Conocidas durante mucho tiempo bajo el nombre de dolencias
venéreas, las enfermedades de transmisión sexual agrupan
todos los procesos infecciosos que se transmiten a través de
las relaciones eróticas.
Las ETS están en constante progresión, sobre todo entre los
jóvenes menores de 25 años. Cada año, según la OMS, se producen
330 millones de casos nuevos de infecciones venéreas clasificadas
como curables, que son tratables con medicina moderna.
Las ETS se pueden clasificar en generaciones según su tratamiento
y agresividad. Así tenemos la de primera generación (sífilis,
granuloma inguinal, chancro blando...), las de segunda generación
(herpes, clamidias...) y las de tercera generación (Sida, papilomavirus,
citomegalovirus, hepatitis A y B...).
Cuesta creer que todavía haya personas para las que la enfermedad
venérea no es un simple término para designar una enfermedad
infecciosa que se transmite por vía sexual, sino que la consideran
un justo castigo para quienes se abandonan a un comportamiento inmoral.
La única diferencia que existe entre las ETS y otras infecciones
contagiosas es que las primeras se transmiten durante el acto sexual.
Ciertos gérmenes aprovechan las pequeñas fisuras en las mucosas que
tapizan la boca, los labios, el pene, la vagina, el ano y el recto
para colarse.
En principio cualquier persona puede contraer una ETS por la práctica
del sexo vaginal, oral o anal. No obstante, existen grupos de riesgo que,
por su comportamiento y grado de actividad sexual, tienen una mayor
probabilidad de adquirir y transmitir una enfermedad venérea:
-Hombres y mujeres homosexuales y bisexuales.
-Hombres y mujeres con parejas múltiples.
-Quienes ejercen la prostitución.
-Aquellos que frecuentan las prostitutas.
-Hombres y mujeres que tienen relaciones esporádicas o anónimas.
-Las personas que practican la sodomía.
-Quienes practican el turismo sexual.
-Hombres y mujeres que establecen con frecuencia relaciones en bares, discotecas, saunas...
-Los adolescentes.
-Los consumidores de drogas duras, como la heroína.
-Las mujeres que usan el DIU.
-Las personas con antecedentes de ATS.
Antes de nada, hay que señalar que los primeros signos de una
infección de origen sexual aparecen después del periodo de incubación.
Éste puede discurrir sin ningún signo exterior que permita sospechar
al enfermo que está contaminado y que puede propagar la infección en
sus relaciones íntimas.
La existencia de portadores asintomático, junto a un periodo de
incubación muda y contagiosa, explica porque los microbios sexuales
se propagan con tanta facilidad.
A continuación tenemos una serie de síntomas que se producen en la
mujer cuando esta infectada por alguna ETS:
-Picores en la región genital.
-Relaciones sexuales dolorosas.
-Vulva dolorosa.
-Flujo vaginal anormal.
-Escozor en la vagina.
-Molestias al orinar.
-Dolores lumbares y/o en el bajo vientre fuera de la regla.
-Hemorragias fuera del periodo de la menstruación.
-Inflamación de uno o varios ganglios en la zona de la ingle.
-Aparición sobre los órganos genitales de algún tipo de lesión: granos, verrugas...
-Picores en todo el cuerpo.
En el hombre las ETS son más fáciles de reconocer porque sus
genitales son externos:
-Derrame anormal de una secreción o flujo en la extremidad del pene.
-Sensación de ardor al orinar.
-Dolor durante el coito.
-Picores de mayor o menor intensidad en el miembro.
-Aparición de erupción, mancha, enrojecimiento u otra lesión en los órganos genitales.
-Inflamación de uno o varios ganglios en la ingle.
La ausencia de los síntomas no significa que no se padezca una ETS.
La realidad es que, cuando el aparato genital aparece tocado por
una enfermedad, existe una probabilidad del 90% de que la infección
se haya extendido a otras partes del cuerpo.
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