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Una
leyenda dramática
Sube
a escena “La condenación de Fausto”, de Héctor Berlioz. Las
funciones serán los días 3, 5, 7, 9 y 12 en el Teatro Colón.
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Este
domingo sube a escena en el Colón, “La condenación de Fausto”,
de Héctor Berlioz. La creatividad del compositor francés y su buen tino
le hicieron razonar sobre las características de la obra que había concluido,
en 1846, y no encontró mejor definición para ella que “leyenda dramática”.
No era una ópera, no era una sinfonía dramática, como su “Romeo y
Julieta”, no era un oratorio secular y, en realidad, no se acercaba
exactamente a ninguna de las formas musicales que existían en aquellos tiempos.
Por lo tanto, iluminado por aires románticos poderosos y a la búsqueda de
la mejor descripción, este híbrido estupendo, con elementos musicales y
teatrales derivados de todos los géneros nombrados fue una leyenda dramática.
Y tan distinta de una ópera que, ante ella, no pocos abonados a la temporada
lírica del Colón se preguntarán por qué tienen que estar ahí, ante esta
obra tan heterodoxa, cuando, según lo pactado a principios de año, deberían
estar presenciando el “Don Carlos” de Verdi.
Sin embargo, si los asistentes a las muchas funciones logran superar el
fastidio, podrán disfrutar de una creación única, atiborrada de buenos momentos
musicales y que, es de esperar, goce de una buena presentación. “La
condenación” es una obra sinfónico-coral de concierto, con tres solistas
principales, Fausto, Mefistófeles y Margarita. Es decir, no habrá vestuario,
escenografía ni actuaciones de ningún tipo. Habrá preludios e intermedios
orquestales, arias, números corales, danzas demoníacas y una trama que,
si la imaginación funciona, llevará al público por Hungría, por varios puntos
del norte alemán y, al final, por el infierno y las alturas celestiales.
Las presencias de Stefan Lano en el podio, tal vez el mejor director que
está en ese lugar en este año al frente de la Estable, y de Carlos Bengolea,
Marcelo Lombardero y Cecilia Díaz en los papeles centrales, pueden hacer
suponer que Berlioz estará en buenas manos. En este caso, no habrá lugar
para lamentaciones o disgustos.
Por
Pablo Kohan, Revista
Noticias, 2 de noviembre de 2002
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