La respuesta sexual de la mujer, al igual que la del hombre, presenta distintas
fases durante las cuales sufre cambios tanto físicos como mentales.
La primera fase se denomina excitación, y lo más evidente es la lubricación
vaginal. También se puede observar que los labios mayores aumentan de tamaño y
se separan al igual que los labios menores, sólo que con menos intensidad.
Durante esta fase, el clitoris se congestiona de sangre y aumenta de diámetro,
por lo que se vuelve sumamente sensible y a veces algunas caricias pueden
resultar molestas y hasta dolorosas.
Internamente, el útero se levanta y el fondo de la vagina se expande, formando
como una bolsa invertida. De igual manera, se presenta erección de los pezones,
e incluso puede observarse un ligero aumento de tamaño en los pechos, así como
tensión muscular extrema y algunos movimientos involuntarios.
Posteriormente, se pasa a una fase llamada meseta, donde sorpresivamente, se
retracta el clitoris casi desapareciendo, y los cambios anteriormente mencionados
se acentúan.
A continuación, es que sobreviene la fase del orgasmo, que algunos expertos
denominan contracciones musculares. Éstas se producen en los órganos sexuales
externos e internos y son totalmente involuntarias.
El efecto del orgasmo es una liberación total de energía, de la tensión y de la
vasocongestión (acumulación de sangre). Esta liberación produce una indescriptible
sensación de placer.
La mujer presenta varias particularidades durante el orgasmo. Por ejemplo, algunas
son capaces de la multiorgasmia, fenómeno que implica la posibilidad de experimentar
varios orgasmos, sin necesidad de reiniciar todo el proceso de estímulo.
De igual manera, es factible que varias mujeres presenten una expulsión de líquido
parecido a la eyaculación del hombre. Esto ocurre debido a que las mujeres poseen
una acumulación de células glandulares en el tejido que rodea a la uretra, y éstas
producen un líquido muy distinto a la orina, que se expulsa con las contracciones
musculares.
Según algunos expertos, la manera de alcanzar este nivel de orgasmo es a través
de la estimulación del Punto de Graffenberg (Punto G), el cual se ubica a unos
tres o cuatro centímetros dentro de la vagina, inmediatamente atrás del hueso
del pubis.
Después del orgasmo, la tensión se detiene por completo y todas las transformaciones
físicas que se habían presentado desparecen, y se vuelve a las condiciones iniciales,
sólo que más relajada y satisfecha.