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Conoció
a Guillermo en mayo de 1999 durante una fiesta en Sevilla, en ocasión de
celebrarse "Expo Sevilla". "El príncipe Guillermo llegó con su comitiva
por su lado. Máxima, por el de ella, con amigas. Cuando empezó la música,
el príncipe clavó su mirada en Máxima... caminó, lento y emocionado, hasta
su mesa. Le tomó la mano y la arrastró, suave pero firme, hacia la pista.
La música los envolvió. Todo había comenzado". Al día siguiente, él partió
hacia Holanda y ella a su residencia del barrio Chelsea, en Manhattan, ciudad
donde trabaja en el Deutsche Bank aplicando sus conocimientos de licenciatura
en economía. Inmediatamente se iniciaron llamadas telefónicas entre ellos.
Dos semanas después, el príncipe se presentó en la casa de Máxima y desde
ese momento no se separaron más. Había viajado en un avión privado y ya
empezaban a planear un futuro juntos. "La velocidad fue la medida de su
intensidad": A apenas tres meses de conocerse, en julio del mismo año fue
presentada a su futura suegra, la reina Beatriz. "Estoy nerviosa" habría
confesado a una de sus amigas en Chelsea. En tanto que la reina habría quedado
"encantada con Máxima", señalando como reina que "Aprecio tus virtudes,
pero tu amor por Guillermo también debe reflejarse en el respeto al protocolo,
que establezco yo". Al día siguiente, el vocero del gobierno declararía
"Existe un vínculo entre el príncipe y Máxima Zorreguieta". Cuatro semanas
después fue el encuentro con los padres de ella, en Bariloche dejando a
los Zorreguieta con la boca abierta. La familia, que desde hace veinte años
suele vacacionar en esta localidad, eran propietarios de una cabaña (destruída
durante el último incendio) en el cerro Catedral; por eso en agosto optaron
por alquilar la cabaña de Clara Montpelat. Allí comieron todos juntos la
primera noche. Estaban sus padres, Jorge y María del Carmen, ya enterados
del noviazgo. Pero lo que siguió fue casi increíble: al final de la comida,
Máxima se puso de pie y explicó: "Ya saben que Guillermo Alejandro es mi
novio. Ahora los dos queremos que ustedes sepan que él es el príncipe heredero
de la corona holandesa". Su tía Inés quedó sorprendida; sus hermanos Martín,
Juan e Inés, desconcertados, pero todos, finalmente brindaron y expresaron
sus deseos de felicidad. En Bariloche, la pareja eligió esquiar, los únicos
extraños eran dos guardaespaldas, con órdenes de no vigilar al príncipe
durante esos paseos. Por las noches, las comidas se prolongaban por un largo
rato. Luego, cada uno marchaba a su dormitorio. El príncipe Guillermo se
hospedó en al cabaña junto a su novia y su familia, "pero durmió solo",
en una habitación de 2,50 por 1,50 metros. |