movió sus manos con gesto femenino.

Posiblemente no sea cierto, pensé, pero al verlo noté que a Teo le salían las plumas.

         
Charly era otro postulante que salió de aquella comunidad. Logré hacerme amigo de él y pude conversar.
- ¿ Por qué quisiste ser religioso del Carmelo ?
- Porque en esa comunidad todos somos unas señoritas - me dijo con un gesto muy femenino que al verlo me dije - Este tiene plumas de avestruz.
- ¿ Por qué dices eso? - le pregunté.
- No hacemos nada, tenemos empleadas, nos tratan como reinas. Tan solo nos dedicamos a estudiar. Somos los intelectuales de la iglesia - dijo otra vez moviendo sus manos suavemente.
- ¿ Eres gay ?
- Como todos allí - me dijo.
- ¿ Quiénes son todos ?
- No me gusta generalizar, pero lo es el provincial, lo es Bernardo...
- ¿ Bernardooo?
- Sí.
- Se lo ve tan varonil - le dije.
- Todavía no tienes buen ojo. Mírale como come, como habla en
  ciertas ocasiones y te darás cuenta. 
- ¿ Quiénes más ?
- Son...
- ¡ Dios mío ! - suspire al oír aquella lista.
- ¿ Qué te pasa ? - me preguntó.
- Esta comunidad supera las estadísticas - le dije, me levanté - Gracias por conversar conmigo
- De nada, ven por aquí cuando quieras.
                    
         
- Feliz año - me saludo padre Saúl abrazándome. - Feliz año - le respondí. - Llegas temprano - me dijo Bernardo viendo su reloj. - Vine en avión. - Y por lo visto tienes zapatos nuevos que son caros y una chaqueta fina. - me dijo al viéndome de pies a cabeza. - Me los regalaron por Navidad. - No creo que las monjas tengan tanta plata. - Si no me crees es problema tuyo. Bernardo me tomó del brazo y me dijo - ¿ Dónde esta tu voto de pobreza? - ¿ Dónde está el tuyo ? - le pregunté. - No tenemos nada, la comunidad es la dueña de todo. - El voto de pobreza, aquí es un adorno... - Viniste a darnos clases de cómo vivir.- me reclamó. - No, pero realmente tan solo uno de ustedes cumple con el carisma de la orden. El resto tan solo está aquí por comodidad y vanidad. - Es por eso que va a venir el Provincial y tú vas a hablar él. Tú no tienes vocación para ser carmelita. - Lo seré eternamente - le respondí. - Yo tengo el poder de expulsarte y dejarás de serlo - me dijo con tono autoritario. - En tus manos nada esta, si crees que tienes poder te viene del mas allá. Todo esta dispuesto... Acaso no lo entiendes? - le dije en un tono irónico. - No lo entiendo.. - Es tomado de Jesucristo Superstar - y me reí.. - Jamás serás sacerdote - de dijo viéndome despectivamente. - El que fue sacerdote por una vez, lo es para la eternidad - le dije. - Tú no eres sacerdote - me dijo. - Tú no lo entiendes. - ¿ Y qué debo de entender ? - me preguntó molesto. - Nos volvimos a encontrar... y si no fuera por mí, nadie de ustedes estuviera aquí.
Bernardo respiró profundo. Su rostro era pálido, se dio la media vuelta mientras que Saúl suspirando, siguió con el sermón.
- David, te pido que dejes de ser mal pensado. Marta y Bernardo son buenos amigos.
- ¿ Cómo sabes que soy mal pensado? - le pregunté extrañado.
- Bernardo me lo contó.

Regrese a ver a Bernardo y le reclamé - Bernardo, eso te lo dije en confesión.
- Por si no lo sabías, cuando la confesión atenta a la Iglesia o a la buena marcha de la comunidad, esta puede ser revelada. Tú actualmente eres un peligro para la
  comunidad - me dijo mirándome con despreció.
- ¿ Por qué ?
- No tienes idea del valor del dinero, cada vez que viajas
  lo haces en avión, y no contribuyes nada a la comunidad
  económicamente. Además acabas de encontrar a tu familia
  que es millonaria y te dejaras seducir por su dinero.
- No hace falta...
- No quiero que pidas nada a esa familia, primero esta
  tu vocación - me ordenó.

Le vi a sus ojos y tan solo pude decir mentalmente - Hipócrita. 
          
En el Sermón del domingo Bernardo dijo - Queridos hermanos, hoy estamos vestidos de morado, porque esto significa que entramos a la cuaresma, por lo tanto nos estamos preparando para entender el significado de la muerte de Cristo.
 
- Y a tú muerte - le dije mentalmente.
- Hermanos míos. Lo importante en esta época es tratar de ver nuestros pecados, enmendarlos, volver nuestros ojos al padre y sobre todo amarnos los unos a los otros como El nos amo.
- Padre Bernardo es un santo - dijo un feligrés que estaba junto a mí.
- Es un sacerdote integro - dijo una beata.
- Es un sabio - dijo una carismática.
- Es una apariencia - dije en mi mente.

Llegó el momento en que el consagró la hostia. Me quedo viendo a los ojos y me salí.

A la noche llamó Aurelio y me paso un mensaje - Estate listo para dejar la comunidad.

         
Después de rezar maitines. Bernardo vino a mi dormitorio y con su rostro lleno de furia gritó:
- Tienes hasta las diez de la mañana para dejar la comunidad.
- ¿ Por qué me expulsan ? - le pregunté.
- Lo único que te digo es que tienes hasta las diez para
  dejar esta comunidad, lo hemos decidido todos. Eres
  un peligro para la orden - me gritó de nuevo señalándome con su dedo.
- No tengo dinero para regresar.
- Pide a alguien que te ayude.
- No tengo a nadie quien me ayude en esta ciudad - le dije.
- Eso no es de mi incumbencia - respondió él alzando sus hombros. Luego volviéndome a señalar con su dedo índice y amenazándome me dijo - si hasta las diez no has salido, yo mismo botaré tu ropa en la calle.

- Aurelio, me expulso. No tengo dinero para volver - le dije por teléfono.
- Manténte allí y actúa  con el cuarto paso.
- Si digo la verdad me ahorcará.
- El que se ahorcara será el mismo. No tendrá alternativa, o
  deja la comunidad o se casa.
- O me mata.
- No te pasará nada.

         
- Marcelo, ¿ Puedes ayudarme ? - le dije al chismoso del grupo juvenil. - ¿ Qué paso ? - Me expulsaron de la comunidad. - ¿ Por qué ? - Descubrí que Bernardo y Marta tenían amoríos. - Sabes que me lo sospechaba, pero ahorita me lo acabas de confirmar - dijo el sonriendo pícaramente. - ¿ Cómo te puedo ayudar ?
- Tengo que esperar hasta mañana que me den las notas de la universidad y por la noche viajaré a Quito. Me puedes hospedar en tu casa.
- Encantado Davicito, mi casa es tuya.
- Gracias.

         
Después de dos horas, media Cuenca estaba enterada del hecho.
Llamé a Aurelio y me dijo - Bernardo es como muchos curas, muy intelectuales, pero poco prácticos. Estate preparado. El fuego esta que arde.

A los pocos minutos llamó  Guillermo, un estudiante que vivía en el Carmelo en Quito.

- Te hemos localizado y tan solo quiero decirte que lamentamos
  el hecho de que hayas entrado al Carmelo. 
- ¿ Por qué?
- Tú no eres como nosotros. La mayoría de nosotros proviene de
familias decentes y buenas. Tu nunca has tenido una familia verdadera y sabes que la familia es la base de la sociedad y de vivir en comunidad y es por eso que no puedes adaptarte a una vida religiosa.
- Vivo en una comunidad religiosa y no he tenido problema.
- Es que nosotros no te socapamos como las monjas. Nosotros
  somos hermanos en Cristo...
- Que si tuvieran un puñal cada cual se clavaría por detrás.
- ¿ Cómo puedes decir eso?
- He conversado con cada uno de ustedes, y ni siquiera entre
  ustedes mismo se quieren. Simulacros de hermanos en Cristo.

Ese momento me lanzó el teléfono.

    
Por la noche vi que Bernardo y Patricio venían con linternas a buscarme como si fuera un fugitivo de la Ley. Entraron a la sala y Patricio se V sobre mí y me dio un trompón. Marcelo se lanzó a agarrarlo para que no me siguiera pegando.
- Eres un malagradecido - me gritó y vi que entró Marta y al verme dijo. - Te invitamos a nuestra casa, te dimos cabida en ella, incluso te hicimos conocer a tu abuelo y mira como nos pagas.
Bernardo exaltado dijo - Has difamado a la esposa de mi mejor amigo.

- Pégale Patricio, pégale - ordenó Marta - Se lo merece.
Marcelo detenía fuertemente a Patricio que tenía todas las ganas de obedecer a su amantísima esposa.
Bernardo se acercó a mí y juntando sus manos como si fuera una plegaría me dijo - David, ¿ te das cuenta de lo que has dicho?
Esta en juego mi sacerdocio.

- No te importo el sacerdocio de los otros... - le reclamé.
- ¿ Cuáles otros ?
- Aquellos que sacaste de la comunidad...
- Ellos salieron por homosexuales - me dijo.

Ese rato sentí que se me estremeció todo el cuerpo - Me das asco - le grité.

- Te vas de esta ciudad - ordenó Patricio - si no te vas, yo
  mismo llamaré a la Policía a que te saquen de aquí.

         
- Agradezco a Dios que volviste y que saliste de este infierno que es ser religioso. - me dijo Madre Dominique al verme - Tu no sabes hacer caso. Eres terco. Yo te dije que no servias para contemplativo. - me reclamó.
Respiré profundo y le respondí - Soy contemplativo.

         
SI SUPIERAS LA VERDAD, NO TE ACOSTARÍAS CONMIGO.
Un viernes por la noche Aurelio me hizo vestir un terno azul que me había comprado. A las once de la noche me llevó en su auto y lo parqueo en la Jorge Washington y Amazonas, luego de estar por una hora en silencio me preguntó
- ¿ Ves aquel Vitara azul?
- Sí - respondí.
- Es la séptima vuelta que da a la Avenida.
- No lo había notado.
- Es agregado Militar de Argentina, se llama Gilo. Quiero que averigües con quién se acuesta...
- Aurelio, lo qué el haga en la cama, no es de nuestra incumbencia.
- Creo que sí - me dijo - Quiero confirmar mi sospecha.
- ¿ Cuál ?
- Tú me darás la respuesta. Te paras en la esquina. Al momento que pase le quedará mirando fijamente a sus ojos y le seguirás con la vista. Luego el te invitará a subir a su auto. Te iras a su departamento y le sacaras sus más hondos secretos.
- ¿ Cómo ?
- Para sacar información a un militar, tan solo tienes que emborracharlo y engrandecer su ego.
El auto volvió a pasar de nuevo.

- Octava vuelta - dijo Aurelio.
- Es guapísimo - dije al verlo.
- Ni lo pienses - me dijo al ver mi rostro.
- Aurelio, son seis meses que la he pasado de célibe.
- Te contrate para que investigaras no para que te prostituyas.
- No seré prostituto. No le cobraré - le dije riéndome.

    
Gilo me llevó a su departamento. Preparó un vodka y me lo dio. - ¿ Te han dicho que eres guapo? - me preguntó. - Prefiero que me digan la verdad. - ¿ Y cuál es la verdad? - ¿ Quieres acostarte conmigo? - Sí - respondió el inmediatamente.
Una carcajada salió de mí y Gilo me aflojó la corbata y suavemente mi camisa. Luego acercó suavemente su cara hacia la mía y me dio un beso.
- Gracias - le dije.
- ¿ Por qué me lo agradeces ?
- No tienes idea cuanta falta me hacía...

A las tres de la mañana Gilo me tomo de la mano y me dijo:
- David, estas borracho, vamos a dormir.
- ¿ Tú no estas borracho ? - le pregunté con acento ebrio.
- Es la milésima vez que te digo que no bebo.
- Pues, yo tampoco bebo, pero esta noche he bebido por ti.

Al siguiente día amanecí desnudo junto a Gilo.

- Gilo, ¿ Tienes amante ?
- No lo sé - me dijo dudoso. - Ciertos días de la semana
  me veo con un empresario italiano, es muy apuesto, culto
  tiene clase.
- ¿ Cómo lo conociste ?
- El estaba parado esperando un taxi y yo me ofrecí a  llevarlo.
- ¿ Dónde ?
- En la Orellana y seis de diciembre.
- ¿ Cómo se llama ?
- Paolo. Tiene unos cuarenta y cinco años y realmente
  es muy interesante, me gustaría llegar a más con él.
- ¿ A qué te refieres con llegar a más?
- Un romance - me dijo y me volvió a besar.
- Eres un pícaro. 
- Sino tengo un romance con Gilo, seguro lo tendré
  contigo.
- No estoy disponible por el momento - le dije.

    
- David, te estuve esperando hasta las tres de la mañana - me reclamó Aurelio enojado. - Me quede a dormir con Gilo - le dije. - ¿ Qué averiguaste?
- Se llama Paolo, es italiano, empresario y se encuentran frecuentemente en la Orellana y Seis de Diciembre.
Aurelio respiró profundo. 

- ¿ Qué más ?  
- Nada más - le dije alzando mis hombros - excepto que el próximo Jueves tengo una invitación de Gilo para ir a un
cóctel en la Embajada de Italia.

         
En el cóctel... - ¿ Piensas que Paolo puede aparecer aquí? - No lo sé, no hemos hablado últimamente. - ¿ Le has llamado por teléfono? - No tengo su teléfono, él es muy reservado. El tiene el mío, pero no me ha llamado.
Después de unos minutos vi entrar a un religioso con su traje de gala. Era uno de los de más alto rango en el país. El empezó a saludar de uno en uno. Gilo cambió inmediatamente su rostro y se deslumbró al observar aquel elegante monseñor.
Llegó el momento de saludar con aquel embajador de la Iglesia.
- Buenas noches - me dijo.
- Buenas noches - Señor Nuncio.

Luego vio directamente a los ojos de Gilo y saludó.

- Buenas noches Gilo.
- Buenas noches Paolo.
El Nuncio se acercó disimuladamente hacía la oreja de Gilo rompiendo su etiqueta le dijo - Si hubieras sabido que soy sacerdote, no te hubieras acostado conmigo.

En el departamento de Gilo...

Gilo encendió nervioso la chimenea y me sirvió un vodka.

- ¿ Dime quién eres en realidad ? - me preguntó al darme el vaso.
- Me llamó David, tengo 26 años y ...
- Soy espía  - complementó él.
- ¿ Espía?
- No me engañas, conozco a un espía a leguas - me dijo.

Me reí y me tomé un sorbo de vodka.

- ¿ De qué te ríes ? - me preguntó.
- Cuando era adolescente, soñaba con ser espía y ahora
  tan solo estoy tratando de poner los pies en el suelo. - y suspiré.
- Todos tenemos ese tipo de sueños - me dijo - pero existen diferentes tipos de espionaje.
- El tuyo utiliza las armas. - le dije.
- Y el tuyo la inteligencia - me dijo.
- Yo no soy espía - le recalqué.
- David, actualmente los servicios de espionaje saben que los militares somos débiles ante la carne de los de nuestro sexo y contratan jóvenes apuestos, jóvenes que uno pierde la cabeza por acostarse con ellos y ya me han mandado varios tratándome de sacar información.
- ¿ Y que tipo de información te he sacado yo?
Gilo respiro profundo - No sé que tipo de información me sacaste, pero sé que tú eres religioso. Mientras dormía, revise tu billetera. Vives en una comunidad de monjas y eso es tan raro para mí. Eres igual que Paolo. - me vio con gesto molesto y se agarró de los pelos.
- No lo puedo creer me acosté con dos curas.- dijo cerrando sus ojos.
- Gilo, lo lamento. Eres un tipo tan guapo que si te hubiera dicho que soy cura, tampoco te hubieras acostado conmigo - le dije.
- ¿ Pero no te da miedo que te vean ?
- Es primera vez que lo hago - le dije.
- No te puedo creer.
- Es cierto. Vi que a un chico le subieron a un auto y te vi dar varias vueltas por la Amazonas que capté como funcionaban los contactos.
Gilo me quedo mirando con cara de incrédulo.
- ¿No conoces otro tipo de contactos? - me preguntó.
- Una vez hice un contacto en un urinario de un teatro ¿y a que no te imaginas que paso después?
- ¿ Qué ? - me preguntó intrigado.
- El era sacerdote, y de mi comunidad.
- No puede ser - me dijo el asombrado mientras que bebí otro sorbo de vodka y él se sentó junto a mí y paso su mano sobre mis hombros y me abrazó.
- Me hubiera gustado ser tu pareja, eres diferente - me dijo mirándome pero inmediatamente separó su mano y se levantó y mirándome me dijo - pero los curas no son santos de mi predilección.
- Te acostaste con nosotros - le dije riéndome
- Nunca hay que decir de esta agua no he de beber - dijo el asustado.
- Pero no importa, algún día tendrás una pareja que no sea cura. - le dije.
- No lo creo. Conozco como es el juego. Deje todo por introducirme en el ambiente, me divorcie, deje a mis hijos en España y pensé que iba a ser feliz, pero lo único que hice es labrar mi propio infierno - me dijo renegando.
- ¿ Por qué dices eso ?
- En el ambiente no se conoce la palabra "lealtad".
- ¿ En el ambiente gay ?
- No me digas que no lo conoces - me dijo.
- No lo conozco - recalqué.
- Ah, me olvidaba, eres gay de clóset.
- Quiero conocer la punta del iceberg - le dije levantándome del sofá y tomándolo de su brazo.
- ¿ Cuál es la punta del iceberg? - me preguntó
- Lo que se ve.- le dije.
- ¿ Para qué quieres conocerlo?, no te pierdes de nada bueno.
- Para experimentarlo.
- Anda viernes noche al Escocés, te sientas en las mesas de afuera y pides una cerveza. Alguien se te acercará y podrás conocer la punta del iceberg.
- Ves, aunque eres extranjero, conoces más que mí.
- Espartacus, querido - me dijo sonriendo.

    
- David, tienes que investigar a una nueva versión de los Rosacruces - me dijo Aurelio. - Aurelio, ya no voy a trabajar con ustedes. Aurelio inmediatamente se paro de su asiento y apoyó sus manos sobre el escritorio. - No creo haberte escuchado bien... - No quiero saber nada de religiones. - Es porqué Bernardo te expulsó aduciendo que eras homosexual. - ¿ Cómooo? - ¿ No lo sabías ? - me preguntó Aurelio. - Me dijo que me expulsaba por mi mal carácter.
Aurelio empezó a caminar por la oficina. - Un día antes que tu salieras del Carmelo yo pedí a un ayudante nuestro que vive en Cuenca que se vaya a confesar con Bernardo diciendo que tú y él tuvieron relaciones. Al siguiente día Bernardo te expulsó.
Ese momento lo entendí todo - Soy un peligro para la comunidad - le dije.

- Sí, realmente somos  un peligro - me dijo Aurelio.

Lo quede viendo fijamente a sus ojos y él a los míos.

- Aurelio, ¿ Tú eres gay ?
- ¿ No te diste cuenta ?
- No.
- Mis ojos no te dieron acceso, al igual que los de Bernardo y al igual que muchos en la Iglesia.
Llevé mis manos hacia mi rostro y le dije   - Ya no quiero saber nada de esto.

- Eres un cobarde - me gritó El. - Apenas te faltan dos meses y podremos ir a España.
- No quiero ser parte de este show - le dije furioso - he visto cometerse las peores atrocidades en nombre de Dios.
- Yo las veo todos los días - me dijo Aurelio dando un golpe sobre el escritorio.
- Yo ya no soporto el verlas - le dije con iras.
Aurelio se sentó y me dijo - Tú no eres de los nuestro. Para ser gay se necesita ser bien valiente y tú en cambio huyes.
- No quiero seguir viendo tanta maldad solapada.
- No quieres seguir luchando, cobarde - me dijo viéndome casi con desprecio.
- Aprendí con ustedes a decir "no"
- Y es bueno que lo hayas aprendido - me gritó levantándose de su asiento y otra vez dando un golpe sobre su escritorio me dijo - no cualquier pendejo puede ser gay. Para ser gay tienes que tener los cojones bien puestos.
- Aurelio ya he aguantado muchas humillaciones por ser gay y no quiero seguir aguantando más.
- Pobrecito - me dijo como tratándose de compadecer de mí en son de burla - miren al víctima - y me señaló. - Vivo veinticinco años en la Iglesia y he visto como humillan a mis hermanos, incluso como me han humillado a mí y no he dejado mi lucha. Si fuera como tú hace varios años que hubiera abandonado todo esto, pero para mí todo tiene un sentido. Los homosexuales no estamos de locos en este mundo. Todo tiene un equilibrio. Si el mundo fuera heterosexual completamente, hace tiempo que ya nos hubiéramos destruido.
- Esa es tú lucha.- le recalqué.
- Es nuestra lucha porque nosotros tenemos que ser más valientes.- me dijo severamente - El heterosexual tan solo carga una cruz. Nosotros cargamos dos cruces. Una la que nos pone la vida y otra es la cruz que nos ha puesto la sociedad y la misma Iglesia.
- Esa cruz se la impusieron ustedes mismos - le dije.
- Y esa cruz es la que cargamos en silencio - me dijo y se le fueron las lágrimas.
Ese momento mire al techo, me mordí la lengua para que no se me escapé la amargura que sentía dentro. Luego le miré y le dije - No quiero cargar más una cruz que no la he pedido.
- La cargarás - me dijo él. Sé que quieres conocer "La punta del Iceberg". Esa será tu tercera cruz. - me dijo. Me dio las espaldas - En el lenguaje del silencio aquel gesto significa rechazo. Me di la media vuelta y me retiré.

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