| Paralelo histórico | ||||||
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Todo tendrá como epicentro la plaza Dam de esta ciudad, el mismo escenario donde se casó la reina Beatriz y donde -el día de su boda- estallaron gases lacrimógenos y disturbios en protesta por su unión con un ex soldado del ejército nazi que invadió Holanda durante la Segunda Guerra Mundial. Hoy, 35 años después, Claus es una de las figuras más queridas de la corona. No faltan quienes, con enormes matices, trazan paralelos entre su caso y el de Máxima , que tuvo que sortear un conflicto político por el pasado de su padre como ex funcionario del gobierno militar. Y hoy, sin embargo, la "maximanía" ganó a los holandeses. Pese a que se considera altamente improbable, hay quienes cruzan los dedos para que no haya disturbios. Todo está organizado para que sea una gran fiesta. Hay planes para remover todos los carteles publicitarios de la antigua plaza y cubrirla con cintas y paños blancos. Desde el balcón de la plaza, a su derecha, ese día Máxima verá otro símbolo del paso que acaba de dar: la sede del museo de cera Tussaud, donde ya se ganó un lugar entre las réplicas de los Orange. La familia ocupa el trono desde hace dos siglos y es -además- una de las más ricas del mundo. Al igual que en el casamiento del heredero noruego Haakon Magnus, los festejos tomarán tres días. El primero para una fiesta privada de los amigos de la pareja real. Y el segundo, para una celebración con el pueblo holandés en el estadio del Ajax. El tercer día será el del casamiento. Primero civil, que es el único obligatorio en Holanda y el que convertirá a Máxima en princesa. Será en el famoso edificio Beus van Berlage, monumento de la arquitectura moderna. Luego, la bendición en la Nieuwe Kerk (Iglesia Nueva), que data del 1600. Allí ambos se arrodillarán sobre los mismos almohadones de seda blanca que hace un siglo -en 1901- usaron la reina Guillermina y el príncipe Enrique. Las piezas, bordadas a mano, fueron puestas a nuevo, naturalmente. Pese a que los novios tienen diferentes religiones -Guillermo Alejandro es protestante y Máxima, católica- la ceremonia no será ecuménica sino sólo bajo el primer rito, el de los Orange. El mismo en el que la futura princesa se comprometió a educar los hijos que nazcan de la pareja. A la salida del templo vendrá el paseo en la carroza real por las calles de Amsterdam. En el recorrido pasarán por varios restaurantes argentinos que, pese a que en mayoría ya no son regentados por ciudadanos de nuestro país, están pensando modos de hacerse oír. "Queremos agasajar a Máxima en su día", se dijo en uno de ellos. Luego será el saludo desde el balcón del palacio real, un edificio del gótico flamígero con un fantástico campanario sobre la fachada. Allí también se asomarán familiares de los novios aunque, en el caso de la argentina, no estarán sus padres, Jorge Zorreguieta -por pedido del gobierno holandés- y María del Carmen Cerruti, por decisión propia. Ambas ausencias, fruto de una negociación política, serán, seguramente, la única nota de pena para la novia. Por la tarde, a las 18.30, comenzará la gran fiesta en el mismo palacio. Y, entre todos los secretos, el mejor guardado es -hasta ahora y naturalmente- el destino elegido para el viaje de bodas. Diario La Nacion, 13 de diciembre de 2001, Por Silvia Pisani |
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