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PETRA MONTIGNY

"A Petra la conoci en una fiesta en Punta del Este, donde vive todo el año. Ella estaba echada sobre un piano blanco y cantando Lili Marlene. Yo me puse a cortar hortensias y a tirarselas encima. La llame una mañana muy temprano, le propuse las fotos y le hable de sus rubies. Me dijo: "Oh, that's fine", y aparecio en el estudio con un vestido tejido y un topacio en cada mano. Mientras haciamos las fotos, repetia "Por favor, que no llueva, quiero ir a navegar". Pero no hubo rubies"

En el '97 estuve seleccionado para el premio Palermo con una de las fotos de Cocktail. En la muestra de esas fotos seleccionadas, en el Museo Nacional de Bellas Artes, había muchísima gente y ni una silla. Como no puedo esta mucho tiempo parado, y en esos eventos sólo quiero ver las fotos, me molesté y me fui. A la salida, en plena escalinata, me agarró una mujer de ésas muy teatrales, al grito de "Ay, Kuropatwa, cómo te quiero", y besos y abrazos. Nunca supe quien era, y juro que no quiero averiguarlo, porque no la quiero tener en casa. Pero lo importante es que en ese momento veo unos zapatos verdes, y voy levantando la cabeza sigilosamente, y me encuentro una pollera muy floreada. Ya llegando a la altura de la cintura, veo una cartera haciendo juego con los zapatos verde brillante -en una inusitada combinación de charol, entre loro y manzana- y sigo levantando la cabeza y veo un gran escote y un collar de no sé qué mierda. Y sigo levantando la cabeza y me encuentro con un peinado más grande que todo lo que había visto hasta entonces: un María Antonieta a las siete de la tarde. La otra mujer, después de los gritos, me dice: "Te presento a Norma Cuenca". Claro que yo ya la conocía, de hace muchisimos años, de aquellos tiempos en que la cosa venía de copas, en el barco del padre. La había visto una vez, parada en la explanada que llevaba al barco, con tacos aguja de diez centímetros y escoltada por su peluquero.

A todo esto, la Alianza Francesa me había pedido un proyecto, y yo había sugerido hacer comida francesa típica -no esa 'nouvelle cuisine' que pasa por francesa, sino cocina en serio- con proyecciones de las recetas paso a paso en español. Pero los costos eran altísimos.
Ahí se me ocurrieron estas fotos. Después de la muestra con Pata Villanueva en el Rojas, quería seguir retratando mujeres. Graciela Fernández Meijide con sus ojeras ya no me interesaba. Prefería fotografiar a las damas de gala del Colón, esas de catálogo Cartier, que siempre actúan como primeras damas, sean ricas o ya no lo sean más.
Llamé a mi amiga Anita Sazón, y ella me pasó una lista: Beba Olivera, Felisa Rocha, Lía Rosa Gálvez, Cecilia Peluffo, Dalila Puzzovio, Petra Montigny, Esther Pinto y Aída Schneider. Primero me encontré con Esther Pinto, en la confitería Dandy. Ella entró llena de alhajas, con un tailleur tipo Chanel y botones tipo de oro, y hablaba de irse a un lugar tipo la Polinesia: todo tipo trucho. Bajita, mucho rulo y llena de pulseras: tipo arbolito de Navidad. No podía fotografiar eso: era too much.
Así que la siguiente fue la señora Aída Schneider. (Haga click aqui por favor)

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