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«El
Jockey Club jamás invitó a la pareja presidencial a "clásicos"
en los cuales la asistencia la asistencia del primer mandatario de la Nación
estaba consagrada por la costumbre. Cometiendo el mismo error que Eva , su
hermano Juan Ramón presentó su candidatura para ingresar como
socio al mismo Jockey Club, y recibió la bolilla negra simbólica
del rechazo. Eva cobró venganza haciendo instalar un puesto de venta
de pescado putrefacto en la puerta frontal del club.
Mucho
se especularía en los años siguientes sobre cuál habría
sido el curso de la historia argentina contemporánea, si las altas
clases sociales, en lugar de repudiarla despectivamente, hubiesen accedido
a mantener una relación por lo menos desprovista de acrimonia y si,
lejos de ridiculizarla y difamarla, le hubieran otorgado las pleitesías
a que tenía opción en su calidad de esposa del presidente. Pero
eso habría sido demasiado esperar de una casta abroquelada en su poder
económico y en sus prejuicios. De cepa reciente, la aristocracia argentina
-hijos y nietos de inmigrantes- carecía de la madurez que dan los siglos
para comprender y tolerar. Quizás la ruptura era inevitable porque,
en el fondo, los ancestros habían sido semejantes.»
Alfonso
Crespo, "Eva Peron, viva o muerta", 1978
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