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Vendrán menos figuras, y las que vienen adecuarán
sus cachets a la situación actual. Sin pompa pero con ideas, los directores
del Colón y el Argentino planean un año austero. Aquí, sus respectivas estrategias
artísticas.
La crisis y
la devaluación han golpeado duramente a las instituciones musicales
argentinas, pero, al menos en el caso de la ópera, el golpe no es necesariamente
fatal. Después de una década de convertibilidad y altos cachets,
el Colón deberá reducir drásticamente el presupuesto
de producción y repensar toda su política y sus criterios para
la selección de títulos, producciones y repartos.
Los directores
de de los dos principales teatros líricos del país, Emilio
Basaldúa (Teatro Colón) y Daniel Suárez Marzal (Argentino
de La Plata) coinciden en que esta crisis supone, ante todo, un desafío
estético. "Jamás voy a decir asegura Basaldúa
que esta es una temporada de emergencia porque no la tomo así.
La tomo como una posibilidad única, en la que tenemos que usar
toda nuestra imaginación y confiar no sólo en la buena voluntad
de los artistas sino también en la del público". Y
Suárez Marzal, por su lado: "La palabra crisis no me da miedo
porque significa decisión."
Los cambios se sentirán
más violentamente en el Colón, ya que durante estos últimos
años el teatro se manejó con valores económicos y repartos
de Operas de primera línea. Las grandes estrellas de la lírica
seguramente no volverán por mucho tiempo, carencia que la Dirección
pretende compensar con nuevas ideas y con lo que Basaldúa califica
como una suerte de "llamado patriótico", que consiste en
la repatriación temporaria de un conjunto de artistas argentinos de
primer nivel. La convocatoria alcanza al franco-argentino JerÉme Savary
(que aceptó venir a montar Mahagonny por un cachet tres o cuatro veces
menor que el habitual), a Gabriel Garrido y Alfredo Arias (harán juntos
Las indias galantes de Rameau), a la actriz Marilú Marini (aunque su
intervención en Juana de Arco peligra por problemas de fechas), a Roberto
Plate (que vendría a reponer el oratorio de Honegger) y a Jorge Lavelli
(todavía en conversaciones para la puesta de Wozzeck).
Pero lo que está
en juego no son únicamente las figuras sino, sobre todo, las ideas.
"Quiero hacer títulos que tengan un sentido explica Basaldúa,
no llenar casilleros. Mahagonny me parece paradigmática, ya que
en este momento no debe haber una ciudad más parecida a Mahagonny
que Buenos Aires. Si alguien viene y me dice: Hagamos Carmen, yo digo
sí, hagamos Carmen, pero con qué objeto, qué vamos
a hacer con Carmen. Evitemos otra Carmen adocenada. Después está
la cuestión de las grandes producciones. Se piensa que si estás
en el Colón tenés que hacer escenografías a lo Cecil
B. de Mille. También yo en Falstaff caí un poco en eso.
Creo que tenemos que repensar todo esto".
-
¿Cómo se combina ese principio de crítica escenográfica
con un sistema de producción como el del Colón, de tradición
más bien monumentalista?
- Es un conflicto que hay que asumir. Bob Wilson es un regisseur terriblemente
caro y que requiere mucho tiempo de ensayo, pero desde el punto de vista de
los materiales es muy simple. En París tuve una conversación
con el director Peter Sellars. Pensé que era un chico caprichoso pero
resultó un tipo encantador. Me dijo una cosa obvia: no hay nada peor
que hacer óperas como Wozzeck o Mahagonny con escenografías
carísimas cuando esas obras hablan de la miseria. Suena un poco dogmático,
y es muy de los americanos decir esto, sobre todo los de la Costa Oeste, como
Sellars, pero hay algo de verdad.
-
¿Cómo piensa que responderán los abonados?
- No lo sé, me intriga. Me gustaría invitarlos y conversar con
ellos. No pretendo hacer cosas raras. Quiero hacer el gran repertorio, espero
hacer Don Carlo, La Fanciulla del West, Las bodas de Figaro. Si se espera
que venga Plácido Domingo, bueno, no, Domingo no vendrá, lo
que no significa hacer una temporada de baja calidad. Quiero conservar ese
público y adjuntarle otro público con otros hábitos y
otros recursos económicos. Quiero también que los grandes títulos
se hagan con criterios más modernos. Que no sea simplemente poner un
tricornio en la cabeza de alguien porque así se hizo siempre. Porque
en el teatro musical, cuando se cambia un poco la mirada, empiezan a surgir
cosas que estaban sepultadas bajo la hojarasca de las puestas arqueológicos.
Esos "criterios
más modernos" implican también una cierta visión
de conjunto. "Hay que empezar a pensar en espacios que se modifiquen
a través de las óperas explica Basaldúa, escenógrafo
y arquitecto, que las óperas compartan un mismo espacio. Los
otros días hablabamos con Gerardo Gandini sobre la posibilidad de hacer
Dido y Eneas de Purcell y Volo di note de Dallapiccola en una misma función,
tal vez el año próximo. Ese espacio hay que construirlo. No
que primero haya un castillo, después un avión y listo. Ese
espacio tiene que hablar.
Por Federico Monjeau, Clarin, Miércoles
20 de febrero de 2002
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