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"Ascenso
y caída de la ciudad de Mahagonny", ópera de Kurt Weill sobre libreto
de Bertolt Brecht, con Carlos Bengolea (Jim Mahoney), Graciela Oddone
(Jenny Hill), Marcela Pichot (la viuda Begbick), Gabriel Renaud (Fatty),
Luis Gaeta (Moses), Omar Carrión (Bill), Carlos Sambpedro (Jack), Gui
Gallardo (narrador), y elenco.
Nuestra opinión: bueno.
Después
del verano de la gran debacle, tuvo lugar el comienzo tan esperado y tan
temido de la temporada lírica. Con un profundo e indisimulado contenido
simbólico, en alusión a nuestro tiempo y a nuestra crisis, la encargada
de abrir el camino fue "Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny", una
ópera única, ajena al selecto grupo que conforman aquellas decenas de
títulos tradicionales que se van repitiendo con no tantas variaciones
a lo largo de la mayoría de los teatros líricos de todo el planeta, con
planteos dramáticos y musicales diferentes, y con contenidos originales
y revulsivos, en lo textual y musical.
Cuando
luego de casi tres horas de espectáculo sobrevino el final, quedaron flotando
emociones contrapuestas, producidas por la combinación, en dosis casi
similares, de planteos admirables, meras correcciones y algunos desencantos.
Si en los tiempos del cólera hubo un espacio para el amor, en esta Mahagonny,
gracias a Savary, hubo un lugar generoso para la imaginación.
Pero
su concreción, y no precisamente por lo que de él pudiera depender, no
ha sido la mejor. Y en esto tuvo que ver, esencialmente, la conformación
de un elenco que exhibió virtudes y carencias, nuevamente, en dosis bastante
parecidas.
Tarea
esencial
Ya
que "Ascenso y caída..." no es una ópera de arias o de esencialidad vocal
sino un tipo muy particular de drama musical, sin menoscabar las tareas
de todos y cada uno de los comprometidos con su realización, la tarea
del régisseur es esencial. Y Jer™me Savary la asumió a puro talento.
Las propuestas que de él se han podido admirar en el Colón se caracterizan,
más allá de una creatividad ilimitada, por la abundancia de estímulos
escénicos que, sin embargo, no interrumpen la acción, no atosigan al espectador
y no distraen la atención de lo estrictamente musical. La simple enumeración
de sus planteos excedería cualquier espacio plausible.
El
desierto de Brecht en el cual Mahagonny es fundada por Begbick y sus secuaces,
en esta propuesta pensada para la Argentina no es sino un inmenso basural
de desechos aparentemente industriales que, no obstante, también incluyen
instrumentos musicales. En ese espacio, sus habitantes parecen una parte
integral del contexto, viviendo, buscando y revolviendo entre los desperdicios.
Esta primera referencia a nuestra realidad contemporánea se ve reforzada
por otras alegorías que van apareciendo sucesivamente, como la prostituta
que acepta patacones, los carteles de venta y alquiler de inmuebles en
riguroso castellano y que abundan en las calles de cualquier ciudad argentina,
el tango bailado mayormente según el modelo rioplatense y no "a lo Valentino",
la presencia de un bandoneonista fugazmente sobre el escenario y algunos
textos introducidos por el narrador, sobre todo aquellos que deja suspendidos
en el aire al hacer mención a la corrupción en la administración de la
justicia.
El
estilo Savary
Cuando
Mahagonny se transforma en la ciudad del placer -lo que es sintetizado
en comer hasta el hartazgo, hacer el amor, el boxeo con apuestas y la
bebida-, el escenario se transforma en un amplísimo espacio en el que
se confunden los carteles luminosos de una ciudad como Las Vegas y la
sordidez del gran tugurio. Lo revulsivo, característico también del "estilo
Savary", estuvo en algunas osadías como el boxeo femenino, con topless
incluido, en un extenso primer plano elevado; los inmundos baños químicos
portátiles o la muerte de Jack, explotando y chorreando comida y sangre
desde las alturas, una cruda escena sin anestesia. Con todo, menester
es aclararlo, ninguna de estas ideas es gratuita o carece de su razón
dramática.
En
el campo de la dirección actoral, el trabajo de Savary también fue destacado.
Aunque, en este sentido, hay que hacer mención a la gran capacidad demostrada
por todos los integrantes del elenco. Pero es aquí donde la responsabilidad
de Savary desaparece y comienzan los problemas de plasmación, ya que fue
manifiesta la asimetría entre lo que los intérpretes actuaban y lo que
cantaban. Salvo Carlos Bengolea, que asumió su papel con seguridad y con
el caudal necesario, aunque por momentos demasiado enfático, el resto
alternó momentos de mayor o menor inaudibilidad con otros apenas correctos.
Cuando,
al comienzo, la Begbick decide fundar Mahagonny y establece las siniestras
bases de la nueva ciudad, lo hace con una energía y decisión que en la
voz de Marcela Pichot no existieron. Desbordada por la orquesta, la escena
queda atenuada y sólo el volumen de la Estable y el texto en el sobretitulado
electrónico dan la pauta de algo que, en lo vocal, no ocurrió. Oddone,
también con problemas de caudal, no pudo extraerle a la "Canción de Alabama"
los encantos y secretos que Weill escribió recreando el sabor tan peculiar
de la música del cabaret berlinés. Sólo en el dúo final de Jenny y Jimmy,
cuando no hubo una orquesta por vencer sino simplemente un saxo elaborando
la tercera voz -otro hallazgo notable de Weill-, se pudo apreciar su musicalidad.
Corrección
y empuje
El
ballet, la orquesta y el coro no avanzaron más allá de lo correcto, al
igual que la dirección de Gerardo Gandini. Sin embargo, fueron ellos los
responsables principales de otorgarle a la última escena los contenidos
épicos apropiados. Los dueños de la corrupción y de la ciudad decadente,
apostados en lo alto y con escaso volumen, y Jenny tratando de hacerse
oír, en el llano, no contribuyeron especialmente a la creación del clima
grandioso que necesita una conclusión propia de cierto pensamiento ideológico,
estético y musical de la Alemania de 1930. La fibra, el brío, la potencia
que acompañan al establecimiento del nuevo orden por venir, en todo caso,
fueron aportaciones casi exclusivas de los muy añejos cuerpos estables
del Teatro Colón.
Pablo
Kohan, La Nacion, 14 de abril de 2002 |
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