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Infraestructura
de ciudad holandesa, densidad demográfica patagónica. Un simple paseo por
el bulevar Juana Manso, entre Azucena Villaflor y Vera Peñaloza (las extensiones
respectivas de Belgrano y Estados Unidos), arroja la imagen que mejor define
los días actuales que vive la zona más flamante del joven barrio: por las
veredas se ve cada tanto el movimiento de operarios con sus cascos amarillos
de obra y sus mamelucos. Los obreros doblan o triplican en número a los peatones
vestidos de "civil". De día, un barrio de albañiles y pocos vecinos. |
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También
se observan autos (mayormente importados y lujosos) estacionados en ambas
manos, llenando las cuadras; sin embargo, casi no hay tránsito. El ruido dominante
sale de los motores forzados de las máquinas retroexcavadoras. Hay que mirar
ambas veredas: son más los edificios con su esqueleto de hormigón al desnudo,
que los terminados tal como prometen las imágenes optimistas de los cartelones
inmobiliarios.
De todos estos, uno se lleva el premio mayor: "El Porteño Building", anuncia
un cartel gigante. La imagen destila un modernismo especial. Bien podría estar
colgado en una vieja usina del Soho neoyorquino. La fachada del antiguo galpón
portuario de ladrillo remite, precisamente, a muchos de esos viejos edificios
neoyorquinos.
"79 apartamentos únicos diseñados por Philippe Starck", se anuncian el cartel.
Los créditos (ingeniero, arquitecto, contratista) están en inglés. El obrador
no está vacío, aunque está claro que operarios no sobran por estos días. "1902—2002",
promete el cartel. Las dos retroexcavadoras se mueven con pereza. Acaso manejen
otros tiempos.
En un radio de no más de cuatro cuadras, esta semana podían verse seis grúas
monumentales girando. El viento del Sur trajo frío; también molestos remolinos
de polvillo de obra. El bulevar Azucena Villaflor aporta todos los árboles
que le faltan a su par Azucena Vera. Aimé Painé corre también entre ellos,
paralelo a Juana Manso. En Painé, el panorama no cambia: cascos, poco tránsito,
polvillo. "Velocidad máxima 30. Obra en construcción", advierte un cartel.
Jorge Alegría es dueño de un drugstore, sobre Vera Peñaloza, entre
Manso y Painé. Abrió en setiembre. El impecable negocio tiene pocos visitantes
entre semana. Una empleada, con calma, acomoda el estante de bebidas importadas.
La mayor clientela llegará el fin de semana, cuando la Costanera Sur explota
de visitantes. Muchos de ellos vienen del Sur de la ciudad, también del conurbano.
Es probable que algunos también pasen por la trastienda de Puerto Madero durante
la semana. Pero esos días vienen con el casco
Por
Horacio Aizpeolea, Clarin, Domingo 12 de mayo de 2002
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