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"Hace
100 años, en la fangosa calle pincipal de la entonces aldea de Knightsbridge,
Henry Charles Harrod se convirtio en propietario de un negocio pequeñito,
iluminado por lamparas de querosen y dedicado a la venta de tes, jabones y
velas. Nacida en el corazon de la ciudad mas grande de la tierra..."
Asi saludo, en marzo del '49 y en un aviso de a pagina, Harrods-Londres a
Harrods-Buenos Aires. Y que menos, si ese coloso gris de estilo eduardiano,
seis pisos, 55.000 metros cuadrados, 1500 empleados, enano vestido de verde
en la puerta de Florida 877 (telefono R.T. 6410, Avenida), boisserie importada
hasta la ultima astilla y arañas de alabasto, facturo ese año
50 millones de dolares. O tempora, o mores...
Harrods (o Harrod's: uso ambas formas en sus logotipos), bajo el eslogan 'El
rendez vous social', nacio el 31 de marzo de 1914 con medalla de oro:
la central de Londres solo tenia sucursales en Manchester, Paris y Berlin,
y darle el 'imprimatur' a Buenos Aires era ornarla con el titulo de 'la ciudad
mas importante de America del Sur, y tambien la mas 'chic' hasta Rio
Bravo.
Otro de sus lemas no mentia (ni siquiera exageraba): "Lo que usted quiera,
Harrods lo tiene, lo hace o se lo consigue". Desde un vestido de voile
blanco con bordado de color y botones de Irlanda (75 pesos en 1925) hasta
un piano aleman afinado 'por expertos de la casa". Desde un zapato en
potro charolado con hebilla de fantasia (20 pesos) hasta un corte de pelo
para "damas, caballeros y niños" en camarines privados con
lavabos de marmol de Carrara, grifos de bronce modelo 'camarote de tren ingles'
y espejos biselados. En cada piso se desplegaba la seda y su frou-frou
(sonido inequivoco), el 'cotele', el chiffon, el crepe mogador,
el saten, el tafetan, el lame (acaso el mismo que forraba "ese tapado
de armiño que tu cuerpito abrigaba al salir del cabaret", segun
cierto tango triston).
Harrods. Una manzana (Florida, Cordoba, San Martin, Paraguay) donde el te
con masas fue un rito, donde la Belle Epoque dejo huellas indelebles,
donde un grupo de patoteros porteños de familias high se atrevio a
entrar hasta el salon principal en un coche de caballos, y donde-jineteando
un caballo de madera- le cortaban el pelo a un infante nacido Manuel Mujica
Lainez. Que, muchos años despues, ya escritor notable y ya 'Manucho',
se compro ese caballo de su infancia y lo albergo en su casa...
Otras
tiendas gigantes habia en Buenos Aires, si: Gath & Chaves, La Piedad,
McHardy Brown, San Miguel, Las Filipinas. Pero solo Harrods se atrevia a tener
100 departamentos, un elefante de la India (vivo) en la exposicion dedicada
a Inglaterra, un omnibus de dos pisos -otro homenaje a Londres-, y una replica
del Patio de los Leones de Granada con fuentes y todo, y vidrieras (las mas
grandes de America) donde tanto se simulaba una calle romana o un bistro frances,
como un rincon egipcio. Eso, sin contar, por ejemplo, "la mas principesca
cena que recuerde Buenos Aires", como escribio un cronista de La Prensa:
fue en el '45, se llamo "De la Victoria", celebrando el fin de la
segunda gran guerra, y las mesas estaban dispuestas en V: alusion al gesto
que hacia sir Winston Churchill con sus dedos anular e indice en aquellos
dias tan negros como gloriosos.
Pero
(todo cambia, todo cambia), la desintegracion de la economia, las brutales
inflaciones, la decadencia de la clase media, el estres, el apuro, las boutiques
y cuanta causa puedan aportar los sociologos pulverizaron, poco a poco, el
plantel -que llego a 2 mil empleados en al decada de los años '50-,
la confiteria, los opulentos salones de lustrar, la calesita, etcetera. Y
lo peor: murio el estilo Harrods. Algo que no sucedio en Londres ni siquiera
en el '85, cuando la familia egipcia Al Fayed (el padre de Dodi, fallecido
junto a la princesa Diana) compro la tienda en 344 millones de dolares: la
reina Isabel siguio haciendo alli sus compras de Navidad, y todo en paz. Alla
por el '77 hubo un manotazo de resurreccion: la redecoraron, la relanzaron
con avalancha publicitaria, le inventaron exposiciones y conferencias, le
reabrieron el fastuoso restaurante, le pulieron los espejos (replica de la
Galeria de los Espejos del palacio de Versalles), pero no hubo caso, la agonia
no ceso."
Por
Alfredo Serra / Informe Analia Rivas
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