Diversas enfermedades y disfunciones físicas generan impotencia, aunque también pueden provocarla
la reacción al abuso de drogas, de alcohol o de cierto tipo de fármacos.
Sin embargo, un porcentaje mayoritario se debe actualmente a causas psicológicas: barreras inconscientes,
producto de traumas del pasado; situaciones estresantes que anulan el deseo sexual o impiden
la concentración en los estímulos que provocan la excitación; depresión o una disminución brusca
de la autoestima, entre otras razones, son el origen de impotencias parciales que pueden ser revertidas
generalmente con tratamientos apropiados.