|
Acusado
a lo largo de decenios de permanecer al margen de lo que sucedía por fuera
de sus muros, el Colón, tal vez del peor modo posible, se ha integrado
al contexto argentino.
Imitando
lo que nunca debería haber sido tomado como modelo, el Teatro asumió que
las soluciones para sus problemas podían provenir de la emulación de dos
prácticas sumamente controversiales en este 2002 jamás imaginado. Por un
lado, así como los depósitos perdieron su intangibilidad, los títulos de
la temporada lírica corrieron similar fortuna. Por el otro, si casi todo
en la Argentina fue sujeto a reprogramación, la nueva dirección del Colón
decidió que ésta podía ser otra conducta por seguir. Pero, incluso, con
el nuevo sentido que la economía y la política le han otorgado. Ese que
indica que se reprograma algo, pero por otra cosa esencialmente diferente.
.
Si
los dólares pasaron a ser pesos, los plazos a pocos días se eternizaron
en lustros y los dineros ahorrados se hicieron bonos, en el Colón, por ejemplo,
una ópera puede transmutarse en "leyenda dramática". Claro que, a diferencia
de las metamorfosis económicas, que hasta hoy generan agitaciones, broncas
y amarguras, en este caso puntual y musical, si la realización alcanza los
niveles de la dignidad, las respuestas podrán ir desde las satisfacciones
hasta los agradecimientos.
.
Cuando
Gabriel Senanes llegó a la dirección del teatro se consideraron costos
y tiempos. Así fue que los otrora intangibles títulos de una temporada,
como "Don Carlos" y "Wozzeck", cayeron de la cartelera y, en reemplazo
de alguno de estos dos, el orden no viene al caso, apareció "La condenación
de Fausto", de Berlioz. Pero esta obra no es una ópera, sino un tipo de
espectáculo musical diferente, una "leyenda dramática", curiosa definición
que, sin embargo, es una ilustración precisa de sus contenidos. |
|
|
|
|
|
|
Música
teatral
Hay
que convenir, en defensa de esta propuesta de concierto en una temporada
lírica, que, en realidad, toda la música de Berlioz, incluso aquella que
es exclusivamente instrumental, como la "Sinfonía fantástica", "Lélio"
o "Haroldo en Italia", es profundamente teatral, con argumentos e ideas
que son plasmados a través de recursos de alta eficacia. Tanta que los
espectadores de cada uno de los estrenos de aquellas obras estuvieron
profundamente conmovidos por imágenes sonoras que nunca habían oído y
que reemplazaban satisfactoriamente a las concreciones visuales o escénicas.
En el otro extremo de su producción están las tres óperas completadas,
"Benvenuto Cellini", "Los troyanos" y "Beatriz y Benedicto". Y, en el
medio, con distintos perfiles, se alzan dos obras monumentales, "Romeo
y Julieta", una sinfonía dramática, y "La condenación de Fausto", nuestra
ya conocida leyenda dramática.
.
Berlioz
había conocido la primera parte del "Fausto" de Goethe en 1828, cuando leyó
la traducción al francés de Gérard de Nerval. En ese mismo momento, bajo
la emoción que el libro le había producido, escribió "Ocho escenas sobre
Fausto", que, rápidamente, le pareció insuficiente. En los años 40, después
del suceso de "Benvenuto Cellini" y, sobre todo, de "Romeo y Julieta", retomó
la idea de componer algo sobre el legendario personaje y su pacto con el
diablo.
.
Sobre
aquellas ocho piezas casi menores fue elaborando un gran fresco sinfónico
coral con tres solistas que, en definitiva, no devino en sinfonía, ni en
ópera, ni en oratorio secular.
.
Nuevamente,
Berlioz desafiaba las clasificaciones habituales. Su fantasía y su creatividad
encontraron que "leyenda dramática", tan inespecífica como exacta, era lo
más conveniente.
Desencanto
profundo
"La
condenación de Fausto" fue completada en 1846. No es una narración lineal
del drama de Goethe, sino una musicalización de sus momentos más importantes.
Contiene la admiración de Fausto por la naturaleza y el desencanto profundo
de la soledad, marchas de estudiantes y de campesinos, el cinismo de Mefistófeles,
la desesperación de Margarita, lejanos coros sacros, espectros y monstruos
aterradores, un coro demoníaco en un idioma inexistente y la bienvenida
de los espíritus celestiales al alma de Margarita. |
|
|
|
|
|
|
El
periplo arranca en Hungría, donde los soldados se preparan al son de la
celebérrima Marcha Rákóczy y continúa luego por distintos puntos de Alemania
para concluir con un viaje casi relámpago que va del infierno a las alturas
paradisíacas.
Pero
todo en presentación de concierto, sin vestuario, escenografías o actuaciones,
apelando sólo a la magia de los sonidos y a la imaginación del público.
"La
condenación de Fausto" es una obra sumamente original y colosal, llena de
música, de ideas y de fantasía. Tal vez su lugar no sea una temporada operística.
Pero si lo que se busca es un buen espectáculo musical Berlioz no dejará
de aportar lo suyo.
El
resto correrá por cuenta de los involucrados en esta reposición. Y es de
suponer y de esperar que todo esté a la altura de las circunstancias, o,
por qué no, mejor aún, como para que, además, nadie eleve su voz ante la
caída de la intangibilidad de los títulos y las consecuentes y un tanto
inverosímiles reprogramaciones musicales que han afectado a la presente
temporada.
Pablo
Kohan, La Nacion, 2
de noviembre de 2002 |
|
|
|
|