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El
viernes 10 de septiembre de 1999 no fue un día más en la agenda de Máxima
Zorreguieta. Ese día, como todos, la argentina entró a trabajar en el Deutsche
Bank -de la Sexta Avenida y la calle 52- a las 7,30 de la mañana y se retiró
a las cinco de la tarde en punto. Pero no fue derecho a su casa. Esa tarde
fue en busca de su novio, el príncipe Guillermo Alejandro, que con tal de
verla hizo dos conexiones de avión para llegar a destino. El príncipe embarcó
en Amsterdam en un avión de la realeza hasta Londres, donde tomó el Concorde
de British Airways para aterrizar en el aeropuerto Johan F. Kennedy de Nueva
York a las 5,40 de la tarde. La pareja se reencontró después de un mes sin
verse. Su última salida juntos había sido un romántico fin de semana en
un crucero por el Mediterráneo. Esta vez, el encuentro en Manhattan fue
más misterioso. En el aeropuerto, el príncipe subió a una limousine y se
perdió en la ciudad. Máxima salió del banco, con rumbo desconocido. |