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“La fanciulla del West”: desde mañana, en el Teatro Colón
Spaghetti western a la Puccini


El cantante Marcelo Lombardero será régisseur de esta obra que marcó un viraje en la carrera del compositor italiano

La propuesta se la hizo Sergio Renán
El barítono ya había sido director de escena de varios espectáculos del Centro de Experimentación del Teatro Colón

TeaTro Colon

En esta temporada, Marcelo Lombardero llevará su “doble vida” artística a la sala grande del Teatro Colón.

Es que, además de volver a demostrar sus dotes como consumado barítono (será el protagonista de “Wozzeck”, de Alban Berg), fue convocado por primera vez para hacerse cargo de la régie de “La fanciulla del West”, que sube a escena mañana.

Lombardero no es nuevo en la régie de ópera: de hecho, viene acumulando experiencia, principalmente como director de escena de varios de los más exitosos espectáculos que presentó el Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC) durante los últimos diez años, además de en salas del país y América latina.

Sí reconoce, en diálogo con LA NACION, que la convocatoria a dirigir esta ópera de Puccini lo sorprendió, ya que su trabajo como régisseur estuvo hasta ahora más ligado a la ópera contemporánea.

–¿Cómo llegó la propuesta?
– Me lo ofreció Renán, luego de una charla que tuvo con Basaldúa (actual director general del Colón) cuando era jefe escenotécnico. Es una obra que no hubiera elegido, pero ahora estoy feliz de hacerla.
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–¿Le dijo Renán por qué se le ocurrió convocarlo?
–Le gustó mi humor en la puesta que hice de “Aventuras y nuevas aventuras”, de Ligeti, en el CETC. Al principio no entendía el vínculo entre Ligeti y Puccini. Estoy más cerca del primero que del segundo por historia y por vínculo con la ópera contemporánea. Pero “Fanciulla” es una ópera inaugural del siglo XX.
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–¿Qué piensa de la obra?
–Es una ópera que se hace muy poco, no porque sea mala sino porque es dificilísima. Un director, Maurizio Arena, me dijo que es un milagro. Y que el Colón la haga es doblemente un milagro. Demuestra que en este país pasan cosas increíbles, entre ellas el Colón. En ningún teatro de América latina, que recorro bastante, se tiene la capacidad de hacer este tipo de espectáculo, con la mayoría de elementos locales.
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–¿Cuál es el enfoque con el que presentará este spaghetti western lírico?
–Puccini era un genio del teatro. Y a mí me pasaron dos cosas: lo primero que hace un régisseur moderno cuando toma una obra es ver dónde está ubicada y dónde la pone. Por ejemplo, “Hamlet en Hawai” (risas). Pero con la “Fanciulla” no podía hacer “La muchacha de Ramos Mejía”. Lo que ocurre es que el imaginario nuestro está muy pegado a “Bonanza“ y “A la hora señalada”. Era imposible descontextualizar la historia, más allá de que no es un western estrictamente, porque tiene esa cosa social más cercana al spaghetti western. Puccini se anticipó a un género. Entonces quise hacer una película, con todo lo que ello implica. Va a ser muy importante la iluminación de Roberto Traferri, porque queremos hacer planos y zoom cinematográficos.
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–¿Cómo vive estos últimos ensayos del lado del régisseur en vez del de cantante?
–En este momento no soy cantante, aunque sé que el día del estreno, como pasa siempre, voy a estar sufriendo por no estar en escena (risas). El trabajo ha sido muy bueno, empezamos hace un mes. Contamos con una gran soprano, Olga Romanko, que es una gran profesional, una mujer que tiene trayectoria, pero no es una star. Y pronto lo va a ser, esto es lo que tiene que hacer el Colón, buscar ahí. También contamos con un tenor argentino de emergencia, pero un gran profesional que es Daniel Muñoz, radicado afuera. Todos lamentamos la ausencia de Luis Lima, pero eso es lo que ocurre cuando uno depende de los divos. Seguramente eligió alguna otra cosa que le redituaba más. Estamos todos muy doloridos...
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-Usted cantó muchas veces aquí y también fue parte del coro estable. ¿Esto le jugó en favor o en contra ahora que es el director escénico?
-Estuve muy preocupado y nervioso hasta el primer ensayo, con el coro, más de lo que voy a estar que cuando tenga que cantar Wozzeck. Y supongo que para ellos también, porque hay que poner una distancia indefectiblemente cuando dirigís. Y cuando les viste los calzones a los compañeros durante 16 años es una intimidad muy fuerte. Pero se estableció una relación bárbara.
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-¿La experiencia como régisseur en el CETC le sirve o es otra escala?
-"La fanciulla..." es una obra gigantesca. Es la primera vez que me veo metido en el meollo de tener que decidir muchas más cosas que la marcación al cantante. Aprendí mucho de ver a dos personas con estéticas en las antípodas: Roberto Oswald y Jaime Kogan.
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-¿Cómo vive este momento de tanta actividad en contraste con la realidad del país?
-En esta Argentina contar con un espacio como el Colón es milagroso. Me pregunto, cuando hay gente que no tiene acceso ni a la comida, no ya a la cultura, ¿qué hace y para qué está esta mole? Es una dicotomía, pero esto existe, ¿por qué destruirlo? No va a haber menos gente con hambre, sino menos gente con acceso a la cultura.

Martín Liut, La Nacion, 29 de julio de 2002

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Marcelo Lombardero, un artista con doble vida

Un italiano inspirado por el Lejano Oeste

La ópera está basada en la obra “The Girl of the Golden West”, de David Belasco
La historia está ambientada en California, en los tiempos de la gran fiebre del oro

Ocurrió la noche del 10 de diciembre de 1910 en Nueva York, cuando Giacomo Puccini asistió al estreno triunfal de “La fanciulla del West”, en el Metropolitan Opera. El éxito fue memorable: cincuenta y dos veces debió salir el compositor para agradecer los aplausos, mientras el público arrojaba ramos de flores al músico y a sus intérpretes. Al final del segundo acto, el empresario de la sala, Giulio Gatti-Casazza, apareció en escena y, en nombre de la dirección del teatro, colocó sobre la cabeza de Puccini una corona de plata maciza adornada con cintas con los colores nacionales de Italia y Estados Unidos.
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El Met estaba engalanado con banderas norteamericanas e italianas y mil personas quedaron en la calle sin conseguir localidades. Sus protagonistas fueron Emmy Destinn en el papel de Minnie y Enrico Caruso en el de Johnson-Ramírez, mientras Pasquale Amato fue Jack Rance, el sheriff. Toscanini estuvo al frente de la orquesta, y Tito Ricordi fue el régisseur.
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Con esta obra, Puccini conquistaba un lucrativo mercado en el Nuevo Mundo con una ópera “americana”, y se daba el gusto de transitar, como antes con Japón y luego con China, por un universo exótico y poblado de mitos. Era la segunda vez que el músico tomaba un argumento de David Belasco. La primera fue con “Madama Butterfly”, que lo llevó imaginariamente al mundo de las geishas.
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Luego, estando en 1907 en Nueva York, para asistir a una temporada de seis semanas en el Met consagradas a sus óperas, el compositor descubrió, del propio Belasco, “The Girl of the Golden West”. La obra colmó su entusiasmo, entre otras razones porque la representación teatral era espectacular y reflejaba las novedades en materia de escenificación, justamente aquellas que habían convertido a Belasco en un adelantado del teatro de Estados Unidos. Luego todo anduvo rápido. El 30 de enero de 1908 Puccini estaba ya en posesión del libreto italiano de lo que se llamaría "La fanciulla del West", realizado por Carlo Zangarini y Güelfo Civinini, y el 10 de diciembre de 1910 la obra tenía su estreno triunfal en la Gran Manzana.

En 1911 se la conoció en Buenos Aires, en el Teatro Colón, donde retornó en 1915, 1920, 1930, 1951, 1979 y 1986. Se la representó también en el Teatro Coliseo, en 1914 y 1921, y en el Marconi, en 1920.

De la mano de Belasco
Podría parecer sorprendente que un miembro de una antigua familia de judíos portugueses obligados a emigrar a Inglaterra en el siglo XVI haya sido quien guió la imaginación de Puccini hacia su western spaghetti. Pero así fue. Hacia mediados del XIX, la fiebre del oro que se desató en California había llevado a los futuros padres de Belasco a establecerse en San Francisco, donde nació David, en 1853.
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Como su padre y su tío habían sido actores en Londres, el Belasco americano se inició como clown en un circo antes de convertirse, a los 18 años, en actor. Pero pronto descubrió su verdadera pasión como autor de obras teatrales, pero, por encima de todo, como director de escena.
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Se asegura que el enorme prestigio de David Belasco entre 1890 y 1910, en que transformó el teatro americano, emanaba de su astucia para crear efectos con las luces y las telas de fondo pintadas, con las que creaba una ilusión cinematográfica. La obra que deslumbró a Puccini, "The Girl of the Golden West", ofrecía efectos sensacionales al ubicar al espectador, sobre telas móviles, en medio de un panorama de las montañas de California, con la cabaña de troncos de Minnie agazapada en medio de las rocas. Seguía la vista exterior del "Polka Saloon", mientras del interior llegaban canciones tradicionales del lugar interpretadas por un grupo de músicos pop californianos. El mayor desafío se dio en el segundo acto: para crear una tormenta de viento y de nieve recurrió a treinta y dos tramoyistas.

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Puccini, en la gloria
Al elegirla para su próxima ópera, Puccini se sentía en la gloria. No podía sospechar que cuatro años más tarde, en 1914, Cecil B. De Mille filmaría un largometraje con esa pieza, o que, en 1925, Chaplin daría al mundo "La quimera del oro", siguiendo el curso de la epopeya americana. Sólo sabía que había dado un gran viraje con esa elección, aproximándose a una protagonista como Minnie, extraña especie de Walkiria del Oeste, que montaba a caballo y llevaba pistolas entre sus faldas. Lejos quedaban sus heroínas delicadas y frágiles, como Mimí o Cio-Cio-San, de las cuales, confesó a su empresario Ricordi, estaba saturado.
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Ahora encontraba escenas fuertes y seres rudos, en medio de una historia que aún estaba fresca en la memoria. Al parecer algunos aspectos de la pieza que hoy pueden parecer demasiado artificiales, como la sangre de Johnson que cae desde el granero y la partida de póquer que define la vida o la muerte del personaje, fueron episodios vividos por el padre de Belasco, que murió en 1911, en el campo de buscadores de oro.
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Opera fundamentalmente de hombres, se destaca la protagonista, Minnie, dueña del bar La Polka, a la cual Puccini confiere una voz de gran soprano lírica, en el límite del registro dramático. El músico ve en ella un típico personaje de la estética verista, sin familia, conocedora de la pobreza y la orfandad, obligada a una vida dura, valiente, pero en el fondo una mujer sentimental, que confía en el amor verdadero.
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Por su parte, Ramírez, que se presenta como Johnson para ocultar su verdadera identidad, es un tenor intrépido, cuyas exigencias de canto concuerdan con su carácter de jefe de una banda mexicana. La situación dentro de la ópera le exige el doble carácter de personaje odioso, por su condición de fuera de la ley, pero simpático por su situación de sincero enamorado de la protagonista. El barítono es el sheriff, Jack Rance, cuyo estilo vocal, carácter sombrío y cínico y aspecto físico de gran rudeza debe oponerse al de Ramírez. Sin embargo, Puccini lo retrata musicalmente con gran sobriedad, a través de recitativos agitados, y le regala un fragmento de gran compromiso. La plenitud sinfónica, un rasgo que, dentro de la lírica italiana, confiere al estilo de Puccini un fuerte sentido de modernidad, según el modelo del drama wagneriano, parece acentuarse en "La fanciulla del West", en la que reúne una formación importante con vientos por cuatro, dos arpas, un vibrafón, nutrida percusión y hasta una máquina de viento, además de las cuerdas.
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"La fanciulla..." no es una ópera en la que abunden las arias o dúos en sentido tradicional. Apenas pueden citarse algunos fragmentos en los que la acción se detenga para conferir plenitud al canto. Sin embargo, Puccini nunca renuncia a otorgarle a la voz todos sus derechos, a veces a través de canciones populares del oeste norteamericano. En el primer acto aportan un fuerte rasgo de color local el lamento de Wallace "Che faranno i vecchi miei", extraído de "The old dog Tray" (también conocido como "Echoes from home"), y los temas de "Dear old house" y "Dooda, day". También salpica la obra con temas de danzas americanas típicas como cake-walk, ragtime, bolero mexicano y hasta una canción de cuna auténtica, según dicen, de los pieles rojas.
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El segundo acto encierra lo mejor de la ópera. En la primera parte se trata de la gran escena de amor, en la que el tema recurrente de "la pasión de Johnson" aporta un alto grado de exaltación amorosa. Aquí se produce el dúo de los protagonistas, que cantan simultáneamente, en un estallido lírico que refleja el ardiente estilo de la ópera verista italiana. En la segunda parte, Puccini logra una escena magistral en torno de la partida de póquer entre Minnie y Rance, donde la vida del bandido está en juego. La escena se inicia con una breve alusión al tema de Johnson, antes de derivar en una fórmula orquestal de gran originalidad, que consiste en una melodía en acordes en las flautas, sostenidos por los violonchelos, mientras los contrabajos, a los que se añaden luego chelos y timbales, acompañan a través de un ostinato rítmico que sugiere los fuertes latidos del corazón de Minnie.
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En el tercer acto luce el aria de Johnson "Ch´ella mi creda libero e lontano", mientras el happy end vuelve a unir las voces de Minnie y Johnson ("Addio, mia dolce terra, addio, mia California!"). Así se resuelve el final de esta ópera en la que Puccini provoca un marcado aggiornamento en su estilo musical.

Las funciones: "La fanciulla del West" cuenta con la dirección orquestal de Mario Perusso, régie de Marcelo Lombardero, escenografía de Tito Egurza, vestuario de Luciana Gutman e iluminación de Roberto Traferri, mientras que la dirección del coro está a cargo de Alberto Balzanelli. El elenco de cantantes está integrado por Olga Romanko (Minnie), Daniel Muñoz/Fernando Chalabe (Dick Johnson), Luis Gaeta (Jack Rance), Ricardo Cassinelli (Nick), Ricardo Yost (Ashby), Luciano Garay (Sonora), Marta Cullerés (Wowkle) y Omar Carrión (Jack Wallace), entre otros.

La Nacion, 29 de julio de 2002

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