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En
el club de las 29 monarquías del mundo, solo una mujer, Victoria de Suecia
(22), podría llegar a ser reina. El resto, los reyes del futuro, tienen
el porvenir escrito. Todos ellos nacieron para reinar y se preparan a
lo largo de la vida para el momento en que deban ocupar el trono de su
país. En general, aceptan las rígidas normas de las casas reales para
darle continuidad al poder que durante siglos perteneció a sus familias.
Sin embargo, los príncipes están logrando quebrar la obligación de casarse
con mujeres de prosapia o de alcurnia cuasirreal. A disgusto de sus padres
o contraviniendo las normas de la corte, algunos herederos encuentran
el amor fuera del ámbito previsible. El año pasado un duque de Luxemburgo
se casó con una morena cubana, María Teresa Mestre; Carlos de Inglaterra
(50) mantiene su relación con Camilla Parker Bowles y desde hace nueve
meses Guilllermo Alejandro Orange Nassau (32), aspirante al trono holandés,
ha elegido a otra plebeya como novia oficial.
Esta historia de amor entre el heredero de la corona holandesa y la argentina
Máxima Zorreguieta (29) inquieta a la nobleza europea y enorgullece a
los argentinos. Desde principios de setiembre pasado, cuando este romance
se dio a conocer, las noticias van y vienen entre Buenos Aires, Amsterdam
y Nueva York. En los Países Bajos, la insistencia del príncipe heredero
en mantener su relación con la economista argentina provocó una seria
investigación sobre su vida y su familia. De inmediato se supo que era
la hija de Jorge Zorreguieta (72) y María del Carmen Cerruti Carricat,
educada en el Northlands de Olivos y con una maestría en economía. También
pudo saberse que su padre encabeza el Centro Azucarero Argentino y que
preside la fundación Vasco Argentina Juan de Garay; y que su madre pertenece
a una encumbrada familia de Pergamino.
Después de casi un año, la relación entre Máxima y Guillermo avanza hacia
nuevos estadíos: la novia del príncipe se muda de Nueva York a Bruselas
para estar más cerca y continuar con sus estudios para su próxima inserción
en la corte holandesa. Mientras tanto en Buenos Aires su familia mantiene
su rutina más allá de la agitación internacional que implica una boda
real. Con un firme pacto de silencio, los Zorreguieta cuidan las decisiones
íntimas de su hija mayor y empiezan a aceptar el haberse convertido en
figuras públicas. La pareja, que habita un departamento en el barrio de
Recoleta, no quiere hablar con la prensa pero permiten ser fotografiados
con naturalidad. Como todos los fines de semana, Jorge “Coqui”
Zorreguieta desayuna en el Club Universitario Buenos Aires, en la sede
del centro de la Capital y luego vuelve a su casa para dar un paseo en
bicicleta con María del Carmen. Hacen algunas compras en los supermercados
de la zona y a veces se recluyen en un campo de amigos camino a Luján.
Jorge y María del Carmen no dicen nada, pero su sonrisa imborrable muestra
el orgullo que sienten al ser los padres de la futura reina de Holanda.
Revista
Caras, 5 de abril de 2000 por Liliana Locicero fotos F.DE BARTOLO |
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