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Harrod's símbolo
de la belle époque
Harrod's fue,
es y probablemente siga siendo un monumento. Como toda obra que una clase
triunfante dedica a celebrarse, pertenecía a la estatuaria antes que
al comercio ya al nacer, el 30 de marzo de 1914.
A solo tres meses del comienzo de la "Gran Guerra" (28 de junio),
producido ya el simbólico hundimiento del Titanic, esa clase porteña
con títulos nobiliarios obtenidos de la venta de ganado, celebró.
La Revista
ilustrada del Río de la Plata calificó la inauguración,
concurrida por señoras de apellidos, de "gesto de grandeza e hidalguía".
El magazine dijo que era un "acontecimiento trascendente para la vida
de la urbe luminosa, rica, gozante". Y caía en éxtasis
barroco ante los escaparates "donde confundieron sus almas irisadas las
sedas y las joyas, las flores y las piedras preciosas, los sutiles arabescos
del encaje y la inquietante profundidad de lago que hay en los vasos".
Paseo porteño en el que a su modo hablaban la política, la economía
y la cultura, se permitió cierto populismo, aunque siempre de fino
corte anglosajón, por ejemplo en los años 50: el verde y el
rojo, el muérdago y las campanitas, los abetos y Santa Claus poblaban
sus salones o veredas, sus balcones o marquesinas, de manera que en medio
de una Navidad celebrada a 30 grados centígrados pudiera aislarse otra,
que evocase King's Road o, eventualmente, la Quinta Avenida.
En los sesenta, junto al Di Tella; en los setenta revolucionarios y contrarrevolucionarios;
en los ochenta, todavía la tienda era aquello. Nadie iba allí
si no con la idea de llevarse mercadería con el aura de la casa y,
sobre todo, a disfrutar de un espíritu vivo, no de espectros.
Una discusión tal vez ideológica se plantea entre Harrod's y
el shopping. Las grandes tiendas contenían el formato de shopping.
En Harrod's había restaurante y casa de te, peluquería y juegos
infantiles, variedad de prendas y regalos. Pero sin duda había otra
cosa: Manuel Mujica Láinez logró que le regalaran el caballito
de madera sobre el cual le cortaban el pelo, de chico, en la tienda. ¿Algún
chico de hoy querrá mañana su juego mecánico de shopping?.
Tomar el te en Harrod's o comprar en Harrod's era adueñarse de lo que
Harrod's significaba. Este cronista conoció señoras que sostenían
en los 80, instalada la traumática apertura económica del ministro
Martínez de Hoz, que Harrod's era aún el único lugar
en el que se podía comprar tradicional vajilla inglesa, aquella de
azules escenas campestres, con sello de origen.
Si Harrod's va a vivir, seguro será gracias a la forma en que resuelva
la difícil partida entre el espíritu del neocapitalismo y el
del antiguo. O, como en el cuento de Dickens, la convivencia entre los fantasmas
de las navidades pasadas y las navidades presentes.
Fue un 31
de marzo de 1914 en que la tienda Harrod's abrió sus puertas en Buenos
Aires, comenzando a convertirse de allí en más en símbolo
de exclusividad y refinamiento, además de lugar de reunión de
la clase alta porteña.
Por entonces, Buenos Aires capital de la Argentina, "el granero del mundo",
albergaba a muchas familias que habían hecho fortuna con la producción
agropecuaria, cuyo consumo se encontraba vinculado a las tendencias vigentes
en Europa, fue para responder a esas demandas que se abrieron gran cantidad
de tiendas, importadoras de artículos de lujo. Por eso, Buenos Aires,
pareció una plaza adecuada para el establecimiento de la única
sucursal de la tradicional Harrod's, fundada en Londres en 1849.
Woodman Burbidge, hijo del gerente general de la casa central inglesa arribó
al país en 1913 y dio su aprobación al proyecto. El edificio
de la tienda, ubicado en la esquina más elegante de la calle Florida,
se levantó en tiempo record con materiales importados y sin ahorrar
ningún lujo como lo demostraban sus pisos de cedro o sus imponentes
escaleras de mármol. Para muchas generaciones de argentinos con medios
económicos, Harrod's fue el sitio donde se podía adquirir ropa,
muebles, joyas y distintos enseres de alta calidad y última moda. En
su Salón de Te, las señoras se encontraban después de
terminar las compras y la peluquería de caballeros era la cita obligada
de los políticos conservadores.
En 1922 Harrod's se fusionó con Gath & Chaves, la otra gran tienda
porteña que cerró sus puertas en 1974 mientras que el tiempo
señalaba el cenit de Harrod's, la que comenzaba su magnificente decadencia.
por Jorge Aulicino, Clarín,
jueves 6 de agosto de 1998
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"Harrod's
es la mas alta expresion de elegancia y calidad, lo mejor que se importa.
Departamento de pieles (...) Rica capa manteau en loutre de Colombie, 100
cm de largo, cuello (...) smoking, forro de seda $130. Camiseria para caballeros.
Camiseta de vicuña, mangas largas $24,00, calzoncillo haciendo juego
con la camiseta, pretina de seda poplin $25,00. Camisas de tafetas, sin cuello
y sin puños dobles, $7,50. Calzado para caballeros. Botin en potro
charolado, con caña de antiolpe o becerro, cordones o botones, (...)
$24,00. Polainas de castor muy fino, con cuatro botones, en negro, marron
(...) beige y gris (...) $5,00"
La Nacion, 18 de mayo de 1916
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