A través de la historia se nos ha hecho creer que las mujeres entendemos o debemos
entender el sexo en un marco de amor, que las mujeres somos de Venus y los hombres
de Marte, que el hombre ve el sexo sólo como una cuestión carnal y las mujeres como
un tema espiritual, y cosas por el estilo.
Este tipo de pensamientos es lo que ha limitado a la mujer en su toma de decisiones,
e incluso es lo que da origen a prejuicios como que la mujer es más tonta que el
hombre, porque es más romántica, más sentimental y menos racional. También esto ha
sido un problema para ellos, pues ha significado una limitación emocional, ellos no
tienen derecho a expresar sus sentimientos porque entonces son menos hombres. No
pueden optar por externar su lado sensible porque los ridiculizan o piensan que son
gays. Por culpa de estas ideas, se ha idiotizado a la mujer y se ha insensibilizado
al hombre. Ellos sólo piensan, ellas sólo sienten.
Pero, todo depende del cristal con qué se mire. Cuando nos ubicamos en el ámbito del
sexo, es posible pensar que las mujeres son más humanas porque tienen claro sus
sentimientos. En cambio, los hombres han sido animalizados, pues sólo responden a sus
instintos de macho. ¿Es la única manera en que debemos actuar? Claro que no. Por
dicha las sociedades evolucionan, y cada vez hay más hombres que ponen al descubierto
lo que sienten, como mujeres que buscan el sexo por el sexo sin necesariamente
relacionarlo con el amor, sino más bien con el placer.
No es que ver el sexo como producto de una relación amorosa esté mal. Claro que no.
Eso sólo le da mayor intensidad, intimidad, y para muchos, más sentido. Pero lo que
es importante es que se tenga la opción de escoger. El ser humano tiene muchas
diferencias con los animales entre ellas la capacidad de buscar placer sin necesidad
de vincularlo con la procreación, y por lo tanto escoger cuando tener sexo y cuando no.
Así es básico que la mujer se adueñe de su deseo, que no sienta culpa o miedo por
tener impulsos sexuales cuando no media el amor. Es parte de nuestra naturaleza, ¿por
qué ir en contra de ella? Tanto derecho tenemos nosotras como ellos de sentir placer.
Y de igual manera tanto derecho tienen ellos como nosotras de sentir amor, pero no
confundamos. El amor no necesariamente implica placer, ni viceversa.