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"Hay que recuperar la alegría en el Colón"

El músico planteó las líneas generales de su gestión. Señaló la necesidad de que la tradición también sea sostenida por nuevos talentos y defendió la transparencia. En el acto de asunción estuvo Aníbal Ibarra

Gabriel Senanes acaba de asumir la Dirección General y Artística del Teatro Colón, en reemplazo del arquitecto Emilio Basaldúa y en medio de un acalorado debate disparado por la actuación de artistas populares en el Teatro.

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"El Colón es un símbolo paradigmático de la cultura musical agentina. No es la cultura musical en su totalidad, ya que suceden muchas cosas por fuera del Colón, pero es un símbolo que nos identifica y nos reúne, a los que van al Colón y a los que no van. En este sentido, el Colón es de todos los argentinos, lo que no quiere decir que sea para todos. "

Tu llegada a la dirección del Colón se produce en el contexto de una álgida polémica entre conservadores y populistas, entre los que defienden un Colón más ceñido a lo tradicional y los que enfatizan, por sobre todo, la idea de nuevo público. ¿Qué podrías decir con relación a esta polémica?

No me siento convocado a una polémica entre conservadores y populistas, ya que no soy conservador ni populista. Me interesa aclarar que se trata de una cuestión estrictamente personal, anterior al Colón. Como músico estoy inscripto en una atmósfera donde conviven distintas presencias culturales. Algo así es, en general, la atmósfera cultural argentina, bastante variada. Como tantos otros, yo soy un producto de eso; un producto diferenciado, como todos los demás. La combinación de elementos en mi trabajo artístico es una ecuación donde conviven influencias de distintos campos, algunos llamados clásicos, otros populares, sin que lo popular tenga que ver con lo masivo ni, mucho menos, con lo vulgar. Ahora bien, en función de lo que el Colón debe representar, habría que decir que no debería inscribirse en ninguna de las dos variantes.

¿Por qué?

Porque, además de ser un teatro, el Colón es un símbolo paradigmático de la cultura musical agentina. No es la cultura musical en su totalidad, ya que suceden muchas cosas por fuera del Colón, pero es un símbolo que nos identifica y nos reúne, a los que van al Colón y a los que no van. En este sentido, el Colón es de todos los argentinos, lo que no quiere decir que sea para todos. Más que hablar de las cosas para las que el Colón fue creado, habría que hablar de lo que el Colón viene siendo desde hace casi un siglo de existencia: un teatro para la ópera, el ballet, la música sinfónica y de cámara. Todo lo que se desprende y se genera a partir de eso, es una tradición que hay que honrar. Pero una tradición no quiere decir un museo. Una tradición son tradiciones, como decía Mauricio Kagel: son capas de tradiciones, cosas que se van sucediendo. Todo tuvo un primer día. No creo que ningún individuo pueda torcer una tradición, sino sumar algo a ella.

La perspectiva conservadora tiene un innegable punto de verdad, que consiste en la defensa del carácter aurático del Colón. Es evidente que si se profundiza la tendencia de los espectáculos de música popular, más allá de la superioridad de unos sobre otros, de Spinetta sobre Soledad, el Colón perderá el aura que todavía conserva tanto entre los músicos clásicos como los populares. Incluso la tradicional expresión "Al Colón" terminaría careciendo de sentido.

La magia, la mística que el Colón ha sabido acuñar es uno de los valores inviolables. Como decía un querido amigo mío, si no tiene ángel, no sirve. Y por mi parte agrego: si no hay alegría, tampoco sirve. Hay que recuperar la alegría de hacer música en el Colón. La sola atmósfera que el Teatro impone es un bien común. Tiene que ver con lo consagratorio. Acceder a la vida musical del Colón tiene que tener un sentido de consagración, aunque también puede tenerlo como estímulo. El prestigio del Colón puede servir para el que está de vuelta pero también para el que se inicia. El Colón debería poder sostener esta tradición ofreciéndole nuevos talentos, porque si no ella se moriría.

En cuanto a los episodios de la polémica, pertenecen a gestiones anteriores sobre las cuales tengo poco para decir. Me haré cargo de lo que ocurra en el Colón a partir de ahora. Entonces te diría: el Colón es el espacio que la ciudad tiene para ciertos géneros. Otros géneros tienen otros espacios naturales. Es probable que hayan habido incrustaciones inoportunas. Puedo adelantar que, durante mi gestión, si hay una presencia de otros géneros debe ser en principio absolutamente excepcional. Excepcional en cantidad y en calidad. Hay creadores que están más allá de la clasificación: si Salgán compone una obra sinfónica, ¿por qué no podría ser tocada por los medios sinfónicos del Colón? ¿Quién impediría por principio al compositor Salgán hacer su obra en el Colón y quién impediría al pianista Keith Jarrett tocar sus improvisaciones en el piano de cola del Colón? Siguiendo con las cuestiones de catálogo, sabemos que no es suficiente que una obra se denomine sinfonía para que eso garantice la excelencia artística. Seguramente la historia ha sepultado una gran cantidad de sinfonías pésimas.

Vos diferenciabas lo popular de lo masivo, pero sin embargo la política los vuelve a unir. La política no puede prescindir de criterios cuantitativos, de cuánta gente va al Colón, de cuánta gente fue a ver a Spinetta.

Lo popular no está definido por la cantidad de público que hay en una boletería. En muchos procesos culturales históricos lo popular fue minoritario, y lo mayoritario fue lo vulgar.

¿Qué lo define?


Lo popular tiene que ver con un proyecto común. Para tomar una expresión de un filósofo católico argentino, diría que lo popular tiene que ver con una comunidad de destino. Si podemos considerar la música como un bien común que nos reúne, que reúne nuestras diferencias, no para neutralizarlas precisamente sino para computarlas; esas diferencias, decía, por radicales que parezcan, son parte de nuestra cultura, entonces no se debe temer a la exclusión. El Colón tiene que ser parte de esa comunidad de destino, donde se pueda hacer música en paz. Hay que sentarse y trazar un rumbo común en el que cada diferencia se pueda desplegar. Personalmente la idea de lo popular no la ligo a una batea de música sino a un proyecto, a una idea de Nación.

Convengamos en que la comunidad del Colón está muy lejos de ser algo ideal, que hay muchos intererses creados y problemas más o menos como en la vida real.


Estoy dispuesto a erradicar cualquier funcionamiento deshonesto. Pero no con un discurso voluntarista sino con un nuevo manual de procedimientos. Estamos anunciando la existencia de un manual que por primera vez estipula cuáles son los canales que cada gestión debe seguir en el Teatro. Es un emprolijamiento de las medidas que cada trámite debe seguir, en lo administrativo y económico. También me alegra anunciar que por primera vez el Colón va a tener un Director con un cargo de planta, cuyo sueldo va a corresponder a un cargo municipal y no a un contrato variable. Así como a un maestro de escuela le correponde un sueldo, al director del Colón le corresponderá otro. Se funda la categoría administrativa de Director del Teatro Colón. En fin, la transparencia no va a depender de la voluntad del funcionario, sino de la normativa. El Colón es excepcional en un sentido, pero no puede serlo en otros. Debe conservar los misterios en el arte, no en la gestión. Tampoco debería haber tantas anomalías en la programación. Trabajaremos en una temporada 2003 que prevea hasta lo imprevisible, porque la previsión implica la posibilidad de un accidente. Y que no escape en absoluto a las posibilidades del Colón. Todos los teatros del mundo tienen límites.

¿Cómo imaginás una buena temporada posible?

Creo que una de las palabras claves de la etapa que se abre es la de pluralidad. Porque dentro de los mismos campos tradicionales de la ópera, la música sinfónica, el ballet, tampoco aquí puede suponerse ninguna homogeneidad. No se puede pensar que un artista es igual a otro porque los dos hacen obras sinfónicas o son autores de ópera. ¿Cómo se puede suponer semejante cosa? Podría decirse que son géneros o estilos; o técnicas, porque la música sinfónica supone un instrumental sinfónico. Tiene que haber pluralidad, empezando por los géneros a los que el Colón debe su aura. Creo que el Colón no debe atender otras cosas, pero dentro de estos géneros propios hay pluralidades, antinomias, distintos pensamientos estéticos, ninguno de los cuales debe ser excluido.

La idea de evolución o de vanguardia o de conservadurismo, dentro del campo sinfónico o de la ópera, es una variable que a los protagonistas suele resultarles ajena. El ejemplo paradigmático de esto no proviene de alguien que se autoproclama vanguardista, sino de alguien que se autoproclama conservador, como Brahms, y fracasa, según lo demuestra el famoso artículo de Schoenberg Brahms el progresivo. O sea que la verdadera dinámica de la creación, la idea de vanguardia, avance o retroceso puede ser una fuerza a la que los propios sujetos no alcanzan a gobernar. Brahms, queriendo ser conservador, finalmente fracasa. La música está llena de sorpresas y debemos prestarle oídos.

Clarin, Domingo 8 de setiembre de 2002

 
 
 
Personalidades, acontecimientos, documentos, entrevistas y articulos de las personaliades mas relevantes de la Argentina en los ambitos profesionales, empresariales, deportivos, cientificos y culturales
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