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Ascenso
y caída de la ciudad de Mahagonny, la ópera de Kurt Weill
y Bertolt Brecht, abrirá el viernes la temporada del Colón.
Se trata de una ampliación a escala operística de la primera
criatura de la dupla Weill-Brecht, La pequeña Mahagonny que habían
estrenado en el Festival de Baden-Baden en 1927. Esa primera pieza era
un songspiel, una serie de canciones articuladas por una narración.
"El género de song que se originó en ese trabajo y
se desarrolló en La ópera de los tres centavos, El réquiem
de Berlín y Happy End escribió Weill no sostiene
el desarrollo de una ópera completa; había que agregar otras
formas mayores, pero sin dejar de lado el estilo simple de las baladas".
Ascenso
y caída de Mahagonny representa, según los propios autores,
una entrada "a conciencia dentro de la insensatez del género
operístico". La imaginaria Mahagonny es una extraña
combinación brechtiana de ciudad americana, trampa y paraíso.
La obra es un fábula sobre la felicidad y el dinero; Brecht la
definió como una ópera como cualquier otra, esto es, como
una "ópera culinaria", escrita con la finalidad de dar
placer. Pero, como es previsible, Brecht no se ahorra una vuelta de tuerca
sobre la idea del placer, que aquí aparece como objeto temático
principal: "Ya que nuestra búsqueda tiene por objeto el placer,
hagamos, por lo menos, que el placer sea objeto de nuestra búsqueda.
El placer se representa aquí en su forma histórica actual:
como mercancía".
Los
autores recurrieron por primera vez al gran aparato del teatro lírico:
una gran orquesta (sin excluir las cuerdas que generalmente disgustaban
al antirromántico Brecht), 21 escenas, ocho solistas, coro femenino
y masculino, canciones, arias, dúos de amor, tercetos, recitativos,
trechos hablados y una forma orquestal más articulada y menos discontinua
que en trabajos anteriores.
La
obra tuvo un estreno bastante escandaloso en Leipzig en 1930, con un grupo
camisas negras manifestando en la puerta del teatro. El filósofo
Adorno le dio la bienvenida como primera ópera surrealista: "Sus
intenciones surrealistas vienen dadas por la música que, desde
el primero hasta el último sonido, sirve de shock que crea la repentina
representación del mundo burgués en descomposición
(...) Esta música que, más allá de unos pocos momentos
polifónicos como los de la introducción y un par de números
de conjunto, se desarrolla por los medios más primitivos (...)
apelotonada de acordes tríadas y falsas relaciones, con los mejores
acentos de los viejos music-hall songs, apenas conocidos, recordados sólo
como una herencia, martillada, pegada con la maloliente cola de reblandecidos
potpourris de ópera, esta música a base de residuos del
pasado es completamente actual."
El
Colón la representó por primera vez en 1987, en una audaz
y polémica régie de Jaime Kogan (una escena a gran escala,
a contramano del tradicional cabaret brechtiano), con dirección
musical de Antonio Tauriello. En esta ocasión la ópera subirá
con dirección musical de Gerardo Gandini, puesta en escena de JérÉme
Savary, coreografía de Diana Theocharidis, vestuario de Mini Zuccheri
e iluminación de Ernesto Diz. El reparto está íntegramanete
a cargo de musicos locales. Los principales papeles serán alternados
por Graciela Oddone y Adriana Mastrángelo (Jenny Hill), los tenores
Carlos Bengolea y Gustavo López Manzitti (Jim Mahoney), las mezzos
Alejandra Malvino y Marcela Pichot (Leokadja Begbick), los barítonos
Luis Gaeta y Luciano Garay (Moses) y los tenores Gabriel Renaud y Fernando
Chalabe (Fatty).
Federico Monjeau, Clarin, Lunes
8 de abril de 2002 |
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