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RENUNCIA:
"No voy a aceptar que el Colón sea un alquilador de salones",
dijo Basaldúa
En
cambio, el secretario de Cultura, Jorge Telerman, señalo "es
imprescindible atraer a nuevas audiencias"
Gustavo
Cerati en el Colon
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Llegaron
con ánimo festivo, expectativas imaginables y una vestimenta muy informal.
Por el modo en que trataban de satisfacer su curiosidad, acompañando con gestos
de sorpresa la observación de cada detalle, quedaba claro que la mayoría de
ellos jamás había pisado ese lugar con anterioridad.
La
escena se repitió varias veces a lo largo de los últimos meses,
con más frecuencia de lo acostumbrado en la larga historia del Teatro
Colón. Porque no es habitual que en un período tan corto hayan
desfilado por el escenario de la principal sala lírica de la Argentina
intérpretes de las características de Charly García,
Luis Alberto Spinetta, Dino Saluzzi, Luis Salinas, Gustavo Cerati, Soledad,
Los Nocheros o Memphis La Blusera, o que allí se concretara un tributo
a la memoria de Atahualpa Yupanqui.
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Esta atípica seguidilla de presentaciones de artistas populares, rara
para la tradición del Teatro Colón y surgida a partir de iniciativas
de distintos organismos públicos o de propuestas con espíritu
benéfico, fue saludada desde algunos sectores como un intento por despojar
la sala de un supuesto perfil elitista y abrirla hacia otras expresiones creativas.
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En otros ámbitos, la experiencia generó, en cambio, quejas y
objeciones no menos atendibles. Una carta de lectores publicada el jueves
último en LA NACION con el título de "El Colón,
violado" sintetizó el punto de vista de quienes, sin dejar de
reconocer los valores de los artistas populares mencionados, creen que la
sala lírica es el ámbito menos propicio para que puedan desarrollar
su arte. Sobre todo cuando una exagerada amplificación -como ocurrió,
sobre todo, en los casos de Memphis y de Soledad, los recitales más
discutidos-, desnaturaliza las extraordinarias cualidades acústicas
que el Colón ofrece como muy pocos teatros en el mundo.
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Hace siete días, un artículo publicado en The New York Times
("La música clásica quiere sacarse de encima su traje de
etiqueta") ilustraba sobre el debate en torno de la apertura de los teatros
de ópera hacia nuevas corrientes expresivas y una renovación
de su público tradicional, que hoy está presente en la mayoría
de las capitales del mundo.
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"En todos los teatros líricos del mundo la pregunta clave es cómo
hacer para que la gente joven encuentre amigable el entorno de la música
clásica", fundamentó, en la misma dirección, el
administrador general del Teatro Colón, Pablo Batalla.
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El funcionario informó que entre marzo y julio de este año el
número de asistentes al Colón con entradas pagas llegó
a las 204.000 personas, frente a 160.000 en igual período de 2001.
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Según Batalla, por primera vez en los últimos 12 años
toda la producción artística del teatro (con un costo anual
de unos cinco millones y medio de pesos) se maneja sólo a partir de
la recaudación, sin aporte alguno del Tesoro Nacional. De esa cifra
total, para el funcionario apenas el dos por ciento corresponde a ingresos
por conciertos populares, que dejarían en las arcas del Colón
un ingreso promedio de 30.000 pesos por cada función.
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Pero en nuestro caso la polémica se encendió al mismo tiempo
hacia la conveniencia o no de abrir el teatro a manifestaciones artísticas
cuyos protagonistas parecen imaginar al Colón sólo como el lugar
de la instancia consagratoria para sus respectivas carreras.
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El debate creció también a partir de otros hechos a los que
el Colón no está acostumbrado. El 25 de mayo último serios
desmanes provocados por manifestantes que agitaban consignas sociales y políticas
con pitos y cacerolas obligaron a suspender una actuación de Maximiliano
Guerra. En esa función, tras algunas dilaciones, Charly García
pudo interpretar su versión del Himno Nacional.
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La semana última, los preparativos de la muy comentada presentación
de Soledad a beneficio de la Fundación Felices Los Niños pusieron
en riesgo el calendario de las óperas "Dido y Eneas" y "El
castillo de Barba Azul", obligando a la postergación del espectáculo
que integra la temporada lírica oficial.
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Como informó La Nacion, en este hecho (al que se sumó la realización
en el Colón de un congreso de software) está la raíz
de la renuncia de Emilio Basaldúa como director general y artístico.
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"Alquilador
de salones"
"No quiero transformar el teatro en el museo del siglo XIX, porque me gusta
la palabra riesgo, pero tampoco voy a aceptar que el Colón sea un alquilador
de salones", dijo Basaldúa a LA NACION en la tarde del jueves último,
muy pocas horas antes de decidir su alejamiento.
Durante esa entrevista, el ex titular del Colón se declaró "decepcionado"
por algunos de los resultados de la presencia de artistas populares en la sala,
sobre todo porque en algunos recitales "quedaron desvirtuados los conceptos
de amplificación e iluminación propios de la sala y rigió
un concepto de show". Una de las últimas resoluciones de Basaldúa
fue prohibir todo espectáculo con más de 90 decibeles de amplificación.
Cuando habló con LA NACION hace tres días, aún en funciones,
Basaldúa había subrayado que sus afirmaciones contaban con el
explícito respaldo de la Secretaría de Cultura del gobierno porteño.
Tras la renuncia de aquél, habrá que ver si el organismo que encabeza
Jorge Telerman ratifica esa línea o la modifica. El nombramiento de Gabriel
Senanes como nuevo director general y artístico -de lo que se informa
por separado- es, por lo pronto, una señal inequívoca que apunta
a mantener la tendencia aperturista.
Como titular de la Dirección de Música del gobierno porteño,
Senanes -de formación clásica, pero para nada ajeno al mundo de
la música popular- impulsó la presentación en el Colón
de artistas como Saluzzi, Salinas y Spinetta. En cambio, las actuaciones de
Cerati, Memphis y Los Nocheros formaron parte de un ciclo de la Secretaría
de Cultura de la Nación a partir de las fechas que la Orquesta Sinfónica
Nacional dispone para actuar en el teatro.
"Gracias a estos conciertos que conjugaron lo clásico y lo popular
hemos podido acercar la actividad de la Sinfónica Nacional a gente que
no estaba habituada a escucharnos. Además, no se olvide de que en toda
su historia el Colón siempre recibió a artistas populares. Hasta
hubo bailes de carnaval", sostuvo Pedro Ignacio Calderón, director
titular de la orquesta.
Jorge Padín, de aplaudida trayectoria como baterista de jazz en décadas
pasadas y hoy responsable empresarial del acercamiento entre las agrupaciones
sinfónicas locales y músicos como Cerati, Memphis y Los Nocheros,
reconoció que la experiencia con el grupo de blues no fue feliz, sobre
todo por el exceso de amplificación, pero a la vez cree que es posible
repetir estas experiencias a partir de considerar las exigencias especiales
que impone el Colón.
"Debe haber conciertos y no recitales, porque no puedo llevar al Colón
a un artista para hacer lo mismo que en el Luna Park o en Obras Sanitarias.
Con Los Nocheros se respetaron los cánones de la sala, con amplificación
e iluminación mínimas y 3000 personas que ni siquiera conocían
la sala", enfatizó.
Padín imagina para el año que viene en el Colón un espectáculo
sinfónico con Mercedes Sosa o algún concierto de Ariel Ramírez,
"siempre y cuando tengamos por lo menos seis meses de ensayos". Basaldúa,
antes de dejar su cargo, dijo que esta tendencia "popular" del Colón
"debería ser repensada" y consideró que a algunos artistas
"llegar a esta sala no les hace bien".
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Por lo pronto, queda claro que con la etapa iniciada ayer en el Colón
este debate estará con toda seguridad en la primera línea de fuego.
Marcelo Stiletano |
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Ahora,
Senanes
El secretario de Cultura porteño, Jorge Telerman, decidió que
Gabriel Senanes sea el sucesor de Emilio Basaldúa en la Dirección
Artística y General del Teatro Colón. En un comunicado, se señaló
que con su elección se pretende "otorgar un mayor dinamismo al
Colón y asegurar que la temporada se cumpla tal cual fue programada".
Senanes es compositor y director de orquesta, crítico musical del diario
Clarín y actual director general de Música de la Ciudad de Buenos
Aires.
En relieve
De marzo a julio de este año, 204.000 personas pagaron entradas para
ir al Colón, contra 160.000 en similar período de 2001.
Sin embargo, no todas fueron a escuchar óperas o conciertos. Entre
los artistas populares que pasaron por el escenario mayor de Buenos Aires
este año estuvieron Los Nocheros y la cantante Soledad.
Los espectadores tradicionales temen que la amplificación excesiva
y el traqueteo puedan dañar la sala.
También se quejan por las postergaciones a que se expone la habitual
temporada lírica.
El director saliente dijo que había que "repensar el fenómeno".
El nuevo director, crítico y compositor, no es ajeno al mundo de la
música popular.
La
Nacion, 1 de septiembre de 2002
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