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Maximiliano Guerra, del Argentino al Colón
Hoy baila en La Plata y mañana en Buenos Aires

En la capital bonaerense hará el "Lago de los cisnes" · El 25 de mayo estará con Charly García

TeaTro Colon

Hoy, a las 20.30, Maximiliano Guerra estrenará en el Teatro Argentino de La Plata la versión de "El lago de los cisnes" de Mario Galizzi, subdirector del Ballet Estable, acompañado por Gabriela Alberti, bailarina del Teatro Colón, y la compañía del teatro platense.

Estrella del Ballet de la Scala de Milán, Guerra, por su polifacética personalidad, es elegido por prestigiosos coreógrafos extranjeros y nacionales. Se amolda a todos los estilos y siempre entrega su mayor potencial técnico y emotivo. En esta ocasión está muy feliz porque es la primera vez que bailará en este grandioso teatro.

"Me impresionó por fuera, al encontrarme con ese enorme edificio de cristal y cemento. Por dentro, la sala, los lugares de ensayo, son formidables. Pero lo que más me fascinó es el escenario: tiene un piso alucinante y dimensiones perfectas, fabuloso para todo tipo de espectáculos. Entre los 16 y los 17 años fui parte del elenco, que carecía de sala propia. Después ingresé en el Colón. Pero me acuerdo de que entonces nos juntábamos la gente de la danza, la de la orquesta y todos los que estábamos en el arte para hacer manifestaciones alrededor de lo que era un terreno baldío. Allí se emplazaba el antiguo, que se incendió y luego se demolió. Por supuesto, el reclamo era que se construyera otro. Ahora, al fin, se concretó el sueño y tengo la posibilidad de actuar aquí, en un espacio maravilloso dedicado a la cultura y que es también la casa del Ballet Estable."



-Supongo que habrás bailado diferentes versiones de "El lago de los cisnes". ¿Cómo te llevás con ésta?
-Es la número catorce -dice riéndose-. La hice en todas partes. Respecto de ésta, me llevo bien porque respeta mucho la original de Marius Petipa y Lev Ivanov y bastantes cosas de la de Jack Carter, que es la que tiene el Colón y es espléndida.

Con el coreógrafo Mario Galizzi existe una fuerte y larga relación, ya que fue su preparador para los concursos de Perú y Nueva York, de los que el adolescente artista volvió premiado. También el Ballet del Mercosur, que dirige Maximiliano, tiene piezas de este coreógrafo, incluyendo "The End", que hicieron en conjunto.

-¿Cómo lo definís a Galizzi en términos de trabajo?
-Mario es fantástico porque tiene simpleza para explicar la cosas. Aunque lo que pretende sea muy refinado y sutil. Quizá se complica en el momento de ejecutarlas. Pero en el momento de los ensayos, tiene una facilidad y tranquilidad para transmitir su visión que es sumamente positiva para el trabajo. Habla serenamente, pero sin vueltas. Eso hace que todo se entienda claramente y que se sienta seguridad, factor indispensable para cualquiera.

- Después de haber interpretado tanto el papel de Sigfrido, ¿cuál es tu idea del personaje?
-Siempre lo tomé desde el punto de vista psicológico, basándome en lo que le pasa socialmente en la época en que vive. Nunca creí que un príncipe podía enamorarse de un cisne. Aun así, traté de encontrar qué le sucede por dentro, en su psiquis. Fui buscando los porqués, que derivan en su huida de la realidad, de las responsabilidades, de supeditarse a una madre dominante que le exige cumplir con sus obligaciones como príncipe. Por todo esto, en mi opinión, cuando debe elegir a una prometida para casarse, se escapa y encuentra la libertad en el amor hacia una mujer cisne, por la cual luego dará su vida. Es una manera de romper con lo estructurado, con reglas que no desea ni le interesa cumplir, aunque haya sido educado para seguir las tradiciones de la realeza y de su rango.

-En el cuarto acto, Odette y Sigfrido mueren, pero en el más allá quedan unidos por un amor eterno. ¿Creés en ese sentimiento del para siempre?
-Pienso mucho en el amor, creo que es eterno de todas formas y, por lo tanto, existe el afecto para siempre.

-¿Qué opinás de la compañía del Argentino, con la que trabajás por primera vez?
-Me sorprendió la cantidad de gente joven, linda, y el nivel de las chicas es altísimo.

- ¿Cuáles son las escenas que más te agradan?
-Me encanta el pas-de-deux del segundo acto, dentro de los segmentos que llamamos "blancos". Ese dúo en el que ella está intentando escapar constantemente y él trata de retenerla. Odette, temerosa, está por volar, y Sigfrido la sostiene para que se quede en la tierra, la abraza, le declara su amor. Idas y venidas que no son de rechazo, sino un primer conocimiento cauteloso donde se dan cuenta de que se han enamorado. Es un momento mágico. Y después, el cuarto acto, también blanco. Cualquier coreografía que se desee montar en esa parte, con la música de Tchaikovsky, que lo dice todo, puede ser deslumbrante.

-En varios ballets tradicionales hay personajes que traducen la imagen principesca en aspectos sublimes que parecen inherentes a su casta. ¿Cuál te parece que es el que mejor los define?
-Indudablemente, ideales son el de la "La Bella durmiente" y el de "El lago de los cisnes". Son símbolos del príncipe absoluto, el que posee de forma innata cualidades, como sentimientos nobles, lealtad, elegancia, calidez y un coraje que no le teme a nada, casi sobrehumano.


-De lo último que has bailado, ¿qué es lo que más te gustó?
-"Arms", que creó para mí Mauro Bigonzetti. La coreografía es maravillosa. Siento mi cuerpo danzando desde las uñas hasta los pelos de la cabeza. También disfruté mucho la obra que estamos haciendo con mi compañía, "Tango mirando al sur", de Mora Godoy. Es típicamente tanguera. Me gusta ir de un estilo a otro. Hacer hoy algo clásico y mañana, en el Colón, obras que mezclan diferentes líneas incluyendo lo contemporáneo y lo popular. Es el desafío de cambiar radicalmente y probar lo que hay dentro de mí, lo que absorbí y puedo traslucir. No me agradan los encasillamientos. Hay cosas que me parecen lejanas, como "El Cascanueces" o "La Bella durmiente": creo que son excelentes para empezar un carrera, y yo los bailé de muy jovencito. Actualmente me atraen las creaciones, coreografías contemporáneas, más profundas. Como "Notre Dame de París", de Roland Petit; "La fierecilla domada", de John Cranko, o las que haré de John Neumeier el año próximo en la Scala, "Now and Then" y "Spring and Fall".

-¿Volvés al país después de estas representaciones?
-Más adelante volvemos con el Ballet del Mercosur para actuar en el Colón, con un programa compuesto totalmente por estrenos que hicimos en la tournée europea, que después llevaremos en gira por las provincias. También están pautadas las habituales galas benéficas, en el Cervantes u otro teatro.

-¿Qué te gustaría que la gente dijera de vos?
-Tantas cosas... Que soy una buena persona. Respecto de lo artístico, no me importa que digan "el gran bailarín, lo mayor del mundo". Nada de eso. Lo que espero es que después de cada función que hago, aunque sea un espectador se lleve un fotograma en la memoria. Algo que se inserte en su interior y que mueva sus emociones.

Silvia Gsell, la nacion 24 de mayo de 2002

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