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El
primer impacto que produjo su figura en el imaginario de una generación
que la vio emerger de la pantalla con personalidad propia fue en 1970,
de la mano de Bernardo Bertolucci. Dominique Sanda compartió entonces
con Jean-Louis Trintignant y Stefania Sandrelli las escenas más
candentes de "El conformista" (sobre la novela de Alberto Moravia).
Una de las secuencias imborrables de aquel formidable film fue la del
tango que Dominique bailó con la Sandrelli en un salón popular
de París, a la vera del Sena. LA NACION dialogó con la "nueva"
Sanda, que protagonizará en el Colón, desde mañana,
"Juana de Arco en la hoguera", el oratorio de Arthur Honegger.
.
"A mí también me dejó una fuerte marca esa secuencia
de "El conformista" -concuerda la actriz francesa, cada vez
más afincada en la Argentina-, una escena importante en ese local
de baile, en Joinville-le-pont, que todavía existe. Es un lugar
que yo amé entonces, cuando tenía apenas 18 años
y asumía un personaje clave, en mi tercera película (había
debutado dos años antes con un grande, Robert Bresson). Esas dos
mujeres jóvenes y bellas bailando en un sitio tan especial..."
.
Sanda está viviendo un momento excepcional de su trayectoria: "Se
produce algo muy especial cuando la gente pone lo mejor de sí y
siente que está generando algo único -señala-. Proviene
de algo profundo del alma de la gente para pasar sobre las dificultades
actuales, para que la obra nazca, y es lo que yo percibo que está
pasando ahora en el Colón".
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Cuando se le pregunta si alguna vez imaginó que, lejos de sus creaciones
en el cine y en el teatro, iba a interpretar un texto que forma parte
de una obra musical en un teatro lírico, Dominique sonríe:
"Este papel es algo que me ayuda. En este caso (y la reflexión
vale porque las actrices tendemos a ponernos en la piel de un personaje)
se trata de una persona que existió, una niña guerrera que
atravesó por todo eso cuando tenía 17 años. Me da
mucha fuerza espiritual.
No sé si me animé a imaginarme esto alguna vez, pero para
mí la música siempre fue lo más importante, lo que
ha dado lo máximo en cuanto a paz y placer".
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"Ahora -sigue-, la música se integra a mi condición
de intérprete, y estar en el Colón es lo mejor que me podía
pasar. El Colón es un mito, incluso para los europeos, por su tradición;
ya el hecho de ingresar en él para escuchar una obra es extraordinario.
Y trabajar allí es como un sueño."
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Dominique, luego de la temporada en el Colón, viajará a
la región de la Toscana, donde iniciará los ensayos en el
rol de la reina Gertrudis, la madre de Hamlet, en una versión que
desde hace cinco años viene madurando Federico Tiezzi, un notable
régisseur italiano.
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Esta experiencia también la colma de ilusión. "Es que
trato de encontrar un gran director para un trabajo teatral. En cine estuve
junto a grandes realizadores, desde ya Bresson y Bertolucci, pero también
Luchino Visconti, Vittorio de Sica, John Huston, Mauro Bolognini, Jacques
Demy, Lina Wertmüller... En teatro todavía no me pasó,
porque es una trayectoria más reciente, de diez años a esta
parte (aunque trabajé con Mario Monicelli en "Las relaciones
peligrosas" y con Bob Wilson). Todavía espero a un director
que me ayude a llegar "más allá", y en este caso
puede ocurrirme. Claro, es un desafío también, porque no
es tampoco mi idioma: voy a actuar en italiano."
.
Las giras propias del teatro le han dado a Sanda la oportunidad de experimentar
los secretos caminos recurrentes de la vida. "Cuando decidí
hacer teatro -cuenta-, elegí "La dama del mar", de Ibsen,
pieza que sentía muy próxima a mí. Comenzamos a ensayar
en el Gran Teatro de Ferrara, y he ahí que, sin proponérmelo,
volví a la ciudad en la que había filmado "El jardín
de los Finzi Contini", con De Sica. Era la ciudad en la que el autor
de la novela, Giorgio Bassani, ferrarense él, había ambientado
su relato."
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Y la misma obra de Ibsen la llevó de nuevo, también, a la
región de la Emilia Romagna, en Italia. "De repente reviví
mis días de "Novecento", la saga que un hijo dilecto
de Parma, Bernardo Bertolucci, filmó en los alrededores de la ciudad.
Aquel rodaje, que para las dos partes del film nos llevó nueve
meses, fue maravilloso: atravesamos por todas las estaciones, aunque mi
personaje intervenía en invierno. Aquellos parajes, con sus ciudades
pequeñas y antiguas, con atmósferas tan peculiares, se me
grabaron para siempre."
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Extasis en las llamas
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Dominique asume el compromiso de encarnar a Juana, la doncella de Orléans,
a punto de subir a escena en el Colón. Y se trata, por cierto,
de un montaje complejo. .
"Al principio -refiere la actriz-, ensayé con la pianista
Cecilia Varela y la partitura. Se agregó el maestro de orquesta
Reinaldo Censabella y luego los cantantes y el coro de niños. Un
paso más reciente ha sido el de trabajar con el coreógrafo
Alejandro Cervera. Compartir la creación de la puesta con esta
gente es una experiencia extraordinaria. Censabella afronta un compromiso
en su carrera que le dará oportunidad de probar su capacidad artística.
Es sensible y sencillo; es la primera vez que tengo que trabajar con un
maestro de orquesta, de modo que es importante que ese director no se
sienta un gran divo en un terreno nuevo para mí. Lo mismo me ocurre
con Cervera, artista que conoce su oficio y que acierta a descubrir el
valor expresivo del cuerpo, algo primordial para definir situaciones y
personajes, aunque aquí el movimiento no sea estrictamente de danza.
Entramos en la etapa final, en la que se integrará todo en el escenario.
Es un espectáculo con mucha gente."
En el libreto de Paul Claudel, Juana de Arco dialoga con el "frére
Dominique", el fraile que, desde el cielo, comparte su inmolación.
¿Qué siente la Dominique actriz al invocar, en el recitado
del texto, a un personaje masculino que lleva su mismo nombre, Dominique?
"En la ficción es mi aliado... ¡y en la realidad es
mi santo! Es Santo Domingo, un clérigo del siglo XII, y es un anacronismo
deliberado, porque a pesar de que él y Juana son personas de dos
siglos distintos, Claudel los acerca, y él le cuenta a Juana su
dolor frente a lo que está pasando. Porque son los de su Orden,
los dominicos, quienes se han convertido en los máximos inquisidores,
los verdugos de ella, pero él no quería eso. Entonces Claudel,
católico, hace que Santo Domingo venga a contarle a Juana que tiene
un libro escrito por los ángeles en el cielo, que narra el proceso
de Juana de Arco. Es como un desdoblamiento: es el proceso de Juana visto
desde la hoguera, pero al mismo tiempo se ve a sí misma desde arriba."
En los hábitos campesinos de la doncella de Orléans, Sanda
afronta un arquetipo que dista bastante de las heroínas que tantas
veces encarnó en la pantalla, criaturas sensuales, seductoras y
hasta con un toque de perversión, como la Lou Andréas Salomé
que personificó en "Más allá del bien y del
mal" (aunque la actriz advierte que hay que ser prudente con la consideración
de la perversidad: "Las situaciones son las perversas, y esa condición
la impone la mirada de los otros"). Dominique asegura que no se sentía
femme fatale en sus personajes, y que en sus composiciones nunca renunció
a su inocencia primordial: "Yo era muy idealista de niña,
y muy solitaria. Y me inventé un mundo, porque tenía que
inventarme algo para soportar la soledad. Y aquella sensación juvenil
no me abandonó. En todos mis personajes (y aun cuando a veces encarné
la sensualidad) yo conservé la inocencia. A cada personaje le daba
un color particular, claro, pero en el fondo creo que siempre prevaleció
ese "yo" que nunca dejó de ser inocente".
Por Néstor Tirri
Para LA NACION 25 de mayo de 2002
El 2 de junio, se realizo una funcion a beneficio en el Colon, asistiendo
mas de 1800 personas. La tonelada de alimentos reunida como entrada fue
distribuida por Caritas en las zonas más pobres de la provincia
de Buenos Aires.

Juana:
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