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«Era un compromiso cantado. Lo que sí me ha llamado la atención es que quien ha llevado las gestiones ha sido el mismísimo gobierno holandés. El presidente del gobierno fue quien obligó al padre de Máxima a aceptar sus condiciones, y a ella misma, la futura reina, a condenar el pasado de su padre públicamente. Segundo, a reconocer que su padre no puede asistir a la boda. Esto me parece un poco cruel porque, ¿qué culpa tienen los hijos del pasado de sus padres? Pero bueno... chapeau para el gobierno holandés que defiende la democracia hasta el último extremo. Ahora es el Parlamento el qu tiene la última palabra. Dicho esto, es lógico pensar que ya está todo cocinado, difícilmente el Parlamento desautorice la boda. Es cierto que la propia Máxima ha facilitado el camino al condenar la dictadura de Videla. No llegó a culpar a su padre, saliendo de esa difícil situación con malabarismo dialéctico, pero sí se refirió en términos críticos a ese período tan oscuro de la historia argentina. Viendo su primera aparición pública como futura reina, me quedó al sensación de que su verguenza y su dolor eran sinceros. Por último, estos días recordaba cómo a veces llueve sobre mojado y aquello de que segundas partse nunca fueron buenas. Hace unos 35 años, asistí, en Amsterdam, al casamiento de la hoy reina Beatriz con Klaus von Amsberg y aquella fue la boda más triste y polémica que he visto en mi vida. Por su pasado nazi, la gente lo repudiaba a él, y no es que le tiraran tomates. ¡Aquel día volaron hasta bicicletas! Y no exagero. En algunos tramos del recorrido en la carroza de oro de la reina Guillermina tuvieron que detenerse hasta media hora, porque la calle estaba bloqueada de bicicletas arrojadas por el pueblo. Cuando saludaron desde el balcón, también la pitada fue grande... por eso hablo de segundas partes, porque vemos cómo ahora se repite la historia de una boda conflictiva y políticamente incorrecta. Dicho esto, tengo que aclarar que en pocos meses me veo asistiendo a mi boda real número 44... Perdón, será la 45, ya que antes me tocará ir a la de Noruega. Sólo me queda decirles a Máxima y a Guillermo lo que decimos en España: ¡Enhorabuena!. Revista Gente 10 de abril de 2001
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"Otra
boda conflictiva para Holanda"
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