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La página ideal para la Pareja
Nuestras Historias, Disfrutalas...!!!
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Los Domingos

Bueno, todo fue culpa de Paula, mi novia. Hace casi medio año que decidimos dar un paso
adelante en nuestra relación, viviendo los dos en mi piso. Dadas las quejas del jefe de
Paula, tuve que limitar mi presencia en el super, pero supe aprovechar este inconveniente
invitándola, a propósito de lo ocurrido, al cine y a fiestas, para poder estar más con ella.
La verdad es que éramos tal para cual. Desde el principio me dijo "Oye, no estoy dispuesta
a seguir saliendo contigo si lo único que quieres es follarme". Yo, alucinado, intenté ser
serio y le contesté que el sexo es algo muy importante en una relación, pero que no lo era
todo. Paula, poco convencida, bailó para mí esa noche sobre mi cintura, otorgándome la
experiencia sexual más satisfactoria desde que, por accidente, se me quedó un día la polla
atrapada en la boca de un aspirador encendido. Paula no era una modelo, ni siquiera se
acercaba a los requisitos, pero era toda mujer y yo no me podía resistir. Yo le iba a decir
que había sido genial y tal con mi cara más sincera pero ella no se detuvo ahí. Me chupó,
folló y violó tantas veces que me sacó el semen de un mes entero en una sola noche. Como
comprenderéis, vosotros, compañeros, eso es algo de lo que no se sale de pie. Agotó todo
mi apetito y entonces me preguntó "¿Y ahora qué? ¿Quieres seguir saliendo conmigo?" Yo no
respondí esa misma noche, me sentía como un estropajo sin pulmones. Pasamos una semana o
dos un poco distantes, al haberse perdido la intriga del sexo entre nosotros, pero poco a
poco me di cuenta de que seguía pensando en ella como la compañera ideal para todas las
actividades que realizaba. Me armé de valor y la cité para anunciarle que quería salir con
ella fuera donde fuera. Paula no se creyó esto a la primera, así que me volvió a torturar un
par de veces más. Casi me estaba acostumbrando. Pero ahora ya sabemos lo fuertes que son
nuestros lazos. Paula ya me conocía los domingos por la tarde. Pero una tarde entró en el
lavabo mientras yo me afeitaba. Me había quitado la camisa de estar por casa para no manchar
nada y solo tenía puesto el pantalón corto de deporte. Me observó un rato mientras me
afeitaba. Estuvo como cinco minutos sin hacer otra cosa. Ya me estaba empezando a poner
nervioso. Moví el culo delante de ella, para ver si me decía algo, pero eso no la alteró.
Se acercó a mi un poco después y cogió un puñado de la espuma de afeitar que cubría mi cara.
Me bajó el pantalón hasta las rodillas y me restregó toda esa pasta blanca por mi entrepierna.
Agarró mi rabo y los huevos con una sola mano y los masajeó durante un rato. Me apretaba con
delicadeza pero firmemente el escroto contra mi cintura, atrapando mi falo entre mis pelotas,
embadurnando mis genitales a consciencia con el suave y resbaladizo producto. Mi cuerpo no
tardó en entender que es lo que le estaban tratando de decir, así que mi polla comenzó a
adquirir volumen y presencia entre los dedos de Paula. Pronto mis diecisiete centímetros
de carne eréctil escaparon al abrazo de Paula y exhibí orgullosamente su gruesa cabeza
púrpura enjugada de espuma de afeitar. Pero Paula no estaba muy interesada en mi fastuosa
demostración de virilidad y disposición. Me agarró del miembro y tiró de mí hacia la sala
de estar de casa. Me dijo "espera aquí" y fue un momento al dormitorio. La esperé vigilando
atentamente que mi falo no perdiera "empuje". Paula volvió con un par de toallas de playa
que extendió en el suelo y se volvió a marchar. Yo empezaba a inventarme mis historias
"Vale, follaremos en el suelo, me destrozaré las rodillas pero será tope primitivo". Mientras
consideraba las posibles posturas que me permitía adoptar ese campo de juegos, Paula volvió
con una palangana llena de agua y una esponja. Traía un siniestro neceser con ella al que
yo no quitaba ojo. Al ver yo que ella se arrodillaba en el suelo, la cogí de los hombros
dispuesto a desnudarla pero ella se deshizo de mí y me dijo "no, tú estírate aquí" señalando
a las toallas de playa. Yo pensé "ah, ella encima, está bien". Me estiré y me apoyé sobre
los codos, para ver que es lo que hacía ella. Mi falo seguía firme, fiel a la causa. Paula
abrió el neceser y sacó una maquinilla de afeitar. Yo me inquieté un poco y le pregunté
medio en broma si iba a unirse al club de seguidoras de Lorena Bobbit. Ella se rió, puso
algo de música tranquila y me separó los muslos para acercarse a mi entrepierna. Sopesó
mis testículos con una mano, noté el plástico de la maquinilla rozar mi trasero cuando
Paula lo posó en la parte posterior de mi escroto y lo deslizó con mucha delicadeza hacia
arriba. Noté un intenso cosquilleo proveniente de esa parte de mi escroto, que siempre
quedaba escondida, pegada a mi cuerpo mientras follaba o me masturbaba. Una gota de fluido
blanco brotó de mi polla y se mezcló con la espuma de afeitar. "Vuelve a pasar por ahí..."
le pedí a Paula. Ella me dijo que lo volvería a hacer porque todavía había muchos pelos.
"¿Me vas a afeitar?" Le pregunté, un poco asustado "¿Qué dirán mis amigos del gimnasio?"
Paula ni me miró cuando me contestó "Tu les dirás a ellos que se jodan, que ellos no están
afeitados". Y siguió su faena. Me hacía unas cosquillas intensamente placenteras cuando
recorría mis huevos. Ahora el izquierdo, luego el derecho... Me afeitó con sumo cuidado y
lentitud las caras de mis pelotas y la parte por donde estas se unían a mi polla, que seguía
exigiendo con fuerza algo de atención. Mis cojones crecieron, presionando contra la bolsa
de piel parda que les cubría. Estaban comenzando a propulsar esperma hacia mi polla. Mi falo
lloraba lágrimas blancas de impaciencia mientras mi trasero se rebelaba y se retorcía contra
el suelo. Por suerte Paula acabó su faena y pasó una esponja fresca y húmeda por toda mi
entrepierna, recreándose en cada centímetro de mi bruñido rabo suplicante. Cuando limpió la
bolsa de mis huevos, sentí un frescor y un tacto nuevo allí, entre mis muslos. Paula puso
un espejo entre mis piernas y me preguntó "¿Te gusta?". Mis pelotas estaban rosadas y
distendidas, como ciruelas maduras. Brillaban por la humedad y podía distinguir perfectamente
el contorno de mis testículos. "Si..." suspiré sorprendido. Paula los masajeó con cuidado
un rato mientras yo retozaba sobre las toallas. "Ahora los tienes muy suaves y sedosos...
como el vientre de un pájaro" me dijo ella mientras los removía con intensidad. "Si algún
día te murieras, te cortaría el escroto y me haría un bolso para monedas con él" Yo sonreí
satisfecho y le puse una mirada que ella siempre había advertido que ponía cuando quería
que me la mamaran. Ella sonrió y enterró su cabeza en mi entrepierna. Yo recogí las rodillas
y las separé al notar como me lamía el glande, limpio ya de espuma y luciendo su brillante
presencia sobre mis afeitadas, bañadas y masajeadas pelotas. Paula ignoró mi rabo otra vez
y descendió a mis pelotas, mordisqueándolas y acariciándolas con la lengua. Separó mis huevos
con su mentón y rozó insinuante con su nariz mi polla durísima, en ese momento. Yo sabía que
a ella no le gustaba en un principio chupármela, pero poco a poco le empezó a gustar ver la
gama de caras ridículas que yo podía llegar a mostrar cuando estimulaban mi miembro viril de
esa manera. Me succionó brutalmente la cabeza de la polla, hinchándola todavía mas. Las
venas en mi torre de carne estaban tan llenas que creí que explotarían. El masaje y la
estimulación habían sido tan efectivos que perdí el control de mi cuerpo. Comencé a embestir
con mis ingles la boca de Paula. Ella se apartó al ver que me corría. Tuve un milisegundo de
tiempo para sentirme frustrado y traicionado por que ella no siguió chupando entre el momento
en que ella se retiró y yo cogí mi rabo con las dos manos, como si fuera una herida abierta.
Mi falo hizo erupción, vomitando chorros de semen a una presión que yo no conocía mientras
mis manos abrazaban mi carne y la machacaban, provocándome un orgasmo devastador. Mi cuerpo
tembloroso se fue relajando mientras los potentes chorros de cremoso semen se convertían en
un goteo tierno y pesado. Cuando todo acabó, mis muslos, mi pecho y mi abdomen estaban
cubiertos de leche. El suelo y las toallas también habían tenido su ración. Paula dijo
"debería haber grabado esto en vídeo" y me dijo que me estuviera quieto que ella limpiaría.
Me limpió con dedicación. Me duché después y me dormí esa noche sin pensar en el trabajo
ni en el sueño que tendría al despertarme. Desde entonces, todos los domingos Paula se
ocupa del cuidado y mantenimiento de mis gónadas. Pero acordamos también que el lunes
sería el día del coño, que habría un día de la polla, del cabello, de las tetas... Por
eso me gustan los domingos.

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