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Guillermo Alejandro es un príncipe deportista. Adora bucear en las Antillas Holandesas y esquiar en Lech, Austria. Cada año participa de la maratón de Nueva York. Pero su pasatiempo favorito es pilotear aviones, de cualquier clase, desde comerciales hasta militares. Para alcanzar las horas exigidas para conservar su licencia, de vez en cuando, y sin que nadie se entere, pilotea en persona aviones de la línea KLM. |
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A pesar de que su imagen no responde a la del típico play boy -es más bien regordete y no usa ropa de marca-, el príncipe ya tuvo varias novias. "Es muy enamoradizo", afirman en su país. La holandesa Jolande Adiraanse fue una de sus primeras conquistas, al menos entre las que alcanzaron la luz pública. Pero la joven no pudo soportar el asedio de la prensa y la relación llegó a su fin. Sin embargo, ella fue la única que pasó unas vacaciones junto a Guillermo, esquiando en Lech, en compañía de la reina. El último romance del príncipe se llamó Emily Bremers. Estuvieron juntos dos años, era una abogada holandesa que trabajaba en el departamento jurídico de KLM. Jamás fue reconocida como novia oficial. Emily era hija de un dentista que mudó su consultorio a Bélgica para evadir impuestos en Holanda. "El pueblo la adoraba", cuentan en Holanda. No así la reina Beatriz. Hoy Emily mantiene una relación con un barón, el título de nobleza de más baja jerarquía. No se rige por las leyes de la herencia sino que requiere dinero para adquirirlo. Y por último, Máxima, es decir, el amor. Dicen que Guillermo no puede vivir sin ella. Que siempre se esforzaba por sorprenderla con visitas relámpago a Nueva York. A mediados de 1999 él mismo piloteó el avión de su gobierno hasta los Estados Unidos sólo para verla
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