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El Coño de las Vírgenes

El coño de las vírgenes se aburre miserablemente, como las princesas de Rubén Darío.
El coño de las vírgenes, acorralado de castidad y prejuicios, mata las horas frecuen-
tando el bidé y lavándose una suciedad inexistente, igual que el vago bosteza su
cansancio ficticio. El coño de las vírgenes, amén de aburrido, es un coño amargado
por la rigurosa disciplina a que su dueña lo somete, una disciplina de abluciones,
enjuagues y masturbaciones espectrales, que son de mírame y no me toques. Pero lo
peor que soporta el coño de las vírganes son las lecturas que su dueña frecuenta en
sus ratos de asueto que son la mayoría. Antes, cuando la guerra de Africa o así, las
vírgenes que tenían un novio en el frente leían poemas de Campoamor o de Gabriel y
Galán, que son poetas de mucha enjundia, nutritivos hasta el hartazgo, y también se
permitían alguna visita a los suspiros gallegos de Rosalía de Castro, poetisa que
ablanda el corazón y el himen. Pero ahora, en esta actualidad posmoderna y confusa,
las vírgenes ya no se conforman con estas lecturas románticas, sino que, después de
consultar los suplementos culturales de los periódicos, se agencian una novela
actualícima, y esto es mortificante para el coño que se muere entre bostezos -los
bostezos de su boca clausurada no tienen sonido- y añora aquel tiempo de vírgenes
bienintencionadas -a quienes el coño por cierto les olía fatal- que leían sonetos con
estrambote y tocaban el arpa apretando el mástil en la entrepierna, y veían caer la
lluvia a través de las ventanas mientras se masturbaban por encima de la enagua, con

encharcamiento de bragas y refajo. Las vírgenes de hoy en día, menos analfabetas que
las de antes, leen libros pretenciosos, novelas sin sangre en las venas, por no tocar
no tocan ni la pandereta. Las vírgenes de hoy en día escuchan música New Age en su
cadena musical, y el coño que lo zurzan. Como si no estuviese ya bastante zurcido,
el pobre, con esa virginidad tan ilustrada!





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