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Nuevos
aires democraticos soplaron en los recientes comicios de la entidad patricia:
con cuarto oscuro, fue reelegido Alfredo Lalor
Por
mas que las mujeres todas y los varones menores de 25 sigan alli sin poder
ejercer -ni querer exigir- el derecho al sufragio, lo cierto es que los vientos
de fronda de la democracia tambien soplan en el Jockey Club de Buenos Aires:
el pasado jueves 4 de mayo, los 3453 socios activos que se presentaron para
elegir autoridades pudieron ingresar por primera vez en un "cuarto oscuro"
para depositar su voto en una institucion en la que jamas, en los ciento trece
años de existencia, se habia hecho necesario recurrir al anonimato
para dirimir las contiendas internas
Tambien
fue una sorpresa, y no de las lindas, el ejercicio contable de 1994, que ofrecio
el primer deficit del club en toda su historia (entre 1,5 y mas de 2 millones
de pesos, segun las versiones) y desato la enconada, agria competencia que
prologo esta eleccion. "En mis veinte años de socio no vi nada
igual -se indigno un sufragante-: la campaña de Diogenes, ademas de
cara, fue violenta".
Curiosamente
bautizado con el nombre del gran filosofo cinico de la Grecia antigua y portador
de dos resonantes apellidos protoargentinos, ex volante de TC, gran tenista
y "clubman" acaso empedernido, el candidato opositor Diogenes de
Urquiza Anchorena (60), que fue quien exigio la habilitacion de cuarto oscuro
para garantizar la pureza del acto electoral y sin embargo cayo derrotado
sin atenuantes -sumo 1232 votos contra los 2149 del oficialismo-, resulto
ser el "enfant terrible" de tan agitados comicios.
Ex
presidente del Rowing Club de Tigre y, segun se dice, frustrado aspirante
a la titularidad del Argentino de Tenis, Urquiza Anchorena empezo a elevar
el tono de sus demandas algunos meses atras, cuando noto que sus cartas al
"Estimado Alfi" no merecian ser exhibidas en "El Transparente",
la atractiva y comentada cartelera -ubicada estretegicamente en la suntuosa
sede social de Alvear al 1300, camino al bar y cerca de la peluqueria- que
registra las altas y bajas de socios y las infamantes listas de morosos.
Estanciero, brillante jugador del exclusivo polo de antaño y vicepresidente
en el ultimo tramo de la exitosa gestion del arquitecto Roberto Vazquez Mansilla,
a quien sucedio tras su fallecimiento, "Alfi", como todos llaman
al reelegido presidente Alfredo Lalor (72), soporto con rigurosa flema el
"crescendo" de acidas acusaciones que Urquiza Anchorena fue acumulando
contra su capacidad administrativa: ademas de cartas densas, inusualmente
agresivas, el aspirante se promovio con un par de lujosos folletos que llegaron
como andanadas a las direcciones particulares de los siete mil socios del
Jockey, utilizando sin complejos el mailing mas secreto y codiciado de la
Argentina
Sin
embargo, no fue un mero capricho lo que quebro la placida constumbre de lista
unica que desde los tiempos de Vazquez Mansilla permitia elegir al presidente
del Jockey por citual y feliz consenso.
Gestion
Empresarial, el titulo que Urquiza Anchorena le dio a su lista, revela que
el candidato vino a proponer lo que en estos tiempos se llama "salvataje",
es decir, una gestion de shock, ultraeficiente, capaz de sacar a la institucion
del ominoso rumbo hacia una muerte anunciada
Pero...
¿puede decirse, realmente, que agoniza este sonado club que el "Gringo"
Carlos Pellegrini imagino encantado en una rumbosa mesa del Foyot parisien,
en compañia de cuatro amigos -Miguelito Cane, Remigio Gonzalez Moreno
y Pedro y Enrique Acebal-, tras presenciar el Derby 1876 de Chantilly, y que
fundo seis años despues con la clara intencion de refinar los caballos,
los espectaculos y la alta sociedad de su pais, todavia salvajes para los
paladares negros de la civilizacion? ¿Acaso no tiene un aire de eternidad
esta asociacion empingorotada, supuestamente abierta "a todos los hombres
cultos y honorables" (Cane), que resurgio como el Ave Feniz del fuego
peronista que en 1953 arraso su suntuosa sede de la calle Florida y aun fue
capaz de sortear una sucesion de peligros en la atroz y violenta decada de
los 70?
La
realidad, ya se sabe, no respeta las glorias y hazañas del pasado en
estas visperas del Tercer Milenio; pero mas grave para el caso que nos ocupa
es la evidencia de que una crisis sin tregua esta estrangulando la actividad
hipica, que fue desde siempre el cuerno de la abundancia del Jockey Club.
El
Hipodromo de San Isidro, administrado por el Jockey, resulta ser una fuente
constante de deudas y reclamos laborales. Para colmo, temible amenaza, una
deuda de 12 millones de pesos, producto de obras impagas que se realizaron
cuando el Estado administraba los hipodromos, se cierne sobre las exhaustas
arcas del club, cuyo deficit mensual oscularia -segun rumores- entre 300 y
600 mil pesos
¿Que
propuso Urquiza Anchorena para escaparle a tan negro parnorama? "No hizo
mencion expresa de soluciones, pero todos sabemos por donde va la cosa -revela
un socio-: el gran remedio de Diogenes es hacer un gran country del Jockey,
y manejar el turf con las reglas del marketing". Ademas de la presencia
de Isidoro Ruiz Moreno y Patricio Zavalia Lagos, el nucleo opositor se enriquecio
con respetadas figuras, pero ni aun asi pudieron con "Alfi", apuntalado
en la ocasion por socios de reconocido prestigio
"Un
caballero siempre elige las causas perdidas", proclama Reth Butler (Clark
Gable), radiante como nunca, en "Lo que el viento se llevo". ¿Fue
un acto mayoritario de señorio suicida lo que hizo que los socios del
Jockey se pronunciaran en contra del progreso, frustrando la mision salvadora
de Urquiza Anchorena? Los tradicionalistas destacan el hecho de que el club
aun posee un gran resto patrimonial, y exlatan la probadisima honradez de
Lalo como una garantia contra peligrosas aventuras financieras que mas que
ofrecer soluciones bien podrian acelerar el desastre.
Pero mas alla de estos razonamientos, un halito que pertenece al anacronico
territorio de las emociones subjetivas parece haber pesado decisivamente en
los comicios del Jockey Club.
«Diogenes es un buen tipo, pero "Alfi" es un caballero: ¿se
puede dudar entre una cosa y otra?», se preguntaba otro socio. Y para
el -hecho sorprendente- no habia duda posible.
Revista
Noticias, 14 de mayo de 1995
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