El cabello es un arma de seducción no sólo por su valor estético,
sino por la sensibilidad que despierta en las zonas erógenas. Largo y
libre, actúa como una tercera mano con millones de filamentos que recorren
la piel para provocar la excitación. Al volcarlo sobre la cara y descender
luego por el pecho hasta llegar a los genitales. Mientras que los más cortos,
producen efectos similares cuando la cabeza se frota entre los muslos del
amante, cepillando literalmente el escroto a los labios de la vagina. El
contacto capilar, es capaz de pinchar, acariciar o incluso arañar al mismo
tiempo, provocando sensaciones originales.